EVALUACIÓN ELECTORAL 2026.
Héctor
Béjar.
PERÚ
VOTA CON EL ESTÓMAGO VACÍO Y LA CABEZA SITIADA
El
Perú no vota “mal”. El Perú vota como vive.
Y
lo que vive —aunque incomode a los opinólogos de televisión— es un país
fracturado, precarizado y cansado de que lo gobiernen como si fuera una hoja de
Excel… o un botín.
En
2026, con 35 candidatos y ninguno capaz de entusiasmar siquiera a una quinta
parte del país, el mensaje es brutal: no hay representación, hay sobrevivencia
electoral. La primera vuelta no ha sido una fiesta democrática, ha sido una
feria de desconfianzas. Y ahí están, otra vez, los mismos fantasmas
disputándose el poder: Keiko Fujimori encabezando con voto duro, Rafael López
Aliaga cabalgando el miedo, intentando recoger los pedazos de un país que no se
resigna a seguir siendo colonia interna. Pero cuidado: esto no es una pelea de
candidatos. Es una pelea de país.
LA
GRAN MENTIRA: “EL PERÚ GIRA A LA DERECHA”
No.
El Perú no gira a la derecha. El Perú oscila como un péndulo enfermo porque
nadie resuelve lo esencial.
•
2001: caída del fujimorismo → ilusión democrática
•
2006: miedo al cambio → retorno conservador
•
2011: promesa nacionalista → giro popular
•
2016: restauración tecnocrática → continuidad neoliberal
•
2021: rebelión rural → irrupción plebeya
•
2026: fragmentación total → crisis de representación
¿CONCLUSIÓN?
NO HAY HEGEMONÍA. HAY EMPATE HISTÓRICO.
Un
empate entre un país que exige dignidad y otro que exige orden. Entre el hambre
y el miedo. Entre el abandono y la represión.
EL
DATO QUE NO QUIEREN QUE MIRES
Mientras
los candidatos gritan “seguridad” y “mano dura”, el Perú real sigue funcionando
así: Más del 70% de la economía es informal, casi 3 de cada 10 peruanos son
pobres, en el mundo rural, la informalidad roza el 85%, esto no es una
estadística, es una sentencia,
LA
MAYORÍA DEL PAÍS VIVE FUERA DEL ESTADO, PERO VOTA DENTRO DE ÉL.
Y
entonces ocurre lo inevitable: el voto deja de ser ideológico y se vuelve
existencial, el que vive del día a día, vota por quien le prometa sobrevivir
mañana, el que teme perder lo poco que tiene vota por quien le prometa orden
hoy, eso explica por qué el mismo pueblo puede votar por un maestro rural un
año… y por un candidato de mano dura al siguiente.; no es incoherencia. ES
LUCHA DE CLASES SIN CONCIENCIA ORGANIZADA.
DERECHA:
EL NEGOCIO DEL MIEDO
La
derecha —en todas sus versiones— ha entendido algo mejor que nadie: el miedo es
más rentable que la esperanza, por eso la campaña no habló de desarrollo, ni de
modelo económico, ni de redistribución, habló de crimen, de caos, de castigo, y
claro, en un país donde te pueden extorsionar por trabajar, la promesa de
“orden” suena tentadora… aunque venga envuelta en autoritarismo.
PERO
AQUÍ ESTÁ LA TRAMPA: OFRECEN MANO DURA SIN TOCAR LAS CAUSAS DEL DESORDEN. No
dicen nada de economía ilegal, desigualdad territorial, abandono estatal,
informalidad estructural, es decir, ofrecen apagar el incendio… sin dejar de
echar gasolina.
IZQUIERDA:
VERDAD SIN PODER
La
izquierda, por su parte, sigue diciendo verdades incómodas, que el modelo
excluye, que el país está fracturado y que la riqueza no se redistribuye
Pero
no logra convertir esas verdades en hegemonía política.
¿Por
qué? Porque llega tarde, dividida, sin estructura territorial sólida en todos
los niveles, y muchas veces desconectada del miedo cotidiano de la gente,
Mientras la derecha grita “te van a robar”, la izquierda responde “cambiemos la
Constitución”, uno habla al instinto, el otro, a la razón y en un país en
crisis… gana el instinto.
El
Perú profundo no es de izquierda ni de derecha, es otra cosa.
Es
un Perú desconfiado del Estado, golpeado por la pobreza, atravesado por racismo
y centralismo y acostumbrado a sobrevivir sin nadie. Ese Perú vota, pero no
cree, participa, pero no se siente representado, elige, pero no se siente
parte, por eso cada elección parece una ruleta rusa.
LA
VERDAD INCÓMODA
El
problema del Perú no es Keiko. No es López Aliaga.
El
problema es que EL MODELO NECESITA POBRES, PERO LOS POBRES YA NO QUIEREN SEGUIR
SIÉNDOLO, y cuando esa contradicción no se resuelve… explota políticamente.
A
veces como protesta, a veces como castigo y a veces como miedo organizado.
¿Y
AHORA QUÉ?
Si
en la segunda vuelta pasan dos derechas, no será porque el país “eligió eso
libremente”.
Será
porque la izquierda no logró construir alternativa sólida, el sistema bloqueó
cambios estructurales y el miedo ganó la batalla cultural.
Pero
ojo, eso no resuelve nada, solo posterga el conflicto.
Porque
el Perú real —el que no sale en la televisión— sigue ahí, trabajando en
informalidad, viviendo al límite, esperando algo más que promesas.
EL
VOTO COMO SÍNTOMA
El
voto peruano no es la causa de la crisis, es su síntoma.
Y
MIENTRAS NO SE TRANSFORME LA BASE MATERIAL DEL PAÍS —LA DESIGUALDAD, LA
INFORMALIDAD, EL CENTRALISMO, LA EXCLUSIÓN— SEGUIREMOS EN LO MISMO:
UN
PAÍS QUE VOTA CADA CINCO AÑOS… PERO NO DECIDE NUNCA SU DESTINO".
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