domingo, 19 de abril de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO 2026: CANDIDATOS VICEPRESIDENCIALES

 BRÍGIDA CURO

ANTE LOS EMBATES DEL CLASISMO Y EL RACISMO

Por Nury García* 17/04/2026

 “Cuando se es mujer, y del sur, comunera, agricultora, indígena, el castigo es más rápido, más duro y más cargado de desprecio. Pero esto no es solo respecto a Brígida Curo, es sobre quiénes podemos entrar a la política sin ser consideradas intrusas porque no cumplimos cierto “perfil social””.

17 de abril, 2026.- Los calificativos que se hacen sobre Brígida Curo, segunda vicepresidenta de R. Sánchez refleja un profundo clasismo y racismo. Allí no vemos una discusión sobre la preparación que se debiera tener para cargos tan altos sino la selectiva reacción de una candidata o candidato del mundo rural o popular, sin estudios “superiores”: “¿Cómo va a gobernar a alguien así?”. Es decir: “gente como ella no deberían estar ahí!”.

Para muchos, salirse de “su” lugar justifica las burlas por su nivel educativo, sospechas por sus ingresos, desprecio por venir de regiones como Puno, por no hablar como se esperaría, por no haberse “blanqueado” con los diplomas de rigor.

Esa es la cuestión de fondo, que cuando aparece alguien con una trayectoria fuera de los circuitos tradicionales, el debate deja de centrarse en su capacidad real y se desplaza hacia su “nivel”. Eso no es una crítica política, es la muestra de una política degrada.

Una cosa es esperar cierta preparación, experiencia, capacidad de gestión, conocimiento del Estado; otra cosa es que ello sea un filtro social en que el título vale más que la trayectoria, el lenguaje pesa más que la experiencia, el origen define la supuesta capacidad.

De ese modo, ya no se evalúa quién puede gobernar sino quién merece hacerlo. Y tal “merecimiento” sigue orientando y perpetuando jerarquías muy claras, como lo urbano sobre lo rural, Lima sobre regiones, una élite “formada” sobre el mundo popular. Entonces, no es casual que se tolere más a “políticos” con estudios, pero incompetentes o corruptos y miserables

Además, cuando se es mujer, y del sur, comunera, agricultora, indígena, el castigo es más rápido, más duro y más cargado de desprecio. Pero esto no es solo respecto a Brígida Curo, es sobre quiénes podemos entrar a la política sin ser consideradas intrusas porque no cumplimos cierto “perfil social”.

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Nury García es socióloga, educadora popular, marxista defensora de la comunidad.

¿SOLO LOS INSTRUIDOS?

Eland Vera

Es muy positivo que se discuta si las personas sin instrucción profesional, de procedencia rural, de status social bajo o de identidad indígena, merezcan acceder a funciones de representación política. Y es que, se pone en debate el núcleo de la representación y nuestra capacidad para respetar e interpelarnos ante el otro.

Se afirma que los ciudadanos deben "estar preparados" para gobernar. E inmediatamente asociamos preparación a instrucción profesional. Evidentemente, es una parte de la preparación, pero a mi juicio, hay factores superiores al título universitario. Como la capacidad de dirigir/liderar voluntades, como la velocidad de reacción ante la incertidumbre, como la inteligencia para elegir alternativas, como el sentido ético de las funciones, como la capacidad de escuchar y aprender del humilde y el sabio, como la capacidad de trabajo sin desmayo, como la astucia en las decisiones. Y las dos capacidades que más valoro: ser más para servir mejor, y trabajar por desterrar la injusticia.

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 NOS PREFIEREN CHOROS, NO CHOLOS.

Por: Chola soy

Hay algo que no estamos queriendo admitir.

Cuando una mujer andina, quechua, campesina, indígena (como Brígida Curo) decide entrar a la política, se rompen varios esquemas al mismo tiempo, de quién “debería” gobernar, de cómo “debería” verse el poder y de quiénes han tenido siempre la palabra.

No es que sorprenda una candidatura. Lo que incomoda es quién la encarna.

Brígida Curo, ni muchas de nosotras respondemos a ese molde tradicional.

Durante años hemos visto pasar autoridades con discursos técnicos, hojas de vida impecables y trayectorias que parecían incuestionables. Y aun así, eso nunca generó la misma duda o cuestionamiento como ahora.

Entonces, ¿qué es lo que realmente está en discusión?.

He visto demasiados comentarios intentando bajarle el peso a la candidatura de Brígida Curo. Que si no tiene estudios superiores, que si “no da la imagen”, que "cómo alguien así va a representar al país". ¿Alguien así cómo?.

Porque cuando una persona es blanco, de ciudad, con título universitario, nadie cuestiona si “se ve” como autoridad. Nadie duda si pertenece a ese espacio. Pero cuando es una mujer y es indígena, quechua, campesina, marrona, ahí sí aparecen todos los filtros.

Y lo más evidente: la vara no es la misma para todos.

Ahí tienen a Rafael López Aliaga soltando frases con contenido sexual, comentarios racistas y clasistas… y el nivel de indignación no es ni de cerca el mismo. No se le cuestiona si “representa bien” al país por cómo habla o por lo que dice. No se pone en duda su lugar en la política.

Pero a Brígida Curo y a las mujeres indígenas, andinas, quechuas y campesinas, sí.

Se nos mide por nuestro origen, nuestro acento, nuestra apariencia, por no haber pasado por los espacios que históricamente han sido privilegio de unos pocos y lo disfrazan de “exigencia”, de “preparación”, de “nivel”.

No necesitamos normalizar nuestra presencia. Nuestra presencia ya es legítima.

Este país ha tenido de sobra políticos con maestrías, doctorados y apellidos reconocidos… y eso no evitó corrupción, racismo, clasismo, abuso de poder.

Entonces no, no es un tema de títulos.

Es cómo nos ven.

De dónde venimos.

Qué idioma hablamos.

Es racismo.

Es clasismo.

Y mientras no se diga así de claro, se va a seguir repitiendo lo mismo: cholear, terrukear, excluir, minimizar y ridiculizar a quienes no encajamos en ese molde tradicional de poder.

Una mujer indígena, quechua, aymara, campesina en política no “debería sorprender”.

Lo que debería incomodar e indignar es que, en pleno siglo XXI, todavía haya quienes miran con extrañeza que ocupemos espacios que siempre nos han pertenecido tanto como a cualquiera.

Todavía hay quienes nos relacionan con el delito antes que con el poder.

Porque claro, nos prefieren choros, no cholos. <>

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𝐏𝐑𝐎𝐍𝐔𝐍𝐂𝐈𝐀𝐌𝐈𝐄𝐍𝐓𝐎 𝐈𝐍𝐒𝐓𝐈𝐓𝐔𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋

𝐄𝐋 𝐑𝐀𝐂𝐈𝐒𝐌𝐎 𝐍𝐎 𝐄𝐒 𝐎𝐏𝐈𝐍𝐈Ó𝐍: 𝐄𝐒 𝐔𝐍 𝐃𝐄𝐋𝐈𝐓𝐎 𝐘 𝐔𝐍𝐀 𝐇𝐄𝐑𝐈𝐃𝐀 𝐇𝐈𝐒𝐓Ó𝐑𝐈𝐂𝐀

𝐋𝐎𝐒 𝐇𝐄𝐂𝐇𝐎𝐒

Entre el 15 de abril de 2026, en el contexto de las Elecciones Generales del Perú, el streamer Cristopher Puente Viena ("Cristorata"), con cerca de 700 mil seguidores, lanzó en vivo ataques racistas y discriminatorios contra la población de Puno, Cusco y Ayacucho. Sus expresiones incluyeron términos como "serranos de mi***a", "andinos burros", "por la altura no les llega el oxígeno al cerebro", además de la amenaza de enviar una bomba contra nuestros pueblos y el anuncio de que dejaría de consumir mote y cuy como expresión de desprecio hacia nuestra cultura.

En ese mismo contexto digital, Jorge Alexander Quispe ("Bebote" / "Esbebote"), también con presencia masiva en redes, emitió comentarios calificados como racistas y discriminatorios hacia los votantes de las regiones andinas. Estos hechos no son aislados: en redes sociales circularon durante esos días múltiples expresiones de odio contra la población andina del sur del país por parte de otros usuarios y creadores de contenido, evidenciando un patrón de racismo estructural que se activa cada vez que el voto del sur andino incomoda a ciertos sectores.

𝐍𝐔𝐄𝐒𝐓𝐑𝐀 𝐏𝐎𝐒𝐈𝐂𝐈Ó𝐍

Desde IDECA rechazamos de manera categórica e irrevocable estos actos de racismo y discriminación. Lo que ocurrió no es crítica política ni ejercicio de la libertad de expresión: es discriminación racial agravada, tipificada como delito en el Artículo 323 del Código Penal peruano, con penas de hasta cuatro años cuando se usan plataformas digitales o medios masivos. Lo respaldan también el Convenio 169 de la OIT, la Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y el artículo 2, inciso 2 de nuestra Constitución.

Las disculpas públicas no extinguen la responsabilidad penal. No son suficientes.

Las poblaciones quechuas, aymaras y uros no somos ciudadanía de segunda. Nuestro voto, nuestra lengua, nuestra alimentación, nuestra cosmovisión y nuestra identidad no son motivo de vergüenza ni de burla. Son la memoria viva de este país. Insultarnos por cómo votamos o por lo que somos reproduce siglos de colonialismo. No lo vamos a normalizar.

𝐋𝐎 𝐐𝐔𝐄 𝐄𝐗𝐈𝐆𝐈𝐌𝐎𝐒

Exigimos a la Fiscalía Penal Especializada en Derechos Humanos acumular todas las denuncias presentadas, investigar a todos los involucrados —incluyendo a Jorge Alexander Quispe ("Bebote")— e identificar a quienes emitieron expresiones similares en redes, hasta alcanzar una sentencia condenatoria que siente precedente.

Exigimos a la Defensoría del Pueblo pronunciarse de manera urgente y específica sobre estos hechos, y convocar al Comité Nacional de Lucha Contra el Racismo y toda Forma de Discriminación. Su silencio hasta hoy resulta inaceptable.

Exigimos al Congreso de la República legislar con urgencia sobre discursos de odio en plataformas digitales, estableciendo responsabilidades claras para creadores de contenido con audiencias masivas.

Exigimos a las plataformas digitales —Kick, YouTube, TikTok y otras— aplicar mecanismos efectivos de moderación y sanción del contenido racista en español, con sensibilidad hacia las realidades andinas e indígenas.

Exigimos al Estado peruano garantizar políticas públicas de reparación simbólica y valorización de las identidades y culturas de los pueblos originarios.

𝐀 𝐋𝐀𝐒 𝐂𝐎𝐌𝐔𝐍𝐈𝐃𝐀𝐃𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐏𝐔𝐍𝐎 𝐘 𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐔𝐑 𝐀𝐍𝐃𝐈𝐍𝐎

A nuestros hermanos y hermanas quechuas, aymaras y uros, y a todos los pueblos del sur andino: no estamos solos. Lo que se vivió no fue un simple insulto en internet, fue racismo. Un racismo que sigue presente entre nosotros y que no podemos seguir ignorando.

Nuestro voto, nuestras lenguas, nuestras montañas y nuestros lagos son parte de lo que somos como país. Señalar el racismo, decir quién lo ejerce y hacernos responsables como sociedad, es necesario para que no se repita.

¡𝐉𝐚𝐥𝐥𝐚𝐥𝐥𝐚 𝐏𝐮𝐧𝐨!

¡𝐊𝐚𝐮𝐬𝐚𝐜𝐡𝐮𝐧 𝐏𝐮𝐧𝐨!

¡𝐏𝐮𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚!

¡𝐁𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐫𝐚𝐜𝐢𝐬𝐦𝐨!

Instituto de Estudios de las Culturas Andinas — IDECA Puno, Perú

18 de abril de 2026

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