martes, 4 de marzo de 2014

DISCURSO EN HOMENAJE A MARCO ZAMBRANO POMAREDA

Señor Presidente y miembros del Consejo Directivo, queridos consocios, Marco y digna esposa, Señoras y señores:
 
Muy buenas noches tengan todos los presentes. Hoy 3 de marzo de 2014 nos encontramos reunidos para dar curso a un homenaje de reconocimiento al distinguido y muy querido asociado Marco Zambrano Pomareda. Y felizmente lo hacemos cara a cara, sin las veleidades de los homenajes póstumos y sin falsos halagos protocolares.
Imposible es disimular la emoción que nos produce esta selecta y numerosa asamblea, reunida para testimoniar su homenaje a nuestro asociado, que significa en esencia el deseo unánime de directivos y asociados de Brisas del Titicaca de recompensar a nuestro co-asociado y común amigo, todo lo que hasta ahora ha hecho por esta institución y por la cultura puneña, en la viva esperanza de que lo siga haciendo.
Por ello, resulta un señalado honor para quien les habla, tratar de interpretar el sentimiento asociativo común que ha sabido inspirar una persona que mediante su invariable sincera amistad y mediante la entrega constante y desprendida de su arte e identificación con nuestra entidad, nos ha demostrado ser un hombre cabal, inteligente, y artista puneñista muy sensible. En fin, alguien que se ha hecho acreedor merecido del cariño y estimación de todos.
Marco Zambrano Pomareda nació hace 69 años un 21 de octubre de 1945, aquí en Lima. Hijo del matrimonio entre Juan de Dios Zambrano Gallegos y Rosa Pomareda Ballón, ambos naturales de Pizac, Cusco. Casó en 1973 con doña Ana María Duran Blanco, natural de Pisco, con quien tuvo a sus hijos Rosa Elena y César Augusto Zambrano Duran.
Todavía niño de pecho fue a radicar a Moquegua a donde recaló su señor padre por razones de trabajo. En esa ciudad estudió en la Escuela Pre-vocacional Rafael Díaz y luego en la Gran Unidad Escolar Simón Bolívar.
Al término de sus estudios secundarios ingresó en 1966 a la Escuela Superior de Bellas Artes con sede en la capital de la República. Egresó en 1971 junto a sus 50 condiscípulos.
Por cuatro años ejerció la docencia en la Escuela Regional de Bellas Artes de Ica. Al término de ese tiempo fue a radicar a Moquegua para estar cerca de sus padres. Allí empleó su arte gráfico en el Proyecto Cuajone y en la Southtern Perú Corporation, laborando en este último caso durante seis años en los talleres gráficos de la empresa.
Desde 1982 pasa a radicar en Tacna, en la que, desde su ingreso a la filial tacneña del Instituto Nacional de Cultura, desarrolla intensa vida artística y cultural, formando parte de un círculo de intelectuales entre los que estaban los historiadores Cavagnaro y Livio Gómez, el poeta Gambetta y el sociólogo Grover Pango más tarde Ministro de Educación.
Marco tuvo la grata experiencia de haber organizado el exitoso Festival de la Rayma (o recojo) de aceituna en 1984. Organizó también un concurso de Peñas Criollas de Tacna, que se cumplió con gran suceso.
Fue Presidente de la comisión organizadora de la Escuela de Bellas Artes de Tacna y su primer Director desde su funcionamiento en 1990.
En 1991 pasa a radicar en Lima, ingresando a laborar en el Instituto Nacional de Estadística. Después de 23 años de trabajo ocupa en la actualidad el cargo de Director de la Oficina de Edición Audiovisual y Gráfica.
Durante todo ese tiempo y en paralelo, cumple en Lima nutrida labor artística como pintor, realizando muchas exposiciones tanto en forma individual como colectiva.
Entre las muestras públicas de su arte pictórico debe decirse que en 1968, 1969 y 1970 realiza exposiciones colectivas de la mano con los estudiantes de Bellas Artes de Lima. A los tres años en 1971 expone en la Universidad Nacional de Ingeniería. Desde ese año hasta 1979 participa en diversas exposiciones tanto individuales como colectivas en Lima, Ica Chincha, Moquegua Ilo y Tacna. Ya en Lima, en los años 1991 y siguientes, expone en los clubs departamentales de Tacna y Moquegua, Banco de Comercio y en la Asociación de clubs Departamentales del Perú y ACDP.
En Brisas del Titicaca ha sido co-expositor en varias ocasiones. En 2010 realiza una muy comentada exposición individual mostrando dieciséis oleos y acuarelas sobre paisajes urbanos y campestres de Pomata.

A partir del año 2000 empezó a frecuentar nuestro local institucional juntamente con el asociado de entonces Adolfo Huirse quien también laboraba en el INEI. Ingresó como asociado durante la presidencia de Helbert Rondón. Desde entonces a la fecha ha demostrado su admiración y cariño por Brisas, lo que se tradujo en su presteza permanente para brindar su franca colaboración cuantas veces le fue solicitada, en acciones que signifiquen el progreso de la asociación.
La otra faceta destacada de su personalidad es la de músico como guitarrista y cantor. Originalmente integró activamente la Peña Naranja promovida por personal que pertenecía a la compañía de aviación Faucett y que tenía como local el Centro Musical Villa de los Libertadores de Pueblo Libre. Ese fue la matriz de donde salió el Trio Naranja que Marco conformó con Zacarías Zapata y Atilio Scotto, conjunto conocido en canales de Televisión y centros musicales de Lima ligados a la música criolla y romántica.
Su fuerte pero bien cultivada voz ha llevado alegría a diversos escenarios y a acontecimientos sociales públicos y privados. En esas actuaciones sabía derrochar la afabilidad y bonhomía que adornan su personalidad.
Sabemos que en estos últimos tiempos Marco lidia todos los días con los quebrantos que han sobrevenido en su salud. A pesar de ello, afortunadamente hoy contamos con su presencia, lo cual nos permite decirle de frente que los asociados de Brisas del Titicaca estamos muy preocupados por su salud y que lo que más deseamos es que logre superar ese bache inevitable e indeseable que se ha presentado en el transcurso de su fructífera vida.
No es fácil expresar toda la enorme satisfacción que sentimos al verlo aquí junto con todos nosotros, pero nos ayuda el hecho de que ésta es una muy buena ocasión para expresarle, toda la especial consideración y estima personal que le tenemos, por su don de gentes y por sus virtudes y habilidades, por ser una persona agradable, dedicada y noble. Estamos orgullosos de conocerlo y ser –en alguna forma- parte de su vida.
Sabemos que está luchando duro por recuperar su bienestar sicofísico que desmejoró por la inevitable fragilidad de la salud que a todos nos afecta tarde o temprano en el transcurso de nuestras vidas. Pero vemos que se está levantando, sobreponiéndose con optimismo al momento adverso que le ha tocado vivir.
Hacemos fervientes votos para que en esa ardua lucha le vaya bien, y tenemos fe en que vencerá, pues tiene el tesón y la capacidad moral para salir adelante.
Nuestro común anhelo es que vengan para él muchos años más, llenos de alegría y felicidad junto a sus seres queridos. De paso, podrá seguir dando lo mejor de sí, y seguir siendo el destacado asociado, el amigo leal, respetuoso y querendón que todos conocemos, especialmente de quienes hemos tenido el privilegio de su amistad.
Permítanme decirle ahora, públicamente a Marco Zambrano de manera muy especial, que allí en el Bar de Asociados nos está haciendo mucha falta su presencia llena de sinceridad, su respeto y aprecio, su alegría, su voz cantarina, su destreza en el juego de billar.
Finalmente, quiero dejar el testimonio de mi agradecimiento al Consejo Directivo y a la vocalía de Cultura, por haberme dispensado el honor de hacer uso de la palabra en este acto.
Muchas gracias.
GUILLERMO VÁSQUEZ CUENTAS 

 

 

domingo, 2 de marzo de 2014

Articulo mio en Los Andes

¿VERDE POR AZUL?
Escribe: Guillermo Vásquez Cuentas. Los Andes 2MAR14
Desde de la milenaria llegada a la meseta de los primeros hombres antepasados de uros, pucaras, aimaras, desde la expansión cultural tiahuanacota, desde la irrupción violenta de las hordas que subieron desde Atacama, desde que los j'akkes formaron los pueblos colla, lupaca, pacaje, omasuyo y otros; desde que los incas lo identificaron como su paccarina, el lugar donde emergieron al mundo, desde mucho antes de todos esos hitos históricos, el Lago Titicaca mostraba ya –hace millones de años– sus límpidas aguas predominantemente azules al cielo del continente.
Diego de Agüero, el primer europeo en llegar a estas tierras, debió quedar absorto en aquel 1533, al contemplar desde las alturas de Amantani la serena y azul inmensidad de la "gran laguna".
Muchos de los cronistas de la invasión española, viajeros, funcionarios coloniales, personalidades y científicos venidos de todas partes, han descrito en diferentes épocas y en muy diversas formas el singular paisaje lacustre. Son muchos también los poetas, pintores y músicos que tuvieron en el lago azul su fuente predilecta de inspiración. Basta examinar la abundante producción intelectual y artística de los puneños para confirmarlo.
Puno, lago y azul, están indisolublemente unidos. Este color ha llegado a ser componente principal de la simbología que se usa –particularmente pero no exclusivamente en la capital del departamento– para distinguir y expresar la identidad puneña. Escudos, banderas, uniformes deportivos, insignias y en general, todo objeto o artefacto a través del cual se busque afirmar tal identidad, usan obligadamente el azul.
Incluso, se advierte que ese subyacente propósito identificatorio rebasa los lindes regionales puesto que, en ciudades del entorno geográfico y aún en la capital de la República, instituciones representativas conformadas por migrantes de Puno y sus provincias, equipos de fútbol, básquet o vóley y otros deportes que esgrimen prosapia altiplánica, establecimientos comerciales como tiendas y restaurantes de propiedad de puneños o sus descendientes rinden, todos, pleitesía al color azul. Los ejemplos abundan.
En Puno capital, parece haberse perdido correspondencia o coherencia fáctica con el empleo alegórico y distintivo del azul, ya que éste ha sido desplazado desde hace décadas por el color verde en gran parte de la llamada “Bahía Interior”, sobre todo en la parte más cercana al casco urbano. Todos, propios y extraños, podemos advertir fácilmente que una espesa capa vegetal verde claro viene cubriendo la bahía y se expande y desenvuelve agresivamente, al punto que mató ya a la que alguna vez fue una rica fauna y flora lacustre. El azul disminuye cada vez más mientras el verde avanza alojando en su maloliente superficie, desperdicios, basura, desechos de todo tipo.
¿Estará próximo, entonces, el cambio del azul por el verde en la simbología distintiva puneña?
Resulta increíble que el gravísimo problema de la contaminación del Titikaka, particularmente de la Bahía Interior de Puno, no haya sido acometido con decisiones firmes e irreversibles por los gobiernos de distinto nivel y época. Y resulta asimismo increíble que el pueblo puneño se haya acostumbrado a la adopción de una actitud contemplativa y resignada frente al que debiera haber generado cuando menos la protesta permanente de los indignados.
En efecto, la permanencia de dicho problema dice muy mal de los puneños –entre los que, naturalmente, nos incluimos–, porque no han podido concretar en los hechos una lucha política y una acción política dirigidas a solucionar de una vez por todas el crimen ecológico que se perpetra cotidianamente.
Pese a que en este tema se ha insumido toneladas de papel en “estudios”, proyectos, ensayos, artículos, etc. y gastado mucha saliva en foros, mesas redondas, conversatorios, conferencias, ruedas de prensa y eventos similares, la situación problemática sigue inmodificada y progresivamente agravada bajo el manto de las buenas –e hipócritas– intenciones.
Es indignante que se siga soslayando y postergando año tras año, gobierno tras gobierno, una intervención oportuna y drástica en el asunto de la contaminación lacustre, que se agrava día a día ante la mirada miope (porque solo miran hasta el malecón), daltónica (porque ven azul donde hay verde) e indolente (porque les importa poco el problema número 1 de Puno) de una tecnoburocracia regional que evidencia no haberse planteado seriamente la necesidad de buscar y lograr soluciones definitivas, reales, efectivas. No se hace nada significativo y la “mecida” es moneda corriente. ¿Hasta cuándo?
¿Tendremos que terminar –los puneños, los peruanos, los amantes de la vida natural– por admitir la pérdida irreparable del hermoso azul del lago Titikaka? ¿Dónde están las organizaciones populares, expertas en solo criticar y  entretenidas ahora en cubiliteos para acceder al poder regional o municipal?.
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