César Hildebrandt
En
HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 779 24SEP26
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N |
o tenemos Congreso
porque los okupas de la política lo invadieron y dieron las leyes pro crimen y
las leyes del lobismo a tanto el párrafo y las leyes que perforaron el
equilibrio fiscal. Rospigliosi no preside el Congreso: regenta un prostíbulo.
No tenemos Tribunal
Constitucional ni Junta Nacional de Justicia ni Fiscalía de la Nación ni
Defensoría del Pueblo, porque todas esas instituciones están copadas por la
coalición gobernante que preside Keiko Fujimori, confirmada de modo redundante
para la segunda vuelta del próximo junio.
Y ahora resulta que
tampoco tenemos presidente de la república.
José María Balcázar dijo que la compra de los F-16 estaba suspendida y que el próximo gobierno sería el encargado de ver el asunto y decidir. Pero el insignificante Hugo de Zela, su canciller, lo llamó mentiroso y renunció en una radio al mismo tiempo que el ministro de defensa. Ambos dijeron que Balcázar no tenía derecho de vetar un negocio ya emprendido y dieron a entender que su condición de jefe de las fuerzas armadas no le era reconocida por ningún estamento militar.
Era una versión perdularia de un golpe de Estado. Era una comedia de algún Segura montada en el Canout. Eran risas grandes en un piso con aserrín. Y sobre esas miserias llegó la prensa de siempre a decir lo previsto: que se trataba de un asunto de seguridad nacional y que a Estados Unidos, nuestro socio y protector, no se le juega sucio (como había escrito el embajador yanqui en Lima).
Lo que cabía en ese
momento era que Balcázar saliera a denunciar el intento golpista y que exigiera
a sus subordinados constitucionales -los jefes de las tres armas- que le
dieran respaldo.
Pero no. Lo que pasó fue
que Balcázar salió, trémulo y más desencajado que nunca, a decir que él no
estaba contra la compra sino que discrepaba de la oportunidad de la misma y que
seguía creyendo que debía ser el próximo gobierno el que tomara la decisión.
La respuesta fue
inmediata. Un día después, el Ministerio de Economía y Finanzas entregó los
primeros 462 millones de dólares de la compra a la empresa fabricante de los
F-16.
Era el entierro político
de Balcázar. Era la publicación de su deceso en las páginas necrológicas de El
Comercio. Era decirle al viejo presidente que no presidía nada porque en este
país de óperas bufas los que mandan, como en los 90, son la derecha, los
milicos y la Casa Blanca. Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga aprobaron lo
sucedido, cómo no. Y un idiota salió a gritar que eso pasa por nombrar a un
marxista como presidente. Le faltó decir que este es un marxista de Groucho y
no de Karl. Y todavía quieren censurar y vacar a Balcázar. Es como ordenar la
decapitación del jinete sin cabeza.
Tendremos una flota
carísima de aviones caza y nos habremos congraciado con los estadounidenses,
esos mismos a los que Femando Rospigliosi acudió para que impidieran que
Ollanta Humala llegara a Palacio. La derecha sin patria habrá demostrado, una
vez más, que la dignidad le es bien ajeno.
Los militares, que aún
recuerdan el acta de sujeción firmada de rodillas, repetirán que el país debe
armarse para una guerra hipotética (que ojalá no pierdan como perdieron la del
Cenepa).
Todo un asco. Todo
viscoso. Como las elecciones.
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| Carlin en LA REPUBLICA. El poder real |
Sánchez no necesitaba de ningún fraude para quedar como el desafío de Fujimori en el balotaje. Pero lo cierto es que el nivel de las elecciones del 12 de abril pertenece al cuarto mundo y despierta más de una sospecha razonable. No importa lo que digan en los predios de esa izquierda que ama las becas y los nombramientos pero no la verdad.
No tenemos presidente.
No tuvimos elecciones sin mancha. Tendremos aviones comprados a espaldas de un
presidente fantasmal. Un cuello blanco que tiene el alias de Fiscal de la
Nación investiga a Corvetto, que renunció a su cargo irrenunciable. Seguimos
siendo un paisete. ■



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