sábado, 6 de marzo de 2021

 

LA DERECHA ATERRADA

Por Juan Carlos Tafur

Un sector de la derecha, sobre todo la élite empresarial y los sectores conservadores, están aterrados respecto del retorno del populismo económico. Esta última gestión congresal les ha puesto los pelos de punta y no quieren ni imaginar lo que podría pasar en el país si además del Legislativo también se activa un Ejecutivo de ese talante. 

El problema es que el miedo no es el mejor consejero político. Por pavor al populismo están endosando al ultraconservadurismo moral, autoritarismo político y mercantilismo económico de un candidato como Rafael López Aliaga. Por eso su crecimiento en las encuestas, aunque todo hace suponer que ese estirón se va a empezar a ralentizar y la ola celeste puede terminar convertida en un tumbito (influirán los errores notorios del candidato, el conocimiento de sus aspectos negativos, la arremetida de sus adversarios electorales que antes ni le daban bola, etc.). 

Un sector de la derecha peruana está cometiendo el mismo error que cometió en los 90, cuando su pavor al populismo alanista y a la violencia terrorista los hizo adherirse sin prudencias ni cautelas al esquema corrupto y autoritario de Fujimori. Inclusive, connotados compañeros de la campaña del Fredemo y de Mario Vargas Llosa terminaron de entusiastas gonfaloneros del fujimontesinismo por esa misma razón. Y los resultados finales saltan a la vista. Fue un craso error, del cual no parece haber aprendido mucho esta derecha. 

Opciones tiene. Es verdad que Hernando de Soto ha desplegado una campaña lamentable, casi indecorosa de lo mala que es, pero es, de lejos, mejor opción -más democrática y liberal- que la de López Aliaga. A cinco semanas de la elección, está bajo en las encuestas, pero no tan lejos del pelotón de potenciales contendores de la segunda vuelta.

La propia Keiko Fujimori, a pesar del inmenso pasivo que arrastra por su inefable conducta política luego de su derrota en el 2016, es también una mejor opción de derecha que la del candidato de Renovación Popular. Jugará su opción gubernativa al filo del reglamento (no es solo estratégica su insistencia en la “mano dura”), pero sabe que no puede reeditar viejos autoritarismos y en términos económicos y morales está también a años luz de modernidad en comparación con las chifladuras reaccionarias del candidato célibe. 

La derecha peruana no brilla por su lucidez histórica, pero no está demás invocarla a que en la actual circunstancia bicentenaria reflexione y apueste por un destino liberal y republicano, de libre mercado competitivo, como mejor forma de derrotar a la real amenaza del estatismo o del malhadado populismo económico.

 


LA DBA SE ENVALENTONA

El crecimiento en las encuestas de Rafael López Aliaga, el candidato perfecto de la derecha bruta y achorada, ha surtido el efecto virtuoso de que muchos se quiten la careta de liberales y empiecen a mostrar su verdadero rostro. Enhorabuena.

 Grupos empresariales ultraconservadores (¿será que la pobreza espiritual de una vida dedicada tan solo a ganar dinero, luego, en la senectud, los vuelve presas fáciles de cualquiera que les hable de espiritualidad conservadora, y les asegure -eso sí, con privilegios por siempre- un pasaje directo al paraíso más allá de la vida?), un canal de televisión como Willax (con honrosas excepciones), y hordas de troles abonan en esa línea de pensamiento.

 La DBA es un peligro para el país. Mercantilista en lo económico, busca asentar privilegios administrativos para ciertos grupos de poder, a costa del Estado de Derecho, generando rentas artificiales y aparente crecimiento de la economía, pero a costa de la justicia intrínseca, más bien, a una economía de libre mercado competitiva.

 Autoritaria en lo político, pondrá a la democracia a prueba. Mal que bien la democracia peruana ha salido indemne de una terrible crisis política y constitucional como la vivida en este quinquenio, pero ha demostrado a la vez su precariedad. Un gobernante dispuesto a saltarse a la garrocha la separación de poderes y el respeto a las normas es capaz de convertir una democracia incipiente como la peruana nuevamente en un régimen autoritario al borde de ser dictatorial.

 Conservadora en términos de derechos civiles y morales, hará que el Perú retroceda en todo lo avanzado en materia de lucha por la equidad de género (en la vida privada como en la escuela), derecho a la no discriminación (por ejemplo, la comunidad LGTBIQ) y respeto en general a las minorías diversas. Ya hemos escuchado con asco, las expresiones miserables de Rafael López Aliaga sobre los casos de embarazos por violación a niñas o respecto del caso Ana Estrada.

 Veo difícil que siga creciendo a la misma velocidad. La mayor parte de votantes aún indecisos pertenece a los sectores juveniles y rurales que difícilmente se inclinarán por una opción de ese perfil. Ha aparecido con fuerza, además, demasiado precozmente, dando tiempo a que la opinión pública se forme un mejor parecer de su pasado y no se deje llevar por una moda pasajera. Pero igual es una señal de alerta para el país que una opción retrógrada y antidemocrática pueda crecer en su predicamento. Podrá no encender las alarmas para esta contienda, pero sí para las venideras.

 

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