EL ESCUDO DE LA SUMISIÓN,
LA SOBERANÍA PERUANA EN SUBASTA
Por: Jorge
Luis Choque
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E |
l anuncio de la electa presidenta
Keiko Fujimori de adherir al Perú al denominado “Escudo de las Américas” no es
un acto de pragmatismo diplomático, sino una claudicación histórica. Bajo el
viejo y gastado ropaje de la "cooperación en seguridad", la nueva
administración pretende hipotecar la soberanía de un país libre y poner en
juego nuestros recursos naturales. Pedir que el ejército de los Estados Unidos venga
a garantizar nuestra seguridad interna es la confesión más humillante que un
gobernante pueda hacer: es admitir, ante el mundo, que hemos dejado de creer en
nuestras propias fuerzas y en la capacidad de quienes juraron defender esta
tierra.
Para entender la gravedad del asunto,
desnudemos la retórica oficial. El "Escudo de las Américas" es una
iniciativa de seguridad hemisférica impulsada por la administración Trump en
este 2026. Aunque el discurso público lo venda como una plataforma coordinada
contra el narcotráfico y la migración irregular, su objetivo político central
es descarnadamente geopolítico: reforzar la influencia de Washington en el
hemisferio occidental mediante una arquitectura militar alineada con su
estrategia de “América Primero”. No busca protegernos; busca contener de forma
agresiva la presencia comercial y política de potencias rivales como China en
la región. Como bien señalaba el pensador crítico Noam Chomsky, la pretensión
hegemónica de EE. UU. en América Latina opera históricamente como una forma de
dominación política y militar, legitimada por discursos de seguridad y lucha
antidrogas, pero orientada en realidad a preservar el control de sus zonas de
influencia. "América Latina ha conservado su primacía en la planeación
global de Estados Unidos", advertía Chomsky, recordando que, para el
imperio, si Washington no puede controlar su entorno cercano, no puede esperar
dominar el resto del mundo.
Y es que, en la geopolítica del siglo XXI, la seguridad no es más que la vanguardia de la captura económica. El Perú no es cualquier territorio: es una de las joyas de la corona en la carrera global por la transición energética y los recursos del futuro. Consolidado como el segundo productor mundial de cobre y poseedor de una cartera minera que supera los 64,000 millones de dólares distribuidos en 67 megaproyectos estratégicos, nuestro subsuelo rebosa de los "minerales críticos" que la industria tecnológica y militar norteamericana necesita con urgencia. A esto se suma nuestra colosal ventaja energética: el gas natural de Camisea y las millonarias reservas prospectivas de hidrocarburos que definen nuestra competitividad, junto al enorme potencial de la Amazonía. Al abrirle la puerta al "Escudo", Fujimori no solo entrega el control de nuestras fronteras; expone nuestra riqueza mineral, nuestro gas y nuestra biodiversidad a la tutela de un socio extranjero que históricamente ha confundido cooperación con expropiación comercial.
La historia y la dignidad
latinoamericana ya han respondido con firmeza a este tipo de arrogancia
imperial. Voces continentales de diversas corrientes han rechazado
históricamente esta tutela. En su momento, desde la diplomacia regional se
denunció que "América Latina y el Caribe no es patio trasero ni siquiera
delantero de nadie; somos Estados soberanos y las riquezas naturales pertenecen
a nuestros pueblos". Asimismo, líderes de la región han advertido con
claridad que los tiempos en que Washington reprimía pueblos y saqueaba recursos
bajo el pretexto de la seguridad han terminado: "Defenderemos nuestros
recursos naturales como nuestra vida y nuestra dignidad". Incluso desde
sectores moderados, como el ex canciller chileno Heraldo Muñoz ante
pretensiones similares en el pasado, se ha calificado de "arrogante"
la visión de quienes asumen que el continente sigue siendo un feudo norteamericano.
La decisión de Keiko Fujimori de someter al
Perú a este "escudo" protector no nos hará más seguros; nos hará más
dependientes, más vulnerables y menos dueños de nuestro propio destino. Un país
que entrega el monopolio de su seguridad a una potencia extranjera pierde el
derecho a llamarse soberano. El verdadero escudo del Perú debe ser la solidez
de sus instituciones, la limpieza de su política y el desarrollo autogestionado
de sus recursos, nunca la genuflexión ante los intereses estratégicos de un
imperio. <☻>


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