UNA JAULA DE ORO MACROECONÓMICA
PARA EL PRÓXIMO GOBIERNO
Por: Roberto Alván
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veredicto técnico es tan contundente como un martillazo sobre la mesa de la
coyuntura política: el gobierno entrante de Keiko Fujimori heredará una de las
plataformas macroeconómicas más estables y envidiables de toda la región
latinoamericana.
Así
lo ha desglosado con rigurosidad estadística el economista y exministro de
Trabajo, Jorge Gonzales Izquierdo, ante un auditorio colmado de periodistas en
la Universidad del Pacífico.
Sin embargo, detrás de la frialdad de los gráficos de la Pacífico Business School, se esconde una advertencia implícita y fulminante: la estabilidad macroeconómica es un piso sólido, pero jamás un techo de desarrollo.
El
nuevo Ejecutivo recibe una jaula de oro; hermosa por fuera, pero restrictiva si
no se rompen sus barrotes estructurales.
Revisemos
las credenciales que sostienen este diagnóstico.
En
un contexto global convulso, el Perú ostenta hoy un crecimiento económico que oscila entre el 3.5% y el 3.6%, una cifra
que se alinea con precisión matemática a nuestro crecimiento potencial del 3%.
El
frente externo está resguardado: la balanza
comercial consolidada sumando la Cuenta Corriente y la Cuenta de Capitales
arroja un robusto Superávit equivalente
al 2% de nuestro Producto Bruto Interno (PBI).
A
esto se añade un sector financiero nacional que goza de una salud de hierro y
una tasa de interés de referencia
estabilizada en 4.25%, lo que proporciona predictibilidad a los mercados.
El
verdadero milagro de la arquitectura monetaria nacional, no obstante, se
refleja en el control de los precios.
El
Perú se ha consolidado en el quinto
puesto con menor inflación a nivel mundial.
Tras
haber soportado los embates de la crisis global y factores externos que
empujaron el costo de vida a un alarmante 8.6% en enero de 2023, la inflación ha retornado al cauce
histórico de la tranquilidad, anclándose en un 2% anual, justo en el centro
del rango meta que va del 1% al 3%. Una conquista monetaria que emula los
periodos de mayor estabilidad del país, como el 2.7% registrado en el lejano
2002 o el 2.6% del año 2020.
Incluso
el mercado cambiario respira calma.
El
tipo de cambio nominal del dólar
muestra una resiliencia notable: tras cerrar el periodo de 2025 con una
apreciación del sol de aproximadamente -10%, la fluctuación interanual de los
últimos doce meses se ubica en un 4.9%, con un levísimo avance de apenas el +1% en lo que va desde enero a la fecha.
El sol peruano sigue siendo el
"dólar de Sudamérica".
Pero
aquí expira la complacencia y empieza el verdadero desafío periodístico.
Las cifras
macroeconómicas no se comen, no curan enfermedades en las postas de nuestra
Amazonía ni educan a los niños en las escuelas rurales del interior del país.
Gonzales
Izquierdo dejó caer en las aulas de la Pacífico una máxima extraída de las
lecciones clásicas de las finanzas y de la célebre obra «El Hombre más rico de
Babilonia»:
"No
hay nada más cobarde en el mundo que el dinero, porque rápidamente huye."
El
capital privado es asustadizo frente al ruido político y la impericia
gubernamental.
Y
es precisamente ese capital el que se necesita para transformar las actuales
cifras de empleo donde el empleo
adecuado registra un incremento del 4% al 5% en una verdadera locomotora
que absorba la enorme masa del subempleo estructural.
Instituciones
y corporaciones de inversión como el Grupo Coril o Credicorp observan con
cautela el panorama, amparados bajo el Fondo de Seguros de Inversiones Bancario
y la estricta vigilancia de la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV).
La
infraestructura financiera está lista para canalizar recursos, pero la política
debe ofrecer garantías.
El
diagnóstico de Gonzales Izquierdo es categórico en señalar los cuatro pilares urgentes de intervención:
Educación, Salud, Instituciones e Infraestructura.
Es
allí donde reside el verdadero cuello de botella que impide al Perú dar el
salto cualitativo hacia un crecimiento potencial mucho mayor, capaz de pasar de un inercial 3% a tasas de
desarrollo inclusivo que unifiquen la costa, la sierra y el corazón de
nuestra selva peruana.
La
mesa está servida y los números en azul respaldan el punto de partida.
La
historia juzgará si el nuevo gobierno utiliza esta magnífica estabilidad como
un escudo para la inercia, o como el trampolín definitivo para reformar el
Estado y llevar la riqueza macroeconómica al bolsillo de cada ciudadano. <>

