LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ
Y LA PROMESA INCUMPLIDA (PARTE I)
Por: Jorge Luis Choque
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28 de julio, el Perú celebra su independencia con desfiles, discursos y gestos
solemnes que suelen insistir en una épica patriótica difícil de sostener frente
a la realidad nacional. Más que una simple conmemoración, la fecha debería
invitar a una reflexión incómoda: ¿qué significó realmente la independencia
para la mayoría de peruanos y peruanas?, ¿hasta qué punto la emancipación
política se tradujo en justicia social, ciudadanía efectiva y desarrollo
compartido? En esa tensión entre memoria oficial y experiencia histórica se
juega una parte decisiva de nuestro presente.
Pablo
Macera llevó esa crítica a un plano social más incisivo. Para él, la
independencia fue un proceso inconcluso, limitado por la incapacidad de la
élite criolla para articular una alianza amplia con mestizos, indígenas y
sectores populares. Su mirada desmonta la idea de una nación nacida de una
voluntad colectiva homogénea. Lo que aparece, más bien, es una sociedad
fragmentada, donde las élites proclamaron la libertad sin democratizarla. La
independencia política no eliminó las jerarquías coloniales; simplemente las
reacomodó bajo nuevas legitimidades.
Basadre,
por su parte, ofrece una vía complementaria, menos severa en el diagnóstico,
pero igualmente exigente en el fondo. Su reflexión sobre el mestizaje y la
formación histórica del Perú permite entender que la nación no puede fundarse
en el culto exclusivo a próceres, batallas o símbolos vacíos. La peruanidad se
construye en el encuentro, muchas veces conflictivo, entre criollos, mestizos e
indígenas, y solo puede consolidarse si reconoce esa pluralidad sin convertirla
en folklore. El problema del falso nacionalismo es precisamente ese: exaltar
una patria abstracta mientras se excluye a los ciudadanos reales de sus
beneficios.
A
ello se suma una dimensión material que no puede ignorarse. Alfonso W. Quiroz
mostró que incluso la administración de la deuda interna en el siglo XIX estuvo
marcada por redes de poder que capturaron recursos públicos para beneficio
privado. Su trabajo evidencia que la república temprana no solo heredó
desigualdades coloniales, sino también prácticas de corrupción y captura del
Estado que distorsionaron el desarrollo nacional. Esto es fundamental para
pensar la independencia no como un punto de llegada, sino como el inicio de una
disputa por el uso del Estado, la distribución de la riqueza y el sentido mismo
de lo público.
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| María Parado de Bellido |
El
Perú no necesita más ceremonias de exaltación vacía, sino una conciencia
histórica madura. Necesita menos patrioterismo y más ciudadanía; menos mitos
inmóviles y más responsabilidad pública. Solo así la promesa incumplida de la
independencia podrá convertirse, por fin, en un proyecto nacional digno de ese nombre.
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