viernes, 17 de julio de 2026

EL MOMENTO POLITICO PERUANO, CAPTADO EN LA PLUMA DE HILDEBRANDT

 EL ÉXTASIS DE LA OBVIEDAD

César Hildebrandt

Tomado de HILDEBRANDT EN SUS TRECE 791, 17JUL26

“N

os preocupa la llegada del Niño”, dice la presidente y eso le basta a la corte de ponemicros que la rodea. La prensa escrita lanza el titular en grandes caracteres: “Nos preocupa la llegada del Niño”. ¿No hubiera sido más apropiado que la señora di­jera quién encabezará los planes de emergencia para los once puntos más críticos sometidos a la amenaza? ¿No hubiera sido más prometedor que la señora precisara con qué presupuesto cuenta el gobierno que va a asumir el mando para enfrentar el Niño bestial que ya está aquí?

“Nos preocupa enfrentar directamente la delincuencia”, añade la señora. Y ese es otro megatitular. ¿Enfrentar direc­tamente? ¿De qué otro modo se puede enfrentar a quienes se han apoderado de la ciudad y matan y roban sin oposición? No hay un modo indirecto de luchar contra la extorsión que mina la economía y ha cerrado miles de pequeños empren­dimientos. El asunto se agrava cuando la policía es parte del problema pero el presidente del Congreso ha dado leyes que la protegen y empoderan antes de fumigarla.

El día de la vergonzosa ceremonia en el Jurado Nacional de Elecciones, ente que demostró su amor por la candidata aupada por la omisión de votos de la primera vuelta y el conteo dudoso del voto de la diáspora en la segunda, la señora soltó otra frase célebre: “Cada ministerio tendrá metas concretas”. Esa verdad de Perogrullo fue inmensamente destacada en “Perú21”. ¿Cada ministerio tendrá metas concretas? ¿O sea que el de Vivienda no se meterá con los ob­jetivos del de Producción? Me parece muy bien, pero eso es de elemental sentido co­mún. ¿Metas concretas quiere decir planes y cronogramas de estricto cumplimiento? No se sabe. ¿Y las prioridades? Ya veremos.

Gobernaré como mi padre
En todo caso, ¿cómo es que una frase como esa pudo ocupar todo el columnaje de un periódico? La explicación tintinea: ya vienen los presupuestos de la publicidad estatal y también vienen las voces que llamarán al orden, las que censurarán a quienes no quieran sumarse. Ya vienen también las afonías.

O sea ¿así?
Miki Torres no quiere quedarse atrás y se lanza con esto: “Retorno del
Senado comienza a ser una realidad”. Tamaña novedad se convierte en otro gran titular de la prensa servil. Torres habla del Senado que el pueblo había rechazado en referéndum, del Senado que fue creado para el reciclaje de algunos zombies y la reincidencia de los más ávidos, el Senado
de Absalón Vásquez gracias al infame fallo del JNE. Torres es Igor, el burro de Winnie the Pooh.

El diario empresarial “Gestión”, del grupo “El Comercio”, encabeza una crónica de esta manera: “Fujimori recibió cre­denciales y anunció gabinete con capacidad técnica”. ¡Vaya novedad noticiable! ¿Capacidad técnica será darle a Sheput el Ministerio de Trabajo? ¿Será muy técnico nombrar a un general del ejército, Ojeda o Astudillo, como el ministro que debe liderar la limpieza de la policía y su moder­nización? En todo caso, anunciar que el gabinete por nombrarse tendrá capacidad técnica ¿no es una manera de decirle a la gente que no se merece otra cosa que burdas generalizaciones?

Otro diario del cortejo se atreve a esta llamada: “Keiko Fujimori promete poner el Estado al ser­vido de la gente”. ¡No me diga! ¡Qué revelación primordial! ¿Sería posible imaginar un Estado al servido de empresarios como Boloña o Chlimper, de militares corruptos, del espionaje interno, del congresismo tránsfuga, de las instituciones copadas, del Congreso como furgón de cola? Sí, es posible. Ese fue el Estado del patriarca que la señora emulará.

Asistimos al éxtasis de la obviedad, la fiesta del cojudeo, la celebración de la estupidez. Es lo que nos toca. Lo que veremos los cinco años que vienen.

Pero no olvidemos el agravio suicida que está detrás de todo esto: el Perú quiso que una señora que reivindicaba al pluricriminal de su padre y que lo ataba como ejemplo de buen gobernante llegara a la presidencia. En los meses previos, esa misma señora había logrado que un delincuente fuera Fiscal de la Nación y que una banda de abo­gados a tanto el kilo y a cuánto el otrosí controlara el Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia.

Mientras la señora era entronizada por la servidumbre dolosa del Jurado Nacional de Elecciones, Pablo Villanueva gritó desde un balcón: “Melcochita siempre estará contigo, Keiko”. El grito de Edvard Munch habría encajado mejor para la escena. <>

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