KEIKO FUJIMORI O EL VUELO DE LA CIGARRA
Por Gustavo Espinoza M.
Julio
13, 2026
|
E |
sopo, el
escritor griego del siglo VI de la Era Cristiana narró con ingenio la fábula de
la Cigarra y la comparó con la hormiga. La Cigarra no gustaba de trabajar.
Prefería vivir tocando música y cantando al tiempo que era mantenida por
quienes laboraban para ella. Sólo en su edad adulta tomaba vuelo y mostraba una
imagen distinta a la anterior, placentera y acomodada. No es necesario
decir que se parecía a ciertas personalidades del escenario político peruano
que adolecen de las mismas penalidades y que hoy aspiran a tomar vuelo a la
sombra del drama nacional. Veamos:
Hubo un
tiempo en el que los panegiristas del fujimorismo buscaron relegar el apellido
Fujimori y aludir a Keiko invocando solamente su nombre de pila. Fueron
esos los años iniciales del siglo XXI., después que en noviembre de 2000, el
mandatario de la “Década Dantesca” huyó del país y encontró refugio en el Japón
de sus ancestros. Ese legado resuena aun hoy. Mucha más gente habla de “Keiko” a solas, y olvida consciente o
inconscientemente, que apellida Fujimori.
En la etapa
más recientemente, cuando ya fallecido el dictador fue sepultado casi con
honores de jefe de Estado. Keiko resolvió tímidamente, retomar su identidad
inicial aludiendo al apellido de su padre e incluso revindicó “las partes
buenas” de su gestión gubernativa.
Los
inicios de una larga carrera
No hay que
olvidar, sin embargo, que la señora en cuestión tiene una larga carrera
política. Por lo demás, nacida en 1975, vivió desde el fin de su
adolescencia, entre los oropeles del Poder, fue seducida por ellos y luchó
siempre por respirar los aromas palaciegos de los que, finalmente, podrá
deleitarse en el próximo periodo político peruano,
El inicio
de todo fue en 1990 cuando el padre, un oscuro ingeniero y profesor
universitario, derrotó en las elecciones presidenciales al escritor Mario
Vargas Llosa quien prometía aplicar un Shock Neoliberal para “recuperar” la
economía de los peruanos afectada por una administración populista de la etapa
anterior.
Como se
recuerda, el “chinito de la yuca”, como también se le conocía al ingeniero
elegido ese año, libró en la etapa electoral, una campaña efectista contra ese
latigazo económico, que él mismo aplicaría con entusiasmo una vez ungido como
Mandatario.
Keiko, que
ya no era una niña -frisaba en ese entonces los 17 años- pudo percibir el
cambio camaleónico de su padre que justificó la voltereta asegundando que la
política de “Shock” era más efectiva que la que originalmente él había
propuesto.
Ese gesto,
que no era una rectificación generosa sino un cambio radical de opción política
llevó al presidente Alberto Fujimori a congraciarse con el Fondo Monetario
Internacional, los inversores extranjeros y la clase dominante de un país ya
severamente afectado por la corrupción y el engaño. Con certeza, Keiko
pudo conocer y apreciar ese “cambio de rumbo” que le mostró cómo podían
servirle giros de ese corte en sus años por venir.
En abril de
1992 Alberto Fujimori tomó el control absoluto del Poder gracias un Golpe de
Estado que pudo impulsar asociándose con los núcleos más conservadores de la
sociedad y la cúpula castrense que se aupó a su sombra en busca de beneficios y
privilegios.
Pocas
semanas más tarde, a fines de abril y comienzos de mayo se produjo la primera
crisis en la pareja conyugal y Susana Higuchi -la esposa de Fujimori- fue
secuestrada, detenida, conducida a los calabozos del Servicio de Inteligencia y
brutalmente torturada. Keiko siguió atentamente los hechos y al año siguiente,
en 1993. Aceptó reemplazar a su madre en el puesto de primera dama de la
Nación, del que fuera despojada Susana.
Siete años
cumplió esa función a la sombra de su padre. En ese lapso, ocurrieron
muchos hechos: la persecución a opositores, la detención de periodistas, el
avasallamiento de las libertades principales, la destrucción del aparato
productivo del país, el remate de las empresas públicas, la corrupción
generalizada, los operativos del Grupo Colina y numerosas masacres en el
interior del país. Ella adquirió su “madurez política” a la sombra de
esos acontecimientos.
En esos
años también ella y sus hermanos estudiaron en el exterior y el país gastó en
su educación alrededor de 1 millón 350 mil dólares cancelados a Universidades
de Nueva York y Boston, en los Estados Unidos. Ella administró esos recursos
que le fueron entregados en moneda extranjera de manera directa por el jefe
real del Servicio de Inteligencia y asesor de su padre, Keiko diría luego que
ella “aconsejó “a su padre alejar a ese asesor de su entorno y renunciar,
en el año 2000 a postular a una tercera reelección presidencial. No hay prueba
alguna que eso haya sido así.
Sí hay
prueba, sin embargo, de la negativa de Keiko a aceptar la realidad cuando su
padre huyó del país y desde Tokio envió por Fax su carta de renuncia a la
Presidencia de la República. Forzada por las circunstancias, fue finalmente
obligada a abandonar las instalaciones de Palacio de Gobierno en noviembre del
2,000, lo que hizo con gran pesar. Después´ de ese hecho, y de un “descanso
reparador” en los Estados Unidos, volvería al Perú para iniciar aquí su propia
“carrera política”.
La
construcción de su propio proyecto
Fue más
precisamente en el 2006 que Keiko inició la tarea de construir su propia opción
política. En ese entonces, su padre estaba en Japón, donde había recuperado su
nacionalidad nipona para postular al Senado de ese país y contraído nupcias con
una japonesa millonaria, la señora Naomi Kataoka, que lo abandonaría poco
después.
Keiko encaró su tarea con desgano. Ya se había habituado al papel de protagonista, vale decir, primera agonista de una lucha singular. No le acomodó ser una más entre 130 parlamentarias, con poca voz y ninguna iniciativa. Por eso no se registra un solo proyecto de ley presentado por ella. Tampoco ninguna propuesta legislativa. Permaneció callada y sin apremios buena parte del periodo que comprendió su gestión parlamentaria. Pero esta no fue completa. Se tomó la libertad de pedir 500 días de “licencia”. En ese lapso, se fue a los Estados Unidos donde terminó de estudiar y encontró a Mark Vitto Villanela quien sería su esposo, un ciudadano norteamericano del que se divorciaría en el 2024.
Fue en este
periodo que se inicio contra Keiko Fujimori una seria investigación por parte
del Ministerio Público. Fue acusada de la comisión de diversos delitos:
cohecho, lavado de activos, falsedad genérica y otros. Como consecuencia de
ello, fue encarcelada en tres oportunidades por un total de 500 días,
Finalmente, y ya en e el último tramo de la política -en el 2025- el
Tribunal Constitucional a su servicio, la liberó de todos los procesos.
Ojo.. No la declaró inocente de nada, ni la absolvió de acusación alguna.
Simplemente decidió que no debía iniciarse un proceso en su contra ni
investigarse a ella. Y eso, por mayoría de votos en el TC. Se trataba entonces
de habilitarla a cualquier precio para que pudiese ser candidata el 2026.
Cuando topo eso pudo concretarse, vino la venganza: los fiscales que tuvieron a
su cargo la acusación, fueron echados del Servicio Público y sometidos a una
dura campaña difamatoria. l
Llevada por
su afán de figuración y una creciente ambición de Poder, Keiko postuló a la
presidencia de la república el 2011, explotando dos leyendas: la “recuperación
económica” y “la derrota del terrorismo”, ambas atribuidas a tu padre por la
propaganda de la clase dominante. Basado en ellas y en una furiosa campaña
anticomunista, logró alcanzar la más alta votación en la primera vuelta
electoral, pero fue derrotada en la segunda por un uniformado, el coronel
Ollanta Humala, que levantó algunas banderas progresistas, pero luego siguió
aplicando el “modelo” neoliberal heredado de Alberto Fujimori y aplicado también
dócilmente por los mandatarios siguientes; Alejandro Toledo y Alan García.
Keiko no
estaba acostumbrada a la derrota. Pero eso desconoció los resultados, gritó
“fraude” lo más fuerte que pudo y acusó a todos sus adversarios de haberse
coludido para perjudicaría, aunque finalmente debió rendirse ante los hechos y
aceptar que había perdido. Se retiró a sus “cuarteles de descanso” no sin antes
asegurar su liderazgo en Fuerza Popular y garantizar un “aporte parlamentario”
procedente de sus congresistas, que le permitiría vivir sin trabajar como hasta
ese momento lo venía haciendo.
El periodo
2016-2021 fue particularmente complejo y difícil para el país. Gracias a la
mayoría parlamentaria alimentada por los 5 congresistas del APRA, Fuerza
Popular tuvo mayoría absoluta y por tanto pudo hacer y deshacer a su antojo. Lo
que hizo, fue destruir. Censuró ministros, amenazó la estabilidad política del
país, diseñó modelos de gestión autoritarios y por ultimo se empeñó en declarar
la vacancia de la presidencia de la República para expulsar a PPK del Gobierno,
En el extremo, el presidente renunció en marzo del 2018 en el marco de un
escenario convulso.
Lo curioso
fue que uno de los motivos de la confrontación entre el presidente y Keiko fue
el tema de la libertad de Alberto Fujimori, que en el 2008 había sido procesado
y condenado a 20 años de prisión. El antiguo mandatario, que permaneció en
Tokio hasta el 2007 optó por volver al Perú, pero terminó en Chile donde fue
detenido a solicitud de las autoridades peruanas y finalmente enviado al país
para ser juzgado. En todo ese lapso, Keiko guardó silencio, pero cuando el 2017
PPK habló de la posibilidad de otorgarle un Indulto, Keiko se opuso.
Ya había
ocurrido algo similar el 2011 siendo presidente Alan García, quiso indultar a
Fujimori al termino de su gestión, por lo que convoco a Keiko y a Ollanta
Humala -las dos primeras votaciones en los comicios de ese año- a fin de
recabar su opinión. Ollanta aceptó la idea, pero Keiko la rechazó. Se negaba a
aceptar la libertad de su pudre porque quería disponerla ella. Y para eso,
necesitaba ser presidenta. El 2017 fue su hermano Kenyi quien gestionó y pactó
la libertad de Alberto Fujimori a cambio de apoyo político a la gestión
presidencial. Keiko lo expulsó del Partido y lo hizo sancionar por el Congreso.
Por muy poco se libró de ir preso.
El
vicepresidente de entonces -Martin Vizcarra- asumió el gobierno ante la
renuncia de PPK. Contó inicialmente con la venia de Keiko, pero ella luego
quiso imponerle ministros, lo que no aceptó, por lo que ella le declaró la
guerra. Un primer paso, fue el cierre del Congreso por parte de Vizcarra. Y uno
segundo, fue la vacancia de Vizcarra. El tercer paso, fue la inhabilitación
política de Vizcarra. Su procesamiento y su condena a 15 años de cárcel. Ahí se
encuentra.
Este es un
procedimiento usado por el fujimorismo: a quienes se le opusieron, los acusó de
cualquier cosa y los condenó. Hoy todos están presos: Toledo. Humala,
Vizcarra, Castillo. En el íntimo de Keiko sé abrigó una idea: ustedes me
encarcelaron, ahora los encarcelo a todos. Y así va.
El 2021,
la última derrota
El 2021 fue
la última derrota de Keiko. Y para ella, fue lo último que le podría
ocurrir. De ahí para adelante, nunca más. Y lo dijo en un acto
partidario_ “nunca no los volverán a hacer”. El 2021 también
se negó a aceptar los resultados. No sólo alegó fraude. También recurrió a los
organismos internacionales, a la OEA. En el extremo, envió emisarios a los
Estados Unidos para “explicar a su gobierno, la gravedad de la situación
peruana si se permitía que asumiera la presidencia un comunista como Pedro
Castrillo” Rafael López Aliaga, colaborador de Keiko, pidió expresamente el
envío de Infantes de Marina de los Estados Unidos para impedir se consumara el
hecho.
Finalmente
tuvo que allanarse a la asunción de Castillo, como el proceso electoral de ese
año lo dispuso. Pero desde el primer día conspiró para derribar a su
gobierno.
Lo primero
que hizo, fue constituir un bloque de oposición uniendo a todas las fuerzas de
la derecha peruana. Logró así mayoría parlamentaria. Luego, gracias a la
mayoría parlamentaria, fue tomando una a una las instituciones públicas.
Así se apoderó de la Fiscalía de la Nación, de la Contraloría de la República,
de la Corte Suprema, del Jurado Nacional de Elecciones, de la Oficina Nacional
de Procesos Electorales, de la Junta Nacional de Justicia, del Banco Central de
Reserva, de la Superintendencia de la Banca y Seguros, del Tribunal
Constitucional y hasta de la Defensoría del Pueblo.
Para este
“asalto” a las entidades del Estado fue posible “ganó” para su causa a Perú
Libre, el Partido de Vladimir Cerrón, que se proclama de Izquierda, socialista
y aún Marxista Leninista. Para “ganar” a ese partido. Le dio una
Vicepresidencia del Congreso a Waldemar Cerrón, hermano de Vladimir, quien
desempeñó esa función por tres años consecutivos, y la Defensoría del Pueblo,
que tiene voz, pero que carece de poder real. Surgió así lo que el común de la
gente llama “la Mafia gobernante”.
A ella se debe todo: las conocidas leyes “pro crimen” que benefician a los delincuentes y favorecen sus acciones, los nombramientos de ministros y la remoción de los mismos, la designación de funcionarios en las entidades del Estado, las concesiones, los contratos y las “buenas Pro” otorgadas en provecho de los suyos, las partidas, los presupuestos, las iniciativas legislativas y todas las disposiciones emanadas de un Poder omnímodo que sin embargo acumuló el desprecio masivo de la ciudadanía. Ese Congreso conto en los últimos dos años, con apenas el 5% de aceptación pública, Pero la etapa decisiva de su gestión se circunscribió a un periodo inicial, el comprendido entre julio del 2021 y diciembre del 2022, cuando finalmente fue derribado Castillo.
La caida de Castillo y la consolidación de Keiko
Finalmente,
el 7 de diciembre del 2022 la Mafia pudo derribar a Pedro Castillo y hacerse
plenamente de todos los resortes del Poder. Usó como argumento una presentación
del Mandatario quien mediante un mensaje televisado disponía el cierre del
Congreso, para detenerlo, destituirlo y vacarlo en apenas dos horas. La
cosa fue tan precipitada, que no se respetó procedimiento alguno. Como lo
dijimos en ese entonces, Pedro Castillo no podía ser detenido porque gozaba en
ese instante de la Inmunidad Presidencial, pero se le interceptó en la vía
pública usando patrullas armadas y se le condujo a un establecimiento
restringido donde fue detenido. Poco después fue confiando en una prisión.
En el
Congreso no se discutió ninguna moción de vacancia ni se hizo uso de ningún
procedimiento parlamentario. Ni siquiera se admitió una moción de Orden del día
para actuar, Simplemente se puso a votación un pedido de dos parlamentarios
para destituirlo del cargo, cuando él ya estaba detenido. Un procedimiento como
ese, era completamente ilegal. De todos modos, en un caso extremo, podría
hacerse, pero sólo con el respaldo de las 4/5 del legislativo, es decir 104
votos, cifra que nunca se alcanzó. Por lo demás, no se concedió a Castillo el
más mínimo derecho a la defensa, Todo fue un procedimiento irrito.
El mismo
día, en su reemplazo fue designada su vicepresidente, Dina Boluarte, quien ya
estaba coludida con la Mafia para la operación así ejecutada. Dina Boluarte
gobernó hasta octubre del 2025 en estrecho contacto con Keiko Fujimori y
completamente sometida a los designios de la mayoría parlamentaria que continuó
su tarea “legislativa” destituyendo jueces y fiscales críticos al fujimorismo.
Entretanto, con todos los resortes del Poder en sus manos, Keiko postuló una
vez más a la presidencia de la República en los comicios del 2026.
A la
segura
Con todos
los organismos del Estado bajo su control, contando con endoses millonarios de
dinero depositados por las grandes empresas, y con la adhesión de la cúpula
militar y el apoyo de la policía nacional; Keiko Fujimori postuló por cuarta
vez en el 2026. Esta vez, ganó. Su “victoria” es ciertamente muy
discutible. Ella perdió en la votación que se hizo en el Perú. Perdió también
en 15 de las 24 regiones del país y por lo menos en el 75% del territorio
nacional.
Solo “ganó”
en la votación en el exterior, y más precisamente en los Estados Unidos. Pero
allí no se cumplieron los requisitos establecidos en la norma puesta en marcha
al convocarse las elecciones: no se digitalizó la votación en mesa, como estaba
previsto. Se obvió ese procedimiento de tal modo que, cuando las actas llegaron
con dos días de retraso, nadie supo cual había sido el resultado de la votación
en mesa.
Sospechoso
resulta el hecho que eso haya ocurrido en las mesas situadas en los Estados
Unidos, que las actas hayan llegado con tanto retraso por vía consular, que
personal del Jurado Electoral no haya participado, si no que hayan sido los
Cónsules los encargados del traslado de los cómputos no digitalizados. Nada de
eso, sin embargo, ha sido admitido por el Jurado Electoral que ha declarado
simplemente “sin lugar” los recursos presentados en torno al
tema.
Y
sospechoso resulta también el trajín del embajador de USA en el Perú, Bernie
Navarro, quien se hizo acreditar como “veedor internacional” de las elecciones
y tuvo diversas entrevistas con cada uno de los altos funcionarios del sistema
electoral peruano hasta acabar recibiendo “como invitado de honor” al
presidente del JNE en la recepción que ofreciera el 1 de julio celebrando los
250 años de la existencia de los EE.UU. La injerencia
norteamericana fue evidente.
![]() |
Todo el
mecanismo electoral estuvo “arreglado” para garantizar una victoria inobjetable
de Keiko Fujimori. Ella alcanzó apenas el 10% de los votos en la primera
vuelta, pero le reconocieron un 17% añadiéndole los votos nulos y blancos y con
ese porcentaje fue considerada “ganadora de la primera ronda” y
pasó a la segunda en tal condición. En la segunda no alcanzó el 50% más uno
como lo proclamó el JNE, sino solo el 33%, pero con el mismo juego de cifras,
le añadieron los votos nulos y blancos para “regularizar” su victoria final.
Esto
resulta más llamativo si se toma en cuenta la votación parlamentaria. Con el
10% de votos en la lista de un Senado de 60 miembros, debió obtener 6
Senadores, pero le adjudicaron 22. Y en una Cámara de Diputados de 130
miembros, debió corresponderle una cifra tope: 13 diputados. No obstante, le
admitieron 41.
Esa
proporción fue admitida así para garantizarle no solamente la victoria, sino
también una representación parlamentaria que le permita gobernar o incluso
cogobernar en el hipotético caso de no poder alcanzar el triunfo en los
comicios. En otras palabras, quienes urdieron la elección, se pusieron en las
dos variantes posibles para garantizar que ella no perdiera.
En el
escenario continental
La elección
peruana forma parte de los procesos electorales celebrados en América Latina en
los últimos 18 meses, más precisamente desde la victoria de Donald Trump en los
Estados Unidos. El presidente norteamericano “metió las narices” en
Honduras para asegurar la victoria del presidente Nasfura; en Argentina para
ayudar a Javier Milei; en Chile para respaldar a José Antonio Kast; en Ecuador
para afirmar el Poder de Noboa, en Bolivia para respaldar al Demócrata
Cristiano Paz, en Perú y en Colombia. En otras palabras, para asegurar un
“viraje” continental en respaldo a su política de dominación y a su estrategia
guerrerista en el concierto mundial.
Doblegando
a la Venezuela Bolivariana, incrementando el bloqueo criminal contra Cuba,
aislando a Nicaragua y esperando derrotar a Lula en Brasil, la administración
norteamericana busca “cerrar” el continente para enfrentar la presencia
económica y política de China en América Latina.
La
perspectiva peruana
En este
marco general, la perspectiva peruana se perfila ciertamente preocupante.
Aunque en teoría es posible que “sectores moderados” de la derecha clásica
puedan influir para “convencer” a Keiko Fujimori de hacer una gestión
gubernativa formalmente democrática y respetuosa de las libertades formales
precisamente para quitarle la imagen de una dictadura siniestra, es poco
probable que esa sea la ruta por la que opte Keiko Fujimori.
Ella no
está acostumbrada a un escenario democrático. Ni siquiera a admitir debates
internos o disidencias políticas. En eso, tiene definido el perfil de su padre
y opta por un corte radical que acabe con la tolerancia.. Dirá entonces que lo
que se necesita es “avanzar” y si para eso hay que reprimir, debe hacerse.
Tiene todo el aparato preparado para ello.
Por lo demás, está rodeada íntimamente por los núcleos más autoritarios. Por un lado, Williams Zapata, el general que encabezara el Comando Chavín de Huántar y antes las patrullas “Lince” en la sierra centra; por otro por Rafael López Aliaga, que propone crear campos de concentración en la selva peruana para recluir allí a “los terroristas” . De esas corrientes vienen sus principales “asesores” que, por lo demás, fueron los mismos asesores de Dina Boluarte cuando asesinó a 80 peruanos en el sur andino entre el 2022 y el 2023 y los que cumplieron la misma función con Jerí hace poco tiempo.
Racionalmente
no es previsible esperar entonces una gestión de corte democrático más
adelante. Por el contrario, lo previsible es que se vaya afirmando una
dictadura oprobiosa desde un inicio. Por lo pronto, ya Keiko sostuvo la
necesidad de pedir “facultades legislativas delegadas” al Congreso para tomar
las medidas “urgentes” que juzgue indispensable. Pero pensando que aun eso
sería insuficiente, anunció ya que gobernaría con “Decretos de urgencia”,
licencia constitucional para situaciones de emergencia.
La
situación, entonces, se torna particularmente delicada. Para hacerle frente
será indispensable promover la más amplia unidad popular, organizar activamente
a los trabajadores y a las masas populares, politizar a las grandes mayorías
nacionales y promover y alentar las luchas.
La fábula
de Esopo tiene actualidad. A la Cigarra le encanta vivir plácidamente, pero
ahora deberá volar. Pero ese será su ocaso. <>





No hay comentarios:
Publicar un comentario