sábado, 6 de junio de 2026

PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA PERUANA DE PRINCIPIOS DEL PRESENTE SIGLO

 RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000

Por Nicanor Domínguez Faura

 ‘El Salmón”  5 de junio de 2026

En el debate presidencial del pasado domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y ampliar la votación hasta el día siguiente”.

Evidentemente hacía referencia a las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña “fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

La candidata hizo también referencia a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político. Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer es fortalecer la democracia”.

Lo que no ha mencionado ella es que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces, abiertamente fraudulentas.

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La idea de perpetuarse en el poder mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar un nivel de país desarrollado”.      

En 1990 el “asesor” del electo presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.

La Constitución fujimorista de 1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones” (artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el del año 2000.

La modificación de las reglas (1996-1997):

Tras haber sido reelegido en 1995, Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que, por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto de 1996).

La oposición denunció en el Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez, renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular los excesos legislativos del Congreso.

El bloqueo del referéndum (1996-1998):

El ‘Foro Democrático’ fue creado como respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así, al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación de la propia Constitución en octubre de 1993).

Para bloquear esta iniciativa, el Congreso promulgó la Ley 26592 (la “Ley Marcenaro”), que aumentaba el número de firmas requeridas para convocar un referéndum: 10 por ciento de la población electoral (octubre 1996). En ese momento, el nuevo porcentaje equivalía a 1’200,000 firmas. El ‘Foro Democrático’ trabajó por casi dos años en la recolección de 1’441,000 firmas, que fueron presentadas el Jurado Nacional de Elecciones el 16 de julio de 1998. Al mes siguiente, el JNE dictaminó que, para realizar el referéndum sobre la tercera postulación de Fujimori, se necesitaba el apoyo en el Congreso de al menos 48 congresistas (20 de agosto). Una semana después, la mayoría oficialista votó en contra, rechazando la propuesta (27 de agosto).

Además de la supresión de la consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército, general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno. Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen fueron plenamente fuji-montesinistas.

El segundo hecho importante fue la realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para las elecciones venideras.

Debe anotarse aquí también que el contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño” (1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera rusa y asiática a nivel internacional.

El año 1999:

A lo largo de todo el año 1999 los partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad” (25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).

El gobierno de los Estados Unidos, presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación por el retroceso de la democracia en el Perú”.

A fines de noviembre de 1999 fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República (27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno” (Murakami p.511).

El gobierno norteamericano expresó que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo, la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la parcialidad del ente electoral.

El Jurado Nacional de Elecciones aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente 2000’.

La Primera Vuelta del año 2000:

Las principales candidaturas de oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de 1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’, ‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques. El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido hecho por la periodista Jacqueline Fowks.

Pero la avasalladora campaña del oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El ‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo, el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.

Pocos días después la ‘Misión de Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo). Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas. Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.

Poco más de dos semanas antes de las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están asegurados” (24 de marzo).

El día de las elecciones generales, el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos); Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%); y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).

Las encuestas de boca de urna, después del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%, CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su “triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin embargo, en los días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12 de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.

El padrón oficial para las elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto, los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista ‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente, sobre todo en Loreto.

La alianza oficialista obtuvo 52 de los 120 escaños del Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video” en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final del régimen fuji-montesinista.

La Segunda Vuelta del año 2000:

La campaña para la segunda vuelta comenzó después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta, evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías” (11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18 de mayo).

El candidato Toledo, que había continuado en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930), en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el candidato único. Ya no podía perder.

La asociación civil ‘Transparencia’ anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo). El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo). La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión (especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser considerado como libre y justo”.

En la segunda vuelta, el domingo 28 de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de 2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los votos emitidos).


Pese a que había renunciado a su candidatura, Toledo obtuvo el apoyo de 2’086,215 ciudadanos (14.32% del padrón, 17.68% de los votos emitidos, 25,67% de los votos válidos). Fujimori, candidato único, obtuvo oficialmente 6’041,685 votos (41.47% del padrón, 51.20% de los votos emitidos, 74.33% de los votos válidos). Sumó 513,117 votos más que en la primera vuelta. Pero fue una victoria pírrica, pues su legitimidad era ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.

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Preguntada repetidas veces por el periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio, Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar, como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.

¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables reclamos. ¡Basta ya!

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Referencias:

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori se aferra a narrativa del fraude a días de la segunda vuelta”, ‘La República’, Lima, 1 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/01/keiko-fujimori-se-aferra-a-narrativa-del-fraude-a-dias-de-la-segunda-vuelta-hnews-22166>

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori asegura que respetará los resultados de la segunda vuelta: «Siempre lo hemos hecho»”, ‘La República’, Lima, 5 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/05/keiko-fujimori-asegura-que-respetara-los-resultados-de-la-segunda-vuelta-siempre-lo-hemos-hecho-hnews-180240>

 “Historia de una traición”, ‘Oiga’, V etapa, no. 647, Lima, 12 de julio de 1993, pp.20-35; “El poder en la sombra”, ‘Oiga’, V etapa, no. 648, Lima, 19 de julio de 1993, pp.30-35.

<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>

 Yusuke Murakami, ‘El Perú en la Era del Chino: La política institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador’ [2007], 2da ed. revisada (Lima: IEP, 2012).

<https://www.academia.edu/12038884/262209236_Peru_en_La_Era_Del_Chino_Murakami_Yusuke?rhid=40486705465&swp=rr-rw-wc-71482801&nav_from=0a28d07c-7cb4-4295-8b52-17275859494e>

 Jacqueline Fowks, ‘Chichapolitik: La prensa con Fujimori en las elecciones generales 2000 en el Perú’ [2000], 2da ed. (Lima: Fundación Ebert, SER, 2015).

<https://www.academia.edu/43671980/Chichapolitik_La_prensa_con_Fujimori_en_las_elecciones_generales_2000_en_el_Per%C3%BA>

 José Alejandro Godoy, El último dictador: Vida y gobierno de Alberto Fujimori (Lima: Planeta, 2021).

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