LA FAMILIA RODRIGUEZ
QUENAS, ZAMPOÑAS… ECOS DEL IMPERIO
Por: Miguel Castillejo Zolezzi
Revista
MENSAJES Nº 26, Lima 1984
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a influencia de la
música sobre el hombre, en todas las épocas y en todos los pueblos, está
presente desde el nacimiento hasta la muerte.
Esta presencia que,
naturalmente, tiene características especiales en cada lugar del mundo, cobra
en nuestra Zona Andina rasgos particulares por su variedad, colorido y
temática.
En el Cuzco, magnificente
corazón del Imperio Incaico, se conjugaron las expresiones más importantes del
arte musical y de la danza, su hermana indesligable, como consecuencia de sus
manifestaciones autóctonas, así como la llegada de los pueblos sojuzgados.
Posteriormente, la
Colonia aporta manifestaciones propias, españolas, que progresivamente
introduce a la gama pentafónica indígena los semitonos, desconocidos por los
músicos incaicos, así como nuevos instrumentos, elementos que son asimilados
por los artistas nativos. Ello dio nacimiento a una nueva variedad de música y
danza, es decir, al folklore cuzqueño actual.
La riqueza musical que desde tiempos ancestrales han adquirido los cuzqueños, tienen entre sus intérpretes a celebrados artistas. Entre ellos destaca un conjunto integrado por todos los miembros de una familia compuesta por Alberto Rodríguez y Dina Núñez de Rodríguez, los padres, y ocho hijos, tres varones y cinco mujeres: Moisés, Dina, Marcia, Gabriel, Ramón, Irma, María Jesús y Maritza, cuyas edades van de los siete a los 23 años... hasta el momento, porque en breve se incorporarán Alberto y Francisco, de cuatro y dos años respectivamente.
Los esposos Rodríguez
son descendientes de antiguas familias cusqueñas. Alberto es oriundo de la
Pampa de Anta, ubicada a 25 kilómetros de la Ciudad Imperial y Dina nació en
el célebre Barrio de San Blas. Alberto manifiesta con énfasis, que su vocación
por la música y la de su esposa e hijos, obedece en gran medida a un factor
hereditario. “No puede ser de otra manera -señala- puesto que tanto mi familia
como la de Dina han tenido, desde siempre, una especial predilección por la
música”. Todos, abuelos, padres, hermanos, dominan por lo menos un
instrumento. “La música ennoblece al hombre, por eso estoy muy orgulloso de la
inclinación de mis hijos por la música”, afirma con toda razón Alberto
Rodríguez.
Es así que el amor por
la música en general y por los instrumentos andinos nacionales, llevaron a dos
de sus hijos, Ramón y Moisés, a estudiar y desarrollar la tradicional zampoña
que normalmente tienen seis y siete tubos de carrizo, creando el “Perúfono” que
es una gran zampoña de 37 tubos que reproduce exactamente la escala del piano,
con la cual se puede ejecutar todo tipo de música.
Acuciosos recopiladores
y compositores del folklore de su departamento, la familia Rodríguez
interpreta con gran fidelidad, asimismo, las manifestaciones musicales regionales
del País. Sin embargo, refiriéndose a la amplitud y variedad del acervo
cuzqueño, Alberto afirma que toda una vida dedicada exclusivamente a la
recopilación no alcanzaría para compendiarla, debido a que pueblos separados
por apenas cinco o siete kilómetros, tienen manifestaciones muy propias y
absolutamente diferentes.
La versatilidad musical
y la destreza en la ejecución de sus instrumentos tradicionales —charangos,
quenas, guitarras, zamponas, bombo—, así como un serio y constante estudio artístico,
ha permitido a la Familia Rodríguez ampliar considerablemente su panorama interpretativo,
logrando ejecutar con gracia y propiedad, ancestral música autóctona, es decir,
las expresiones musicalizadas de costumbres, ritos, creencias, leyendas, fábulas,
recibidas por transmisión oral desde la época del Imperio Incaico que subsisten
hasta hoy, por tradición.
Igualmente, la música
mestiza española-peruana, que se produce y practica desde la Colonia, y con
influencia, en menor escala, de otros países, así como las más representativas
piezas del folklore latinoamericano.
El constante desarrollo artístico de la "Familia Rodríguez", —patrocinada por la Asociación Festivales Culturales del Pacífico, que dirige el periodista Octavio Gálvez Gamboa, y que ha merecido el reconocimiento del Ministerio de Relaciones Exteriores, que auspicia la presentación semanal del espectáculo "Folklore del Perú y del Mundo", en la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), así como en otros locales culturales, embajadas, etc.— se expresa, en la entrega adicional en cada programa, de ejecuciones de mayor envergadura, como ser la música culta, interpretando bellas y clásicas composiciones como la Marcha Turca, de Mozart y Guillermo Tell, de Giacomo Rossinni, entre otras, empleando solamente instrumentos andinos tradicionales como el charango, quenas y bombo. Sin embargo, pese a lo insólito de los instrumentos para este género musical, el resultado es de gran belleza y propiedad. El entusiasta aplauso del público así lo corrobora.
Alberto Rodríguez señala con modestia, que ello se debe a la nobleza de los instrumentos creados por nuestros antepasados, como por ejemplo, el charango, pequeño guitarrín que puede ser fabricado íntegramente de madera o de material mixto; en este caso usando como caja de resonancia la caparazón del armadillo o "quirquincho". El afinamiento del charango, o "charanguito", dulce diminutivo que le dan los músicos andinos, es más complicado que el de la guitarra, pues consta de 10 cuerdas, templadas por pares y cruzadas. Este afinamiento o temple es un desafío del músico andino a la guitarra española, dice sonriente Alberto Rodríguez.
Para el público que aprecia emocionado las actuaciones de la “Familia Rodríguez”,
es el virtuosismo de sus intérpretes el factor fundamental de su éxito. Una
familia unida en un solo propósito: cultivar el arte y difundirlo. <>
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Miguel Montesinos Lujan, en su libro “Brisas
del Titicaca. Génesis” Ed. Brisas del Titicaca,
Lima 2023, p. 178, dice: PEÑA FOLKLORICA
DE LA FAMILIA RODRIGUEZ.- Hablar de la
familia Rodríguez, es hablar de un grupo musical que marcó toda una época. Con
sus melodiosas voces interpretaban música peruana y latinoamericana, cautivando
a todo el país.
El año 1979, la Familia Rodríguez
administraba una especie de peñita los fines de semana (viernes y sábado) los
asociados ‘invadieron la casa con alrededor de 50 personas; entonces ellos
abrieron las puertas como si estuviéramos en nuestro propio hogar, degustando
los deliciosos chicharrones que preparaba mamá Dina.
En las noches, la Familia en pleno cantaba y
tocaba sus instrumentos musicales, luego hacían un ‘recorrido’ por los tres
ambientes de la casa a semejanza de un pasacalle; era una verdadera serenata y
fiesta, mientras nuestra Estudiantina ACBT interpretaba música puneña. También
era parte del espectáculo la música criolla al piano, interpretado por el
músico y compositor don Jorge Huirse Reyes.
Durante el año 1978, papá Alberto visitaba el
local de Brisas de Jesús María, en el mes de julio de aquel año, toda la
familia realizó una presentación musical nocturna que suscitó una gran
aceptación y asistencia de socios e invitados. El ilustre músico don Jorge
Huirse deleitaba a los asociados con música puneña y criolla los fines de
semana, en aquel piano que estuvo en uno de los ambientes del local de Av.
Santa Cruz en Jesús María.



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