ELECCIONES EN PERÚ:
UN DÉJÀ VU [1]
POLÍTICO QUE REVIVE VIEJAS TENSIONES
Ociel Alí López
Rusia Today:21 abr 2026
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o que ocurre en Perú en los últimos días,
especialmente luego de transcurrir la primera vuelta electoral el domingo
antepasado, parece más bien un retorno a lo que ha sido este país los últimos
años.
Después de un interinato de casi cuatro años en el
que gobernaron tres presidentes, la situación política parece no haber variado
mucho. Los actores siguen siendo muy similares, incluso los mismos. La
confrontación tiene características semejantes, los grupos sociales en
pugna poseen un equiparable y marcado carácter histórico.
Como se sospechó desde el primer momento, la
destitución reiterada de presidentes (haciendo especial mención a los que
fueron elegidos por voto popular), la judicialización de partidos que han
ocupado el mayor número de escaños, como es el caso de Perú Libre, y el
constante "terruqueo" —como se dice en el país andino a la
criminalización de los sectores progresistas y de izquierda que pulsan por una
transformación de las estructuras coloniales que se mantienen— no han cambiado
mucho el panorama social y político del país.
Así las cosas, la tensión que se vive en medio del
conteo a cámara lenta y la imprecisión sobre el momento en que se darán los
resultados definitivos solo recuerda tiempos previos que no cesan de
volver de manera reiterada.
La situación parece la misma debido a varias
razones. Primero, porque la candidata de derecha, Keiko Fujimori (Fuerza
Popular), heredera del fujimorismo —ese movimiento populista conservador que
gobernó desde 1990 hasta el 2000—, pasaría al balotaje por cuarta vez. Es
decir, tenemos tres presidenciales donde la hija predilecta de
Alberto Fujimori pasa a la segunda vuelta; sin embargo, hasta
ahora siempre ha perdido en la misma.
Esto se explica porque su movimiento posee un
nicho sólido, muy duro y efectivo, pero de la misma forma cuenta con un alto
grado de rechazo que hasta ahora ha sido mayoritario y permite el triunfo de
sus competidores, cualquiera sea el signo político de estos.
Pero el déjà vu no se circunscribe a Keiko.
Una situación similar vive el movimiento popular, cuyo candidato, el
psicólogo Roberto Sánchez (Juntos
por el Perú) —que aparecía relegado en todas las encuestas—, sorprendió como en
2021 lo hizo el presidente depuesto y encarcelado, Pedro Castillo, un maestro desconocido que se impuso montando a
caballo, con un lápiz en la mano y un sombrero campechano en la cabeza.
A pesar de las vejaciones, persecución y represión
contra sus seguidores, Sánchez[2]
no escondió en ningún momento su simpatía por Castillo y logró arrasar en el
territorio de confort del movimiento indígena y campesino.
En la segunda vuelta de aquel año, Castillo
necesitó más de un mes para que reconocieran su triunfo, que fue escamoteado
desde el día uno hasta su destitución, la cual lucía inminente semana tras
semana en su accidentada y corta gestión. A pesar de las vejaciones,
persecución y represión contra sus seguidores, Sánchez, un miembro de su
gabinete, decidió tomar las mismas banderas, no escondió en ningún momento su
simpatía por Castillo y logró arrasar en el territorio de confort del
movimiento indígena y campesino, en el sur del Perú, para así pasar por encima
de otros 33 candidatos, muchos de los cuales contaban con un ingente poder
mediático y financiero.
Todo esto ocurrirá si el Jurado Nacional de
Elecciones corrobora su pase. Aunque aún falta por contabilizar alrededor de un
7 % de las mesas, según los datos oficiales divulgados, el izquierdista va al
frente, aunque por poco, dilatando ventajas en la medida que el lejano voto
rural es contabilizado. Este segundo puesto puede permitirle ganar la
presidencia ya que, si bien su resultado actual ronda los 12 puntos, en su
momento Castillo aumentó su votación en más de 30 puntos entre la primera y
segunda vuelta, mientras Fujimori tiene un "techo bajo"
debido al grado de antipatía que ha demostrado en el electorado en
cada evento electoral.
La derecha extrema también se repite
En todo caso, lo que se está mostrando aquí —y
este es un retornelo ya histórico— es la separación existente entre el mundo
rural y el mundo urbano de Perú, entre los sectores excluidos y las clases
incluidas. Lo que le está sucediendo a Rafael López Aliaga (Renovación
Popular) también pareciera un "eterno retorno".
Como en 2021, en esta ocasión López quedó de
tercero con un porcentaje muy similar (en torno al 10 %), a pesar de que
durante los últimos años viene de ser alcalde de la ciudad de Lima y ha contado con un formidable apoyo
mediático y financiero. El ultraconservador mantiene sus votos
duros en las clases medias y altas, que suelen tener una influencia
exagerada en la opinión pública, pero luego en las urnas termina demostrando
mucha debilidad.
Otro elemento que recuerda el histórico choque de
fuerzas es la manera como ha respondido López[3],
quien ha desconocido el resultado. Sin ningún tipo de pruebas, ha denunciado
fraude y ha ofrecido una altísima cantidad de dinero (5.000 dólares) a los
funcionarios que den alguna muestra de ello. Aquí, lo similar a la
coyuntura de 2021 es la forma
reaccionaria como las clases medias y altas responden a la posibilidad de
triunfo de un líder que reivindica el mundo de lo popular.
De hecho, el candidato derechista ha planteado que
los votantes rurales "no tienen los medios para formarse bien", como
una forma de otorgar más valor a sus votos que a los de los sectores rurales
donde ha perdido. Durante la campaña
había llamado "gente de mierda" a los electores de la provincia de
Andahuaylas, donde no fue bienvenido. Muchos de los 'influencers' que le
siguen han disparado andanadas de exclamaciones
racistas contra los votantes del sur del país una vez han sido sorprendidos
por la votación de Sánchez.
Si algo ha cambiado en esta coyuntura electoral,
en comparación con las anteriores, es la
fragmentación de las opciones electorales, que llegaron a batir récords (35
candidatos a presidente), pero sobre todo, la fusión del malestar en los votos
en blanco y nulos, que superaron cómodamente al resultado del primer lugar.
En lo que puede evidenciarse como un mensaje
político de hartazgo, el electorado envía un "mensaje a García" que
da cuenta de que la pugnacidad no solo
no ha muerto, sino que parece prolongarse hasta tanto no haya cambios de fondo
en la política peruana.
Otra cosa que no ha sucedido en esta ocasión han
sido las grandes movilizaciones populares y la consecuente represión militar y
policial como la que hubo en 2022, 2023 y 2024, en la que decenas de
manifestantes murieron en su protesta contra el derrocamiento del presidente
Castillo y la imposición de un gobierno interino que se prolongó de manera
excesiva usando la fuerza.
Esperemos que
en esta oportunidad la institucionalidad
democrática dé pasos en firme para respetar la voluntad del pueblo peruano
y que estas movilizaciones de protesta no tengan que repetirse. <ᴥ>
[2] Sánchez dijo "Invocamos
y le decimos a todo el Perú, a las fuerzas sociales, que estaremos atentos, que
estén vigilantes a nuestro llamado. Apenas haya un indicio de no querer
respetar el voto ciudadano llamaremos a una movilización, a la defensa
democrática, a la defensa social... Llamamos a la comunidad internacional a
acompañar y hacer vigilia para que se respete el voto ciudadano de
manera sagrada. Sin narrativas de fraude como el proceso anterior. El voto
andino, amazónico, rural se va a respetar".


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