viernes, 9 de diciembre de 2016

COYUNTURA POLÍTICA PERUANA

LECTURAS INTERESANTES Nº 729
LIMA PERU            9 DICIEMBRE 2016
UN POQUITO DE PRESIDENTE
César Hildebrandt
Tomado de “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” N° 327, 9DIC16 p.12
PPK desaparece len­tamente. Se diluye. Se desvanece. Chi­rrían las puertas a su paso.
Le encanta dele­gar a PPK. Y delega en Zavalita, que es el socio mayor de Keiko Fujimori.
O sea que Fujimori es la que, de modo indirecto, cogobierna por lo bajo en el Ejecutivo.
Y como Fujimori controla el Congreso, nadie puede discutir hoy que la heredera del conde­nado Alberto Fujimori es la per­sona con más poder en el Perú. Quizá sea eso lo que merecemos.
A PPK le pesa el cargo. Lo abruma la responsabilidad. Y le encanta el fujimorismo, que fun­dó a coces y con el apoyo de los "líderes de opinión" mermeleros el neoliberalismo que él suscribe.
De modo que el arreglo pare­ce perfecto: tú mandas, Keiko, porque pensamos lo mismo y porque, en el fondo, somos lo mismo. Y yo no me hago proble­mas: me voy al club, tomo mis brebajes escoceses, viajo cada vez que puedo (y puedo mucho) y cedo en todas esas disputas que puedan suponerme un so­poncio, una taquicardia, una in­comodidad. Ya sé que el país no votó por este estilo. Pero, en el fondo, ¿qué es el Perú sino una sucesión de turbas olvidadizas? Mientras tanto, hay que ayudar a los bomberos, tomarse fo­tos en el Hay Festival, tomarse unos tragos en la "Unión" con la crema y nata de la colegada (no necesariamente en ese orden). Que Zavalita y tú, Keiko, dis­pongan. Saludos. Hasta la vista, baby.
¿Y Saavedra? Ah, el muy sobreestimado Saavedra es el toro sobrero que va al sacrificio. Y él mismo lo sabe, aunque tenga que hacer de David bamba. Dicen algunos histéricos que con Saavedra caerá la reforma uni­versitaria. ¿Qué reforma? ¿La que no piensa cerrar ningún an­tro fabricante de títulos basura? Dicen que con Saavedra se irá al tacho la "revolución educativa". ¿Qué revolución educativa? ¿La que sostiene los sueldos misera­bles del magisterio y la indigen­cia presupuestal de las escuelas rurales? ¿O la que nos ha colocado, sobre un total de 69 naciones, en los puestos 63, 62 y 61 de las
En Paracas, en un alto del certamen conspirador del empresariado
pruebas PISA, el enésimo fracaso pintado como éxito por "El Comer­cio", en cuya impren­ta se editan cientos de miles de textos esco­lares por encargo del Ministerio de Educación? No me hagan reír. Lo que defiende Saavedra es la progre­siva privatización del sector, donde los tibu­rones del megaemprendimiento, incluido "El Comercio" y sus tentáculos, tienen grandes proyectos que esperan el subsi­dio estatal correspondiente.
Saavedra es un cuentazo. Pero el gobierno de PPK es el ma­yor cuentazo. Por eso es que en Huaycán o en Chumbivilcas, en Cotabambas o en Saramurillo, cunde el mismo divorcio entre la institucionalidad catatónica del pepekausismo y el malestar social. Por eso el Perú pare­ce muchas veces sumergido en los prolegómenos de la anar­quía.
En esta mo­desta columna dijimos hace semanas que este gobierno empezaba a ser un fraude. Ese proceso de­generativo ha continuado y la ilegitimidad so­cial de PPK y su combo de tecnócratas aturdidos se ha agudizado. Queda enton­ces, convertida en maquinaria, Fuerza Popular y su único men­saje: volvamos a los 90, reivindiquemos al caudillo, exhibamos nuestra recuperada musculatura. Total, avanzaremos hasta donde este gobierno nos lo permita.
La gente que a duras penas le dio el triun­fo a PPK no votó por este agachamiento con tufo de complejo de inferioridad. Zavalita y sus ministros confunden democracia con promiscuidad y están seguros de que bailando el ritmo del chino pasarán la fiesta en paz. Se equivocan. Lo que el fujimorismo quiere es que PPK llegue a tales niveles de descré­dito, por falta de autoridad y vo­cación de ausencia, que parezca imperativa su remoción del car­go. Pasar al ministro de Cultura al sector Defensa después de una semana "de deliberaciones" es no sólo un insulto a los militares sino una demostración cabal de ineptitud.
Pobre PPK rodeado de tanto imbécil. Pobre país con tan po­quito de presidente



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