jueves, 17 de septiembre de 2015

LA ANEMIA: UNA EMERGENCIA REGIONAL EN PUNO

Por: Moisés Apaza Ahumada*
Publicado por Servicios Educativos Rurales SER. 16/09/2015

La región Puno es la más afectada por la anemia en todo el Perú. La enfermedad ha alcanzado aquí índices solo comparables a los que exhiben algunos países africanos. Según cifras de la DIRESA-Puno, afecta a más del 50% de los niños y las madres gestantes, y en niños menores de cinco años esta prevalencia alcanza hasta el 80%, en muchos distritos de nuestra región. Dado que basta un 40% de afectados para el ministerio de Salud considere la situación un “grave problema de salud pública”, la realidad resulta más que alarmante.
La anemia es una enfermedad que se caracteriza por mostrar un déficit de glóbulos rojos en la sangre. Cuando no se consume hierro, baja la cantidad de los glóbulos rojos y esta disminución hace que las células y los tejidos del organismo reciban menos oxígeno, afectando su funcionamiento.
La causa principal de esta enfermedad en Puno es el bajo consumo de hierro en los alimentos, hecho que está estrechamente relacionado a la extrema pobreza, que es alta en nuestra región. Como origen “moderno” llaman también la atención los cambios radicales en los patrones de alimentación: Una ingesta cada vez mayor de productos procesados, “chatarra” y una menor opción por productos naturales, frescos y regionales. 
Los efectos y las secuelas de la anemia son más perniciosos de lo que uno se imagina y en muchos casos son irreversibles. Esta enfermedad silenciosa socaba el desarrollo intelectual y aniquila de por vida el potencial de las personas, perpetuando en ellas la baja autoestima, la improductividad.
En los niños, la anemia provoca deficiencias en el desarrollo cognitivo (bajo coeficiente intelectual), en la memoria y la atención, lo que tiene por consecuencia bajo rendimiento escolar; así como déficits en la psicomotricidad y la socialización. Del mismo modo, el mal altera el funcionamiento inmunológico y el sistema nervioso. En madres gestantes, la anemia incrementa el riesgo de un parto prematuro, bajo peso al nacer, mortalidad y morbilidad infantiles. En los adultos, reduce su capacidad productiva.
La anemia va más allá de ser un problema médico-nutricional. Es un problema socioeconómico complejo que tiene que ver con la pobreza, la desigualdad, la educación, los sistemas de salud, el PBI regional, el ingreso familiar y la cultura en general. Y nuestra región reproduce esta realidad a través de sus diferentes indicadores negativos.


No obstante, no se toma conciencia de la magnitud del problema, de sus causas, consecuencias y costos. Más aún, ni el Estado peruano ni el gobierno regional ni los locales han desarrollado una política sistemática, consistente y sostenible para combatir la anemia.
Los costos que representa la alta prevalencia de esta enfermedad en Puno merecen una mayor reflexión, encaminada a estimar cuánto tendría que asumir el Estado, específicamente el gobierno regional, para enfrentar el problema, pues, hasta la fecha no se ha evaluado la relación costo-beneficio de la intervención de la anemia, tanto estatal como regional, y menos se evalúa el gasto que puede significar la atención de este problema a futuro.
La región Puno, en la gestión anterior, asignó 30 mil millones de Soles al Proyecto Nutrición. Sin embargo, la anemia se ha incrementado significativamente en todos los grupos (ocho niños de cada diez la tienen). Si a este resultado le sumamos las inversiones millonarias que se están realizando en los gobiernos locales (provincias y distritos), pareciera ser que se ha encontrado en los proyectos de nutrición y salud un escaparate para desviar el gasto, pues no se logran los objetivos ni las metas de los mismos. La nueva gestión está gastando un saldo de 12 a 15 millones del mismo proyecto, pero a la fecha no hay ningún informe sobre los resultados. En un proyecto de infraestructura vial el gasto de la inversión se mide por los resultados (Km. de carretera asfaltados, por ejemplo), y lo mismo ocurre en un proyecto de nutrición (disminución significativa del % de anemia, por ejemplo).
La anemia implica para la economía peruana un gasto directo (e indirecto) del 0,62% del PBI, aproximadamente 2,777 millones de Soles. Esta cifra es más de cinco veces el presupuesto del SIS del año 2009 y casi el 38% del presupuesto del sector salud a nivel nacional del mismo año.
¿Qué podría hacerse, entonces? Cambios urgentes en las políticas, estrategias y acciones que a nivel nacional y regional, se aplican para tratar la anemia. Se debe fortalecer la coordinación del MINSA con el gobierno regional, los gobiernos locales y las instituciones públicas (educación, agricultura, etc.) y privadas para evitar la corrupción, el doble beneficio, la usurpación, la duplicidad de proyectos, la falta de focalización, etc.
Las acciones a corto plazo deben estar orientadas a: 1) Suplementar con hierro a niños y mujeres gestantes, así como a la población en general, cambiando las estrategias (los multi micronutrientes “chispitas” que se usan actualmente son muy cuestionados). 2) Diseñar y aplicar nueva estrategia de educación nutricional, que signifique un cambio de actitudes y prácticas hacia una alimentación natural y regional, en un contexto de soberanía alimentaria para mejorar la ingesta de hierro. 3) Supervisar a los proveedores para que cumplan con incluir hierro en los alimentos preparados que dan a los niños. 4) Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad. 5) Tratamiento oportuno de la parasitosis. 6) Dirección de los proyectos por el profesional nutriólogo, de modo que este pueda asumir la responsabilidad respecto a los resultados de la anemia. En el mediano plazo, usar la fortificación de alimentos de consumo masivo por el pueblo, como ya se hizo con el yodo (fortificación de la harina de trigo, por ejemplo).
El tratamiento de la anemia merece tanta o mayor atención que las EDAs, las IRAs y otras enfermedades que, al fin y al cabo, sí o sí se van a tratar, porque se presentan a través de signos y síntomas manifiestos.
El hecho de que la anemia sea una enfermedad silenciosa, no significa que debamos dejar que transcurra bajo la complicidad de nuestro silencio, y menos que, a nombre de la anemia, los gobiernos e “interesados” gasten ingentes cantidades de dinero y no puedan mostrar buenos resultados.
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*Docente de la Escuela Profesional de Nutrición Humana de la UNA - Puno.

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