LA VIRGEN DE LA CANDELARIA:
ORIGEN, REPRESENTACIÓN Y FE EN EL ALTIPLANO PERUANO
Arql. Neiser Ruben Jalca Espinoza
Proyecto
Qhapaq Ñan
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hablar del sentir religioso en nuestro país, es obligatorio hacer mención a la
Virgen de la Candelaria, por su historia e importancia reflejada en una fuerte
devoción imperante en toda el área altiplánica y fuera de ella; pues, durante
su mundialmente conocida celebración en febrero, se aprecia la congregación de
miles de espectadores provenientes de distintas provincias y países, entre
curiosos, devotos y apreciadores del arte, quienes son espectadores, y en
algunos casos participantes, del despliegue de horas y días colmados de
celebraciones y danzas de gran diversidad.
Origen del
culto
Tras
la famosa festividad, surge la interrogante respecto al origen del despliegue multitudinario
de fe hacia la Virgen de la Candelaria. Para resolverla, debemos remontarnos al
año 1392 en Tenerife, España. Tenerife es la isla más grande del archipiélago
de las Canarias, la cual era parada obligatoria en los viajes desde dicho país hacia
América, por ello, su imagen fue inculcada en el territorio colonial.
Según
De Orellana (2015) la devoción en Perú se originó en el pueblo de Huancané, en Arcani,
al norte de Puno. La imagen obtuvo un número cada vez mayor de seguidores, los
cuales lograron que ésta fuera trasladada a la iglesia de San Juan de Puno, convirtiéndose
en el Santuario de la Virgen de la Candelaria, quien obtuvo mayor aceptación y
veneración que el mismo patrón San Juan.
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| Sikuris, estilo umasuyos |
Significado de la
denominación Candelaria
Si
bien apreciamos cómo la sagrada imagen llegó a Perú, la duda aún continua,
pues, como bien sabemos, existen muchas representaciones de la virgen María, y
la denominación de candelaria tiene tras sí, un pasaje específico de la vida de
la madre de Dios.
La
Virgen de la Candelaria lleva este nombre debido a la vela encendida que porta
en su mano derecha. Junto al elemento mencionado, en la misma mano porta una
canasta con dos tórtolas ofrecidas en sacrificio, que representan la
purificación de la maternidad posterior a los 40 días del alumbramiento según
la tradición judía; además, carga al niño Jesús con el brazo izquierdo para
presentarlo en el templo de Jerusalén.
De
Orellana (2015) menciona que, según la tradición canaria, en 1392, la Virgen
apareció en la cima de una roca ubicada en un barranco, frente a unos pastores
guanches (habitantes nativos de la isla). Ella portaba unas palomas en las
manos, a un niño en el brazo derecho, y en el izquierdo un cirio, por ello, en
dicha isla se confeccionó su imagen en madera con aquellas características, la
cual fue destruida en 1892 a causa de un fuerte temporal.
Festividad
de la Virgen de la Candelaria
José
María Arguedas en 1967 nos relata “En
ninguna región del Perú y sin duda de América latina pueden encontrarse tan
variadas y tantas danzas como en Puno... La danza y el canto fueron no
solamente el único lenguaje permitido a la población sojuzgada, sino que además
están sustentados en una tradición milenaria. Esas formas de arte fueron en la
antigüedad el lenguaje predilecto de la multitud. Por eso el desfile de las
danzas puneñas en las calles y Plaza de Armas de Puno fue el espectáculo más impresionante
y cargado de significado que vi nunca”.
La
festividad de la Virgen de la Candelaria es la celebración más grande de
nuestro país y una de las más grandes de América, agrupando a una fastuosa
cantidad de danzantes, músicos y espectadores unidos bajo la devoción a su
madre protectora. Fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 2003 y
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO el 27 de setiembre
de 2014.
Como
fue mencionado por Arguedas, las danzas cuentan con un origen prehispánico, pero
durante la época colonial, en el proceso de evangelización, durante los siglos
XVI y XVII, se hizo uso de las manifestaciones religiosas de la población
local, como los takis o
danzas,
para que, mediante ellas, se venere a las imágenes sagradas cristianas. Dicho sincretismo
se generó, según Marzal (2002) gracias a la “...apropiación de los santos por el
indio a causa de la similitud entre las características presentadas por éstos y
las huacas móviles. El culto fue creciendo y siendo aceptado pues obtenían las
mismas “recompensas” tras su adoración.” En la actualidad, tras el sincretismo
generado, las danzas que hacen apología a las divinidades cristianas y nativas,
se convirtieron en parte del acervo cultural de Puno.
La
festividad contemporánea surgió mediante la organización del Instituto
Americano de Arte y posteriormente por la Federación Regional de Folklore y
Cultura de Puno.
La
festividad inicia el 24 de enero y culmina el 18 de febrero, días en los cuales
se llevan a cabo diversas ceremonias. Los días más importantes son el día 2 de
febrero, día central de la fiesta, donde se celebra misa, procesión y el “Gran
Concurso de Danzas Autóctonas” en el estadio Torres Belón, con presentaciones
como los llameritos, ayarachis, wifalas, etc. La Octava, realizada siete días
después, está comprendida por la celebración de la misa, procesión y el
Concurso de Trajes de Luces, también llamados mestizos. Las danzas más
representativas son la diablada, morenada y caporales. Los sikuris se encuentran
en ambas facciones, deleitando con el sonido de sus sikus, antaras o zampoñas.
Durante todos estos días, no se escatima en comida, bebida ni adornos, tanto en las calles como en los trajes, pues, según Celestino (1998) “En los Andes hay que resituar el milagro y la promesa dentro de la dinámica de la reciprocidad, que también se plantea en la religión. Cumplir y pasar los múltiples cargos, llevar a buen fin todas las promesas empeñadas es dar para recibir o recibir sabiendo que en un momento dado habrá que retribuir.” Es decir, se pide y agradece por la intersección milagrosa de la virgen de la manera más fastuosa posible para cada participante.
Aunque,
según Rivera (2015), poco más del 20% de la población puneña no practica el catolicismo,
la ciudad de Puno reúne una cantidad asombrosa de danzantes, músicos y espectadores,
motivados por su fe y el espíritu de algarabía que inunda las calles del altiplano
peruano, expresado en pasos coordinados, figuras complejas y piruetas gimnásticas
en honor a la mamita Candelaria.
Las
danzas autóctonas y las de luces, cada una con su marcado estilo y diversidad,
atraen la mirada de locales y foráneos por sus trajes sumamente elaborados y la
interpretación de los hombres y mujeres que asumen los roles de campesinos,
pastores y hasta míticos demonios y bíblicos ángeles, al compás de las bandas
peruanas y bolivianas, pues en nombre de la fe, las fronteras geopolíticas
carecen de importancia.
Teniendo en cuenta el enunciado de Podjajcer & Mennelli (2009) «...las fiestas constituirían una región privilegiada para penetrar en la cultura, su ideología dominante y el sistema de valores de quienes participan de las mismas.» Debemos tener en cuenta que cada danza busca representar un tema en especial, como hechos cotidianos del ámbito rural, sucesos históricos, e incluso batallas bíblicas entre ángeles y demonios.
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| Diablada |
Basándonos
en Bravo (1994), Portugal (1981) y Valencia (2010), veremos una breve descripción
de algunas de las principales danzas autóctonas y de luces presentes durante la
festividad.
Danzas
autóctonas:
Se
caracterizan por su origen rural. Estas danzas buscan conservar las tradiciones
de antaño y son inmutables, es decir, no cambian, por lo cual sus vestimentas
no presentan modificaciones en los colores, instrumentos utilizados, materiales
de confección o ejecución de los pasos.
Los sikuris
Su
origen se remonta al Tawantinsuyu o Imperio Inca, según lo presenciado y
narrado por los cronistas Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Huamán Poma de
Ayala, y por el padre Bernabé Cobo. Actualmente, su mayor auge se ubica en el
altiplano peruano boliviano.
El
atuendo de los sikuris consiste en un chullo con orejeras, en algunos casos se
adiciona penachos de plumas, también se usa chaleco, o en otros casos,
chaqueta; el calzado es compuesto por ojotas. Según los conjuntos, se adiciona
el uso de chuspas cruzadas (similar a un morral).
Danza de los Ayarachis
Realizada
por danzantes que a la vez tocan un tambor y una zampoña, acompañados por
hombres y mujeres que portan comida y bebidas, vestidos elegantemente. Dichos danzantes-músicos
tienen un característico atuendo en el cual destaca su gran tocado de plumas de
suri (un ave sudamericana similar al ñandú y el avestruz).
Portan
pantalones largos, con aberturas en las vastas y un saco de tela gruesa, ambos suelen
ser de color negro con adornos en los bordes. Las mujeres que portan los alimentos,
visten con un sombrero de copa pequeño, de color negro con adornos de cintas de
colores y monedas, también usan muchas polleras negras, adornadas del mismo
modo. Los hombres portadores de alimentos, visten similar a los danzantes, pero
con menos adornos y sin el gran tocado de plumas. La danza tiene un tono
funerario y su procedencia se remonta a finales del Imperio Inca.
Los choqqelas
Proviene
de las provincias de Puno, Huancané y Chucuito y se realiza a modo de ritual aymara
para propiciar una caza exitosa de vicuñas y de sus depredadores. A su vez, se pide
por el incremento de estos camélidos.
Si
bien su origen, probablemente sea prehispánico, en la actualidad combina características
religiosas tanto del mundo andino como del cristiano (sincretismo), pues se
realizan invocaciones a los antepasados, a los apus (dioses), a los santos
católicos y a la virgen.
Su
música es realizada con tambores y unas quenas de tamaño considerable de 45 cm.
de largo. Las mujeres participantes son las encargadas del canto, en el cual
narran los acontecimientos durante la caza.
Danzas de
luces:
También
denominadas como danzas mestizas. A diferencia de las danzas autóctonas, éstas
permiten la integración de nuevos elementos. Dicha particularidad es
aprovechada por sus danzantes para presentar diversas coreografías y nuevas
características en sus trajes cada año, por lo cual, nunca se verá una
representación idéntica a la de años pasados.
Diablada
Danza
tradicional tanto de Puno como de Oruro (Bolivia). Existen diversas hipótesis
sobre su origen, una de las más aceptadas hace mención a la representación de
autos sacramentales (teatro de pasajes religiosos) sobre los siete pecados
capitales y la lucha entre ángeles y demonios, realizados en Juli, Puno, como
modo de evangelización por parte de los sacerdotes jesuitas, quienes enseñaron
esta danza a los pobladores locales.
Se
representa a diversos personajes ataviados con trajes lujosos y máscaras muy elaboradas,
como al arcángel San Miguel y su lucha con Lucifer. También a los diablos y las
chinas diablas, y otros foráneos: el mexicano, el piel roja, Superman; y
animales: el león, el oso, gorila, etc. Los pasos son enérgicos y llenos de
saltos. Su música se realiza con zampoñas, tambores, bombos, triángulos y
platillos.
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| Morenada |
Se
origina en el país hermano de Bolivia. Esta danza imita las faenas de los
esclavos llegados durante la época colonial. Respecto a su origen, son dos las
versiones que se consideran: la primera menciona que esta danza es la imitación
de las faenas de esclavos durante la preparación de vino en la costa, que
consistía en pisar uvas. La segunda versión hace referencia a la explotación
sufrida por la población africana en las minas de azogue (mercurio) de la
sierra del Alto Perú (hoy Bolivia).
Su
vestimenta satiriza los bailes de las cortes virreinales de Felipe III. Los
lujos del ropaje simbolizan el alto precio a pagar por cada trabajador, y el
sonido de las matracas que llevan representa el sonido de las cadenas que
portaban. Durante esta danza se observa cuatro tipos de personajes: los
morenos, las danzarinas, los achachis (personas de avanzada edad) y figuras
(como osos, conejos, perros y jirafas).
La
llamerada
Deviene
de la danza llamada “Llameros”. Representa la alegría de los pastores de camélidos
durante los rodeos de llamas, para realizar la esquila y las ofrendas a los
dioses del Ande. Con el tiempo tuvo muchas modificaciones y por ello es
considerada una danza mestiza. También hacen alusión a las caravanas de llamas
que llevaban presentes al Inca, por ello, los encargados portaban sus mejores
vestimentas para dicho encuentro.
Se
baila en parejas, la mujer viste con una blusa clara, polleras brillosas,
zapatos planos y un atado en la espalda. Los hombres portan una máscara la cual
está en postura de silbido, poncho, camisa blanca, pantalón elegante y faja.
Las parejas portan una llamita hecha de lana de alpaca y un wichi wichi.
Características
de los danzantes:
Según
Portilla (2014) si bien las danzas son ejecutadas de manera grupal, cada
danzante debe reflejar carisma mediante la alegría y la fuerza de los pasos o
la suavidad de los mismos, según la coreografía lo requiera. El traje que
portan es pieza fundamental, pues su correcta colocación no solo refleja
elegancia, también evitará que diversos elementos que lo integran puedan
ocasionar molestias en sus portadores, ya que la ejecución de las coreografías
suele prolongarse durante mucho tiempo.
La
edad cumple un rol que no debemos dejar desapercibido pues, por lo general,
mientras más cubierto esté el cuerpo, mayor es la edad del danzante. Otro
elemento esencial durante la puesta en escena es la calidad interpretativa de
la banda que los acompaña, pues un sonido débil puede generar que otras bandas
opaquen la danza, incluso generar confusión.
BIBLIOGRAFÍA
Arguedas, José María
1967 : “La otra capital del Perú”. Diario El Comercio. 12 de noviembre
de 1967.
Bravo, Enrique : 1994 Festividad de la
Candelaria y sus danzas. Puno: Artes Gráficas Camacho E.I.R.L
Celestino, Olinda , 1998 : “Transformaciones
religiosas en los Andes peruanos. 2. Evangelizaciones” Gazeta de antropología.
N° 14, pp. 1-22
De Orellana, Juan
. 2015 “Variaciones sobre el tema de la virgen de la Candelaria: La
advocación mariana en el sur andino peruano y la evolución de su iconografía”
Revista de arquitectura . UNIFÉ. Vol.2, N°1, pp. 91-128
Podjajcer, Adil y Mennelli,
Yanina : 2009
“La mamita y pachamama en las performances de carnaval y la fiesta de Nuestra Señora
de la Candelaria en Puno y en Humahuaca” Cuadernos de la Facultad de Humanidades
y Ciencias Sociales – Universidad Nacional de Jujuy. N° 36, pp. 69, 92
Portilla, Erik
: 2014 “Volveré a bailar por ti”. Documental sobre la festividad de la
Virgen de la Candelaria en Puno. Tesis para optar el grado de Magíster en
Antropología Visual. Pontifica Universidad Católica del Perú.
Portugal, José
: 1981 Danzas y bailes del Altiplano. Lima: Editorial Universo.
Rivera, Enrique
: 2015 “Conversión religiosa e identidad cultural en el altiplano
peruano” Revista Cultura y Religión. Vol. 9, N°1
Valencia, Américo 2010 : “Danzas autóctonas de Puno”. Cuadernos
Arguedianos. 10 (12).



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