domingo, 5 de julio de 2026

OPINIONES: RESUMEN PARA LA HISTORIA DEL PASADO PROCESO ELECTORAL EN EL PERU

 EL RETORNO DE KEIKO FUJIMORI

Jacqueline Fowks

Desde: Centre di Ricerca, Università Cattolica di Sacro Cuore (Milano) 2 julio 2026

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oco después de las diez de la noche del 7 de junio, día de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, la candidata Keiko Fujimori se reunió en un gran salón de hotel con el círculo interno del partido Fuerza Popular, así como con senadores y diputados electos. Algunas figuras del gobierno dictatorial de su padre, Alberto Fujimori, estuvieron presentes, como Luz Salgado: una de las parlamentarias más leales al autócrata en los noventa, visitante habitual del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) dirigido por Vladimiro Montesinos, jefe de facto de las fuerzas armadas y asesor presidencial. 

"Caserita" del SIN
En una oficina del SIN, Montesinos filmó con cámara oculta a decenas de funcionarios, magistrados y empresarios implicados en pactos de corrupción para asegurar el poder y la reelección en el año 2000. Las grabaciones, llamadas vladivideos, son hoy muy actuales debido al poder omnipresente que la hija del dictador ha tejido desde 2022, a través de un gobierno parlamentario autocrático, con nuevas leyes inconstitucionales para subyugar o destituir jueces y fiscales, y cooptar instituciones estatales. Es decir: no hay independencia ni contrapeso de poderes ni garantías democráticas, y las fuerzas del orden han sido favorecidas por al menos cinco leyes recientes sobre "gatillo fácil", impunidad y amnistía.

La exparlamentaria Salgado aparece en vladivideo 806, que grabó una reunión de Montesinos con el grupo parlamentario fujimorista en 1998: el consejero explicó de forma didáctica la necesidad de controlar el Poder Judicial para asegurar el poder total en caso de que Fujimori obtuviera una tercera reelección en 2000. Dicha reelección era ilegal, pero en 1996 Montesinos maniobró la aprobación de una ley de "interpretación auténtica" de la Constitución para que el autócrata pudiera presentarse de nuevo, y en 1997 los tres miembros del Tribunal Constitucional que no se inclinaron y rechazaron la norma fueron destituidos.

La actualidad peruana evoca un poco de ese horrible pasado. Basta con revisar las palabras de Montesinos en vladivideo 806 para compararlas con la política criminal del Estado que el fujimorismo ha cambiado desde diciembre de 2022, tras concentrar el poder en un pacto de corrupción con otros partidos políticos aliados en el Congreso, y con el apoyo de las empresas y casi todos los medios tradicionales. Para que esa alianza pro-impunidad funcionara, el poder político —con su núcleo en el Congreso— capturó al Ejecutivo, la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia y el Ministerio Público. Además, a través de sanciones recientes e ilegales contra jueces honestos y destacados, este año ha acorralado al poder judicial.

"Estamos en abril del 98, en el gobierno no podemos dejar de reconocer que tenemos el control del Poder Judicial y del Ministerio Público, tuvimos al Consejo Nacional de la Magistratura en nuestra contra, y el Tribunal Constitucional estaba en contra del asunto que ya conoces.

"Hemos pasado a tener una situación positiva aquí, y aquí, y aquí. Mi pregunta es: vayamos al año 2000, gana el presidente Fujimori. ¿Qué ocurre en ese momento? No sabemos si tendremos mayoría en el Congreso. ¿Qué ocurre si perdemos el control del Poder Judicial y de la Fiscalía y tenemos un Consejo del Poder Judicial en contra? ¿Qué pasará con el Ejecutivo?"

preguntó Montesinos al grupo parlamentario fujimorista del que Salgado era miembro.

"Nos matan", "nos dan una paliza", "nos cuelgan",

Dos cabezas, pero un solo pensamiento
respondieron los parlamentarios poco a poco como estudiantes en un aula, en ese abril de 1998.

Montesinos respondió que, para evitar otro autogolpe como el del 5 de abril de 1992, estaban trabajando para asegurar que la reforma del Poder Judicial "dure hasta las calendas griegas, porque es la única forma para que el Gobierno controle el Tribunal Supremo con los magistrados provisionales".

El régimen autoritario liderado por Keiko Fujimori desde el parlamento, que terminará el 27 de julio con un presidente títere llamado José Balcázar, sigue pendiente de la aprobación de un proyecto de ley para modificar la Ley Orgánica del Ministerio Público y la Ley de la Carrera Judicial. Ambos buscan derribar completamente la autonomía e independencia del Poder Judicial, aunque ya han dado pasos en esta dirección con un nuevo marco regulatorio y con los organismos estatales ya capturados. Por esta razón, la perspectiva de un nuevo gobierno de la hija mayor del autócrata parece más autoritaria que nunca, en la línea de lo que Montesinos sugirió a finales de los noventa: extender la concentración del poder "hasta las calendas griegas".

Un poder no legítimo

El pasado lunes 29 de junio, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) concluyó la votación oficial de la segunda vuelta, y la diferencia entre Fujimori y el candidato izquierdista Roberto Sánchez fue de 49.461 votos. La lideresa de Fuerza Popular obtuvo el 50,1% y el líder de Juntos por el Perú el 49,8% de los votos válidos. Considerando solo los colegios electorales en territorio peruano, Sánchez obtuvo el 50% y Fujimori el 49,9%. Entre los votantes peruanos en el extranjero, Fuerza Popular obtuvo un 63,2% frente al 36,7% de Juntos por el Perú, el partido que representaba al expresidente Pedro Castillo, quien està en prisión por el fallido intento de autogolpe en diciembre de 2022.

Sánchez presentó un recurso ante la justicia electoral por irregularidades en el voto en el extranjero, ya que, a petición del Ministerio de Relaciones Exteriores, las oficinas consulares encargadas de las elecciones no digitalizaron los registros de votación en la segunda vuelta. Juntos por el Perú solo tenía representantes en el 40% de los colegios electorales fuera de Perú, y los sobres con las actas de la votación de Buenos Aires llegaron a Lima tres días después de las elecciones, cuando el plazo para impugnar las irregularidades ya había expirado. El candidato disputó la ausencia de una cadena de custodia de los documentos. El actual ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Pareja, ha sido cercano al fujimorismo desde los años noventa; por esta razón, ha aumentado la desconfianza sobre la ilegitimidad de la elección de Keiko Fujimori, que se presenta a la presidencia por cuarta vez.

"El próximo gobierno será cívico-militar, no hay duda: la principal característica del fujimorismo es la imposición de una autoridad fuerte, y para ello necesitan las fuerzas armadas, en la calle o donde sea necesario. Intrínsecamente, el fujimorismo y el militarismo son una combinación indisoluble: el fujimorismo no habría existido sin el consentimiento militar. Como dice Sánchez, este gobierno no será legítimo, un punto de vista compartido por millones de peruanos: ni social, ni política, ni electoral",

comentó uno de los principales periodistas peruanos, César Hildebrandt, pocas horas después del final de la votación oficial.

No hay garantías en justicia

Hildebrandt entrevistó a uno de los jueces recientemente sancionados de manera irregular e ilegal. La verdadera razón del castigo es la autonomía, no haberse sometido y algunas decisiones que en ese momento no agradaron a los fujimoristas ni a sus aliados. Richard Concepción Carhuancho ordenó la detención preventiva de Keiko Fujimori al inicio de la investigación sobre el caso Odebrecht en 2018, juicio por el que fue juzgada entre 2024 y 2025. La candidata recibió millones de dólares en financiación no declarada de la empresa constructora brasileña y otras empresas peruanas para sus campañas presidenciales de 2011 y 2016; por ello fue acusada de blanqueo de dinero y asociación criminal, entre otros delitos.

El Congreso, que finalizará su mandato en unas semanas, ha cambiado las normas para que los partidos políticos no puedan ser procesados por asociación delictiva, también ha reducido la duración de los procedimientos de colaboración efectiva en casos de corrupción y ha establecido nuevas condiciones para que los registros judiciales no sean inesperados, sino que deben realizarse en presencia de los sospechosos con sus abogados. Gracias a estas y otras normas, miembros del Tribunal Constitucional cercanos al Congreso emitieron sentencias para expulsar a dos de los coacusados de Keiko Fujimori del juicio, y luego también a ella misma.

"¿Cuándo cambia el sol al estilo copernicano? Cuando el actual Tribunal Constitucional declara que ese hecho no fue un delito", comentó el juez Concepción, cuestionado sobre la decisión que canceló el juicio en curso contra Fujimori y otros 30 acusados, acusados de simular que la financiación empresarial era microdonaciones de ciudadanos individuales.

El magistrado Concepción se había dado a conocer y distinguido desde que emitió una condena en un caso de corrupción vinculado a una organización criminal con raíces en un gobierno regional en la última década. La Junta Nacional de Justicia, el órgano punitivo del Congreso, le ha suspendido durante seis meses y tiene la intención de expulsarlo de su carrera judicial por otra razón: no querer aplicar una de las leyes pro-impunidad en favor de las fuerzas del orden, promovidas recientemente por el conocido parlamentario de la Fuerza Popular Fernando Rospigliosi. La mayoría de los jueces se negó a aplicar las leyes a favor de la amnistía y el plazo de prescripción por graves violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército y la policía. Esta legislación, promulgada y aprobada entre 2025 y 2026, contraviene la Constitución y la Convención Americana sobre los Derechos Humanos, y ha recibido críticas en varias ocasiones por parte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.

Ex militante de extrema izquierda, ahora "terruquea" 
Rospigliosi amenazó en enero con querer "barrer" con el Poder Judicial, mientras los magistrados seguían tomando decisiones a favor de las víctimas y no de los responsables. Desde el año pasado, 2025, la Junta Nacional de Justicia, en conjunto con el Congreso y las autoridades supervisoras del sistema judicial, ha sancionado o destituido a los tres fiscales anticorrupción más importantes, así como a varios jueces con un perfil similar al de Concepción Carhuancho. Solo por haber defendido el debido proceso, la constitucionalidad y la "convencionalidad" de sus decisiones, y la autonomía del Poder Judicial.

Esta maquinación ha sido orquestada por Keiko Fujimori durante los últimos tres años, en coalición con políticos de otros partidos, que también están siendo investigados o juzgados por corrupción, ya sea de derechas, de izquierdas o pragmáticos. Así que allanó el camino para que él permaneciera en el poder y asumiera, esta vez con su propio rostro, el Ejecutivo.

En el Congreso bicameral que tomará posesión el 28 de julio, Fuerza Popular y su aliado de extrema derecha Renovación Popular no alcanzan la mayoría, pero los grupos parlamentarios de los partidos Obras y Buen Gobierno no dan señales firmes de querer oponerse a ellos. Por ahora, solo Juntos por el Perú y el centroizquierdista Ahora Nación insisten con su promesa de derogar las leyes pro-crimen y pro-impunidad.

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Jacqueline Fowks es periodista, actualmente profesora en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

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