VERDADES UNIVERSALES
Por Gustavo
Espinoza M.
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L |
a
proclamación de resultados electorales referidos a la contiende del 7 de junio,
registrada el pasado viernes, cierra un periodo de la vida política del país.
Para el Perú formal, se acaba una etapa y empieza otra. Y en ella, el deber de
“los patriotas” es cerrar filas en torno a Keiko Fujimori porque ella fue “la
presidenta que ganó la elección”.
Se
trata, por cierto, de una afirmación que buscará instalarse como una verdad
universal, cuando en realidad, las verdades universales que manejan los peruanos
son otras.
La
primera verdad universal es que hubo trampa en las elecciones del
2026. No se necesita hablar de “fraude” porque ese es un término
desgastado. Decimos trampa, porque ese concepto responde a una estrategia de
mayor cuantía y de más alto nivel, y que asoma a través de diversas
modalidades,
La
inicial se expresó en la singular captura de todos los órganos de Poder por
parte de la mafia gobernante. Desde la construcción de una “mayoría”
corrupta en el Congreso de la República hasta la captura de todos los órganos
de conducción del Estado, como la Fiscalía de la Nación, el Tribunal
Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, la Cúpula Castrense, la “Prensa
Grande”, el Empresariado y hasta la Defensoría del Pueblo, cayeron una a una en
manos de un mismo núcleo de Poder
Y
el hecho se fue procesando gracias a la “alianza” de fuerzas efímeras y
casuales; y contó con la vergonzosa adición de “Perú Libre”, la creación
de Vladimir Cerrón. Así se completó la “mayoría” oficial que hizo de las suyas
sobre todo a partir de diciembre del 2022.
El
control de todo el andamiaje legal no fue suficiente. Debió añadirse un
conjunto de acciones destinado a debilitar a la oposición, pero también a
dominar la estructura electoral y manejarla a su antojo.
La
tercera, no es tampoco nueva. Se
viene aplicando desde hace más de dos décadas, pero esta vez se mostró
realmente fulgurante. Se refiere al nivel de representación que alcanzó la
persona que ocupó el primer lugar en la votación. Para entender el caso, hay
que bajar a tierra: Keiko Fujimori obtuvo en la primera vuelta electoral
-el 12 de abril- el 10% de los votos.
Ese
porcentaje se elevó artificialmente a 17% cuando recibió -añadidos- los votos
nulos y viciados que se consideran “válidamente emitidos”. Elevó su porcentaje,
pero el número de votos fue el mismo: el 10% de los sufragios.
Con
ese porcentaje a Keiko debió corresponderle el 10% de la representación
parlamentaria: en un Senado de 60 miembros, debió obtener 6 Senadores. Y en una
Cámara de Diputados de 130, 13 parlamentarios.
Ocurrió
sin embargo que, en lugar de 6 Senadores, le asignaron 22. Y en vez de 13
diputados, le reconocieron 41, ¿Cómo sucedió eso? Bueno, fue una simple
“interpretación de la ley”. Le sumaron también allí los votos nulos y viciados
y eso la favoreció en tal extremo.
Esa
verdad, entonces, es monda y lironda: Keiko Fujimori tiene una
representación parlamentaria que no le corresponde y que nunca obtuvo.
Simplemente se la regalaron.
La
cuarta, es también fácilmente
comprobable. Keiko Fujimori perdió la elección en el Perú, pero será la nueva
presidenta del Perú. Aquí, quien ganó -es decir, Roberto Sánchez- obtuvo
9.060,022 votos, el 50.088% de los sufragios. Y Keiko alcanzo 9.028.008, el
49.912% de los votos. Esa es una verdad universal que nadie podrá
desconocer.
Keiko,
que perdió la votación en el Perú, “volteó” esa realidad con los votos
obtenidos en el exterior, sobre todo en los Estados Unidos. Un hecho
insólito, pero también inédito, que abrió una suerte de Caja de Pandora. Nunca
había ocurrido.
¿Cómo
fue posible esto?: mediante un artificio simple: no se efectuó la
digitalización de los votos cuando estos fueron computados, es decir, cuando el
escrutinio se cerró en mesa, como estaba normado de acuerdo con la ley.
Para
posibilitar eso, las autoridades electorales resolvieron “cambiar la norma” y
dispusieron que, entre la primera y la segunda vuelta, eso fuera posible.
¿Puede un cambio reglamentario modificar una ley? ¿Puede disponerse un
cambio así en la parte final de un Proceso Electoral?
Podrán
las autoridades proporcionar múltiples explicaciones, pero lo que quedará claro
y se convertirá en la cuarta verdad universal, es que al no digitalizarse los
votos una vez obtenidos, entre el traslado de las actas y su computo en Lima
-con varios días de trasiego- se perdió la seguridad y el secreto del sufragio.
Por
lo demás, rota la línea de garantía y con las actas abiertas a terceras
personas -los trabajadores del Servicio Consular-, cualquier cambio pudo
haberse producido En todo caso, se perdió en absoluto la garantía elemental de
una consulta electoral
Una
quinta verdad tiene que ver con la
presencia de elementos foráneos en el desarrollo del proceso electoral. No se
trata de los veedores extranjeros formalmente acreditados, sino de un
diplomático extranjero -el único- que tuvo acceso directo y conexión permanente
con los órganos electorales durante todo el proceso.
Fue,
en efecto, el embajador de los Estados Unidos -Mr, Bernie Navarro- el único
embajador acreditado ante el gobierno peruano, que se entrevistó en diversas
ocasiones con los funcionarios del Poder Electoral y que tuvo acceso a todos
los procedimientos en marcha. Ningún otro miembro de ese servicio gozó de tales
privilegios.
Cinco
verdades universales que todos deben conocer y sustentar para sustraerse de la
disyuntiva falsa en la que nos quiere colocar la prensa vendida, No se trata de
“reconocer”, o no, la elección registrada. Se trata de afirmar que ella no
representa la voluntad ciudadana porque fue ostentosamente manipulada para
proporcionar un resultado contrario a la opinión de nuestro pueblo.
Más
allá de cualquier artificio, entonces, Keiko Fujimori no simboliza la legalidad
ni encarna la democracia. <->

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