LA INQUISICIÓN DEL SIGLO XXI:
EL TERRUQUEO
Por: Jorge Luis Choque
Perú: 22/05/2026
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la arena política contemporánea, la palabra ha dejado de ser instrumento de
persuasión para convertirse en arma de aniquilación simbólica. Lo que en el
Perú denominamos "terruqueo" no es un exabrupto de ignorancia ni un
fenómeno aislado: es una táctica política sofisticada, diseñada para blindar el
privilegio económico y deslegitimar cualquier intento de cuestionar el orden
establecido.
Esta
inquisición mediática oculta una paradoja cínica que el periodista René
Gastelumendi ha denominado la "derecha roja". Mientras los sectores
conservadores agitan el fantasma del comunismo para aterrar al electorado, sus representantes
en el Congreso —Fuerza Popular, Avanza País y Renovación Popular— actúan bajo
la misma lógica destructiva que dicen combatir. En una alianza contra natura
con bancadas de izquierda radical, han dinamitado la institucionalidad
financiera del país.
Como
advierte el Consejo Fiscal en 2026, el "modelo" que juran proteger
está siendo asesinado desde adentro por sus supuestos guardianes, quienes
ignoran sistemáticamente las advertencias técnicas del MEF para priorizar el
cálculo político y el reparto de bonos.[2]
Cuando una demanda básica —agua, justicia ambiental o derechos laborales— es etiquetada como "amenaza subversiva", el foco de la discusión pública se desplaza de la justicia social hacia la seguridad nacional. Bajo esta premisa, el Estado justifica el uso desproporcionado de la fuerza.
Lo
irónico es que esta misma "derecha roja" que “terruquea” al
sindicalista o al campesino es la que, ha destruido la meritocracia; ha debilitado
el mercado de capitales; y, ha disparado la deuda pública hacia proyecciones
alarmantes del 70% del PBI para 2036.
El Perú no es el único laboratorio de esta táctica. Como explica la politóloga Wendy Brown, existe una tendencia global de las derechas radicales para convertir el desacuerdo democrático en problema de "orden público"[3]. Como revelan la historia de la inteligencia y los archivos desclasificados, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos ha estructurado, financiado y legitimado el motejar a opositores como "comunistas" como una pieza central de su estrategia anticomunista regional. No se trata de un debate ideológico altruista, sino de una guerra psicológica diseñada para inclinar procesos políticos hacia líderes funcionales a Washington y, fundamentalmente, a los intereses del gran poder económico nacional e internacional.
Aunque
hoy parezca absurdo acusar a Haya de la Torre o a Belaunde de comunistas, la
difamación histórica justificó persecuciones feroces. A Haya lo tildaron de
"subversivo" y a su partido de "agente moscovita" para
avalar su exilio y el fusilamiento de 5,000 apristas en Trujillo [4]. A
Belaúnde lo llamaron "comunista" por plantear la reforma agraria,
bajo el cínico eslogan odriísta: "Exdictador militar sí, Belaúnde
comunista no" [5].
El
“terruqueo” no es el escudo de la democracia: es su verdugo. Es una herramienta
de distracción masiva para que el país acepte con resignación un Congreso que
nos cuesta más de S/ 1,700 millones al año mientras asfixia el crecimiento
nacional.
Para
estos "salvadores del sistema", ser tildado de “rojo” o “comunista”
parece ser un estigma mucho más imperdonable que poseer un prontuario de
corrupto, acosador o traidor confeso. Es lamentable su escala de valores:
cuestionar sus prebendas es un sacrilegio, mientras que ser un clasista,
sexista o un incompetente oportunista se reduce a un simple "error de
gestión" que se purifica en el Tribunal Constitucional, cuando no en el
Congreso.
La
historia no la escriben los que insultan ni los que legislan en beneficio de
sus prebendas bajo el disfraz de la libertad. La historia la escriben los
pueblos que se atreven a caminar con dignidad, desenmascarando a quienes, en
nombre de salvar el sistema, terminan por destruirlo.
Referencias:
[1]
Levitsky & Ziblatt, How Democracies Die (2018)[1]
[2]
Consejo Fiscal, 2026[2]
[3]
Wendy Brown, politóloga[3]
[4]
Persecución a Haya de la Torre y el APRA[4]
[5]
Campaña odriísta 1962-1963 contra Belaúnde[5]




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