EL PUEBLO DE BOLIVIA
MARCA EL CAMINO
Por LA ALAMEDA 20 mayo, 2026
La
chispa que encendió la actual rebelión fue el Decreto Supremo 5503, mediante el
cual el gobierno eliminó los subsidios a los combustibles. El resultado fue
inmediato: aumentos de hasta un 162% en el precio del diésel y la gasolina,
disparando el costo de vida y profundizando una inflación ya fuera de control.
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| Pronunciamiento popular bajo el cielo collavino |
La
población percibió rápidamente que detrás del discurso de “modernización” se
escondía una transferencia de riqueza desde las mayorías populares hacia las
élites financieras y empresariales. Bolivia, un país con una larga memoria de
luchas contra el saqueo de recursos naturales, reaccionó con fuerza.
El
impacto social: hambre, inflación y desesperación
Las
consecuencias sociales del ajuste fueron devastadoras. El aumento de
combustibles impactó directamente en los precios de alimentos, transporte y
productos básicos. La escasez de dólares paralizó importaciones, debilitó la
actividad productiva y generó incertidumbre generalizada.
En
los barrios populares de El Alto y La Paz, la bronca creció a medida que las
familias perdían capacidad de compra y comenzaban a faltar alimentos y
medicamentos. Mientras tanto, los sectores empresariales exigían “mano dura”
para despejar rutas y garantizar exportaciones.
La
crisis dejó al descubierto una contradicción brutal: mientras el gobierno
hablaba de equilibrio fiscal, el pueblo hablaba de supervivencia.
Las
organizaciones populares y la conducción de la resistencia
La
rebelión boliviana no surgió espontáneamente. Tiene organización, historia y
conducción política y sindical. La Central Obrera Boliviana (COB), encabezada
por Mario Argollo, pasó de exigir aumentos salariales y soluciones económicas a
reclamar directamente la salida del presidente.
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| Mallcus, listos |
Dirigentes como Jaime Condori y Bernabé Gutiérrez Paucara se transformaron en referencias de la resistencia territorial, especialmente en los bloqueos y cercos sobre La Paz. La llamada “Marcha por la Vida” unificó distintos sectores sociales bajo una consigna común: detener el ajuste y derrotar al gobierno.
Detrás
de esta articulación también aparece la influencia política de Evo Morales,
quien conserva fuerte inserción en sindicatos campesinos y cocaleros, aun en
medio de la persecución judicial y las órdenes de captura impulsadas por el
oficialismo.
Del
reclamo económico al “que se vaya”
Toda
gran rebelión popular tiene un punto de inflexión. En Bolivia, ese momento
llegó cuando amplios sectores dejaron de reclamar solamente medidas económicas
y comenzaron a exigir la salida del presidente.
La
lógica popular fue simple: si el ajuste es inseparable del gobierno, entonces
el problema ya no es una ley o un decreto, sino el poder político que los
sostiene.
La
represión aceleró este proceso. Las muertes de manifestantes, las detenciones
masivas y la judicialización de dirigentes sindicales radicalizaron el
conflicto. Lo que inicialmente era una protesta contra el aumento de
combustibles terminó convirtiéndose en una crisis de legitimidad del régimen
político.
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| Profesores y masivo apoyo del pueblo |
Uno
de los elementos más explosivos de la crisis es la ruptura interna en el
gobierno. El vicepresidente Edmand Lara tomó distancia pública de Rodrigo Paz y
pasó a respaldar abiertamente las movilizaciones.
Lara
denunció la represión, cuestionó las medidas de ajuste y llamó a abrir un
diálogo sin condiciones. Pero su movimiento no es solamente moral o
institucional: expresa una fractura real dentro del bloque de poder.
En
Bolivia, históricamente, las divisiones en las fórmulas presidenciales han
anticipado cambios de ciclo político. Lara parece intentar construir una
alternativa apoyándose en el desgaste del presidente y en la presión popular de
las calles.
La
posibilidad de una sucesión constitucional ya no parece una hipótesis lejana.
Estados
Unidos, Israel y la derecha regional cierran filas con Paz
El
respaldo internacional al gobierno boliviano no es casual. Estados Unidos ve en
Rodrigo Paz Pereira a un aliado estratégico para consolidar un giro conservador
en la región y garantizar condiciones favorables para las inversiones privadas
y el control de recursos estratégicos.
En
ese marco, Washington denunció las protestas como un intento de
“desestabilización”, mientras gobiernos de derecha de la región cerraron filas
con La Paz. También crecieron las denuncias sobre apoyo logístico externo para
reforzar los aparatos de seguridad bolivianos particularmente de parte del
gobierno de Milei.
El
alineamiento geopolítico es evidente: detrás de la defensa del gobierno no solo
está la preocupación por la estabilidad institucional, sino el temor a que
Bolivia vuelva a convertirse en un ejemplo de resistencia popular contra el
neoliberalismo.
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| Presidente Paz: Empezó aplicando neoliberalismo salvaje |
Ese
es el verdadero fantasma que recorre a las derechas latinoamericanas. Si el
pueblo boliviano logra derrotar un programa de ajuste mediante la movilización
popular, el impacto regional podría ser enorme.
En
un continente atravesado por inflación, endeudamiento, pérdida salarial y
políticas de ajuste, Bolivia puede transformarse en una referencia política
para otros pueblos que también enfrentan ataques contra sus condiciones de
vida.
Por
eso las élites económicas observan con preocupación cada bloqueo, cada marcha y
cada señal de debilidad del gobierno. No temen solamente perder Bolivia: temen
que el ejemplo se multiplique.
Los
posibles escenarios
Hoy
Bolivia parece encaminada hacia tres posibles desenlaces.
El
primero es una salida institucional mediante la renuncia de Rodrigo Paz y la
asunción del vicepresidente Edmand Lara, quien buscaría desactivar el conflicto
restituyendo subsidios y frenando privatizaciones.
El
segundo —y quizás el más probable— es una larga guerra de desgaste. El gobierno
apuesta a quebrar la resistencia popular mediante el desabastecimiento, el
cansancio y la presión económica. Los movimientos sociales, por su parte,
buscan volver ingobernable el país hasta forzar la caída presidencial.
El
tercer escenario es el más peligroso: una salida represiva abierta mediante
estado de excepción y militarización total. Ese camino podría derivar en una
espiral de violencia con consecuencias imprevisibles para Bolivia y toda la
región.
Un punto de inflexión para América Latina
La
lucha boliviana excede las fronteras nacionales. Lo que está en juego es una
discusión mucho más profunda: quién paga las crisis económicas y quién controla
los recursos estratégicos de nuestros países.
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| El pueblo sufre |
Bolivia
vuelve a recordarle al continente una vieja verdad latinoamericana: cuando los
pueblos se ponen de pie, ningún poder parece eterno. <:>





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