domingo, 3 de mayo de 2026

ASPECTOS SALTANTES DE LA REALIDAD SOCIAL PERUANA

 RACISMO EN EL PERÚ

Por: Moisés Suxo Yapuchura

Introducción

La historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue, muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad nacional.

Este artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras: Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo, cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.

1. Testimonios

Jacobo en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado, había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”

Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.

Por otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos. Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido ningún problema.” Prosiguió: “En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía: ‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos hablando castellano.”

El relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.

2. Análisis comparativo

2.1. Migración como choque cultural

Ambos testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú. Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.

• Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo de vergüenza.

• Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad, pero desde una perspectiva más integradora.

Ambos casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.

2.2. Identidad: de la vergüenza al orgullo

• Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza, ocultamiento y exclusión.

• Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña. Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.

Mientras que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural, aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no necesariamente de la desaparición del racismo.


2.3. Lengua y memoria como fronteras

La lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante. Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del aimara.

Ambos coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa, ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos a redefinirse y posicionarse culturalmente.

2.4. Relaciones laborales: de la hostilidad al compañerismo

• Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización ("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los migrantes.

• Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo: "con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando de la jardinería a la oficina.

Esto podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos explícitas.

3. Conclusión

Los testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.

Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.

Ambas voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.

4. Llamado a la acción

¡Nunca más vergüenza por ser quienes somos!

“Antes era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”

Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.

¿Qué podemos hacer?

• Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.

• Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.

• Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.

• Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de “nosotros”.

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Referencia

Suxo Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).

Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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