EN BUSCA DEL
GOLPE DE ESTADO
Por: Gustavo Espinoza M.
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M |
arcel
Proust,
el eximio escritor francés del siglo pasado, dedicó buena parte de su vida a
escribir sugerentes reflexiones referidas a su tiempo, que publicó bajo el
título de “En busca del tiempo perdido”. En cambio los
fascistas criollos de aquí dedican su esfuerzo a buscar obsesivamente un
Golpe de Estado, que anhelan sea como el que consumara Augusto Pinochet en
septiembre de 1973 y que regara Chile de sangre y muerte.
Bien
podría decirse, aludiendo en todo caso a lo perdido, que promover y alentar un
Golpe de Estado de corte fascista en el Perú de hoy, es también un tiempo
perdido. incluso en el caso de que lograsen ejecutarlo.
Y
es que acabar con un Partido Comunista -o con un pueblo rebelde- es como
pretender vaciar el océano sacándole el agua con una cuchara, como se lo
dijera al mismo Pinochet otro héroe del pueblo chileno, el “chino” Díaz, de
permanente recordación.
En
realidad, lo que ocurre es que los fascistas criollos están aterrados porque
una vez más han perdido. Y eso, cuando menos lo esperaban. Estaban
seguros de ganar claramente en la contienda del 12 de abril. Daban por
descontado, en todo caso, que entre Keiko y López Aliaga se disputaría la
segunda vuelta y que entre una y otro existía identidad de propósitos y
objetivos.
Las
cosas no les salieron, y entonces la vida los puso ante una confrontación -la
del 7 de junio- que tiene todos los visos de configurar una nueva derrota para
la costa corrupta.
Juegan
con fuego los que hoy alientan un Golpe de Estado. Hoy, con la mayor
desfachatez, cuando clamaban para que Pedro castillo “se pudriera en la
cárcel” por intentar “un golpe e Estado” el 7 de
diciembre del 2022, ellos lo piden.
Hablan
de “un golpe militar democrático” y lo comparan con el de
Pinochet, como si hubiese sido democrático el zarpazo de la hiena del sur, y
como si creyeren en su infinita ingenuidad que es posible concebir “un
fascismo con rostro humano”.
Lo
que les importa no es la democracia, sino la muerte, la de sus adversarios,
claro, que como es natural, son los que luchan en defensa de los intereses del
país y de los trabajadores.
Es
bueno que les advirtamos, entonces, algunas cosas: Roberto Sánchez, no es comunista. Y Juntos por el Perú no es tampoco un
Partido Comunista, Y eso, lo sabemos muy bien los comunistas, que podemos
asegurarlo sin engañar a nadie.
Roberto
Sánchez y sus compañeros ofrecen, en todo caso, un gobierno popular,
democrático y progresista. Quizá incluso antiimperialista en la medida que
habrán de defender -si son consecuentes con sus promesas- la Independencia y la
Soberanía del Estado Peruano, acosado también por la insaciable voracidad de los
Estados Unidos.
Es
claro que los comunistas peruanos lo
apoyaremos. Y eso no es sólo lógico, sino también natural. No sería sólo un
derecho, el hacerlo, sino también un deber y una responsabilidad ante nuestro
pueblo y ante la historia de nuestro continente.
¿De
qué otra manera podría ser nuestra conducta? ¿Podríamos los comunistas peruanos
enfrentarnos y combatir a un régimen patriótico, democrático y antimperialista?
Eso sería simplemente absurdo.
Y
ese apoyo no sólo seria de los comunistas. Sería de todo el pueblo porque marcaría
un verdadero hito en la historia de nuestro país, en el que se han sucedido
gobiernos oligárquicos, reaccionarios y proimperialistas que han destruido la
vida nacional y dejado en el hambre y la miseria a millones de peruanos.
Eso
lo sabe también la clase dominante. Por eso, su anticomunismo es falso. Simplemente
se esgrime como un pretexto porqué lo que quiere es golpear al pueblo, quebrar
la resistencia de los trabajadores, doblegar a los campesinos, humillar a las
mujeres, desorientar a los jóvenes y, sobre todo, destruir a todos los que
cuestionan el “modelo” Neoliberal, que es el negocio de los ricos,
y que anhela perpetuar.
No obstante, tentar un Golpe de Estado para eso, es más bien algo así como abrir una Caja de Pandora. Fue la curiosidad la que llevó a la hija de Zeus a abrirla para conocer su contenido. Hoy, no sería la curiosidad, sino el miedo el que podría incitar a los explotadores a actuar como la grácil doncella de la mitología griega. Pero las consecuencias, serían similares: Todos los males se abatirían sobre la sociedad peruana y los primeros que tendrían que pagar por eso serían los mismos golpistas. Que nadie lo dude. <●>


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