sábado, 7 de abril de 2018

HISTORIANDO EL DESPOJO TERRITORIAL


ACORA
EL PUEBLO QUE ODIA A VIZCARRA
Tomado de “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” 6ABR18
Escribe: RICARDO VELAZCO. Fotos: JOEL DURAN
S
e llama Acora, está en Puno a 3,867 metros de altitud y señala al actual presidente de la República como el responsable de casi todos sus malestares. Sus autoridades le entregaron a Keiko Fujimori las denuncias que ella mencionó en el debate contra Kuczynski. Estamos hablando de 28 centros poblados y 103 comunidades campesinas
En Ácora, el pueblo puneño que odia a Mar­tín Vizcarra, no están dispuestos a conce­derle una ‘luna de miel” al Presidente. En este distri­to, situado a 3,867 metros sobre el nivel del mar, el resentimiento con­tra el moqueguano se incubó a fi­nales de la década de los ochenta y desde entonces no dejó de alimen­tarse. Vizcarra es para los acoreños el responsable de sus desdichas sociales. “Mi pueblo ha manifestado que no lo quiere. La historia que él nos dejó es de problemas y protes­tas. Empezó por una compra de te­rrenos que hizo para el proyecto es­pecial Pasto Grande y que ha traído la contaminación de la cabecera de cuenca”, dice Félix Catacora Chura, el alcalde.
Es Domingo de Resurrección y el paradero de autobuses de Ácora, a 32 kilómetros de Puno, está ates­tado de vendedores que ofrecen tubérculos, panes serranos, lana recién trasquilada y juguetes. En la plaza de armas tres o cuatro lugare­ños actúan como oradores calleje­ros y lanzan incendiarios discursos contra la gestión municipal.
En su amplia oficina de la mu­nicipalidad Félix Catacora, el inge­niero civil que salió electo alcalde en el 2015, ignora a sus críticos y se concentra en el enemigo común de los acoreños: Martín Vizcarra. Al burgomaestre lo acompaña una corte de consejeros municipales. Un inmenso cuadro que recrea la salida de Manco Cápac y Mama Ocllo del lago Titicaca, preside el despacho.
Honorio Checcalla Muñuico
La historia de rencor comenzó a gestarse en 1989 cuando el actual presidente era funcionario del de­partamento de Moquegua y estaba al frente del proyecto de irrigación Pasto Grande. “En aquella época Vizcarra convenció a ocho fami­lias acoreñas para que vendieran sus terrenos que abarcaban 5,145 hectáreas situadas en la frontera con Moquegua y que serían usa­das para el proyecto de irrigación. A cambio de las tierras, además de 10 millones de intis, él ofreció a las familias cinco hectáreas de tierras fértiles en Moquegua para que las puedan trabajar. Y también les prometió un terreno de mil metros cuadrados en una zona conocida como Hawái”, dice Honorio Checalla Muñuico, antropólogo e inge­niero ambiental de 54 años, parien­te de algunos de los que aceptaron la oferta. Según Checalla, ninguno recibió la tierra prometida. “Tengo varios familiares que aceptaron venderle sus terrenos y se mudaron a Moquegua pensando que vivirían de la agricultura, pewro esperaron por las puras porque nunca se les dio nada. “Ahora algunos son tricicleros y otros taxistas. Hacen de todo menos trabajar la tierra” asegura Checalla. Tampoco las parcelas de Hawai habían sido el paraíso que les ofrecieron. “ Recién 22 años después de la venta de los terrenos, y por presión de los afectados, es que Vizcarra, como gobernador de Moquegua, designó un área para que se establecieran. El problema es como irse a vivir a un pueblo joven. No había agua, desagüe, ni luz. Y cada familia solo recibió 200 metros cuadrados y no los mil de la oferta original”, dice Checalla.
Sin embargo, la afrenta más grande a los acoreños se produjo cuando desde el gobierno regional de Moquegua se habría pretendido anexar a su territorio las cinco mil hectáreas adquiridas a los agricul­tores puneños. “Eso se originó en el 2003, cuando Vizcarra se presentó en el Congreso para dar algunas explicaciones sobre el proyecto Pasto Grande y comenzó a decir que los terrenos le pertenecían a Moque­gua y no a Puno”, dice Checalla, quien en ese tiempo viajó hasta Lima para tocar las puertas del Congreso y dar cuenta del caso.
Otro acoreño que no cree en el discurso conciliador de Vizcarra es Jaime Ccaylahuili Huanca, un licenciado del ejército y “orgulloso etnocacerista”, que asesora al go­bierno regional de Puno para este caso. Este exmilitar de 47 años nos recibe en una pequeña oficina donde guarda los registros civiles de todo el distrito además de un gi­gantesco archivo digital con docu­mentos y mapas del área de Pasto Grande. Ccaylahuili es reconocido en el pueblo como uno de los ma­yores expertos del tema y lo que él dice es respetado por la comuni­dad.
Alcalde Félix Catacora y Victor Huarcaya Flores dirigente Central de
barrios
“Vizcarra es peor que Alberto Fujimori cuando se trata de no res­petar al Congreso -dice Ccaylahui­li- porque, pese a que los límites entre Puno y Moquegua están re­gistrados en resoluciones legislati­vas de hace 60 años, él ha ignora­do los documentos y ha preferido alargar el tema llevándolo a juicio”, dice Ccaylahuili.
En el 2009 las regiones co­menzaron a negociar una salida al conflicto limítrofe con la interme­diación de funcionarios de la PCM. “En el 2012 la PCM emitió un pri­mer informe favorable a nosotros sobre dos de los tres tramos del territorio. El problema fue que para ese tiempo el señor Vizcarra ya era presidente regional de Moquegua, y al ver que no le daban la razón pateó el tablero y le ordenó a su procurador desconocer la decisión de la PCM y llevar el caso a una ins­tancia judicial en su región. Recién este año un Juzgado Mixto de Mo­quegua nos ha dado la razón”, aña­de Ccaylahuili, quien formó parte del equipo puneño que participó de las negociaciones. “En una reunión que tuvimos en la sede de la Defensoría del Pueblo en Lima éramos cuatro o cinco personas, incluyen­do a Alfredo Pezo Paredes, director nacional de demarcación territorial de la PCM. De repente, cuando el señor Pezo quiso iniciar el diálogo, Martín Vizcarra se opuso y lo ninguneó. Dijo que no hablaría con funcionarios de segundo nivel y se fue”, cuenta CCaylahuili.
Y aunque parte de la cuestión limítrofe ya se resolvió en el Po­der Judicial queda en disputa lo más difícil, una franja del territo­rio de Pasto Grande, un tramo de 67 kilómetros. El problema, dice Ccaylahuili, es que el proceso sigue pendiente en la PCM, donde “aho­ra manda Vizcarra”.
Los vecinos, organizados en frentes de defensa, no creen en las buenas intenciones del nuevo presidente. ‘Yo no sé qué clase de ofrecimientos hizo Martín Vizcarra cuando compró los terrenos, pero el señor claramente no ha tenido la voluntad política para llegar a un acuerdo con Puno sobre Pasto Grande. Simplemente ha estado interesado en que esos terrenos queden para su región porque sabe que tienen el potencial para con­vertirse en una zona minera con re­cursos hídricos y energía geotérmi­ca”, dice Javier Ramos Mendoza, fundador del Frente de Defensa de los Intereses Territoriales de Ácora en el 2016.
Este dirigente, de 45 años, sur­gido de las canteras de construc­ción civil, fue quien personalmente informó a Keiko Fujimori de las desavenencias de los acoreños con Vizcarra. La ocasión se presentó en plena campaña electoral, durante uno de los viajes proselitistas de la lideresa de Fuerza Popular a Puno: “No es que nosotros simpaticemos con ese partido pero aprovechamos cuando Keiko Fujimori visitó Acota para alcanzarle un carta contándo­le sobre el problema que teníamos con el señor Vizcarra. De igual manera lo hicimos con la gente de Pedro Pablo Kuczynski, revela Ra­mos. Fujimori utilizó la carta en el debate de segunda vuelta para ata­car a su contendor y llamar a Vizcarra “reo contumaz”.
Hasta aquí las versiones moderadas del conflicto y la desconfianza hacia Kuczynski. Luego están las versiones enconadas, las que corren como pólvora en la ciudadanía.

Es el caso de Temístocles Arucutipa Huanca, un técnico agro pecuario de 31 años, que afirma con vehemencia que en 1989 “Vizcarra compró esos terrenos con su dinero y para beneficiarse él”. Según este dirigente, con el moqueguano en Palacio Acora no sólo perderá los 67 kilómetro de frontera sino también la posibilidad de convertirse en provincia. “Se ha ingresado al Congreso un proyecto de ley el año pasado para que el distrito pueda ser provincia pero ahora que Vizcarra está como presidente habría que ver si se convierte en uno de los enemigos de esa causa”, dice Arucutipa.
“Y si no nos convertimos en provincia seguiremos sufriendo el atraso económico que ahora tene­mos, pese a que somos el distrito más antiguo de Puno. Ahora solo disponemos de agua durante 20 o 30 minutos al día, no existe un sis­tema de alcantarillado, por lo que el desagüe se descarga en unas po­zas y solo hay un colegio particular que ofrece educación de mediana calidad”, agrega Percy Calizaya, pe­riodista local del diario “Sin Fron­teras”.
Otro de los frentes, la Central de Barrios de Ácora, que agluti­na a los vecinos de 17 centros po­blados, añade más leña al fuego y pone en escena supuestos intereses mineros. “No queremos que este señor siga de presidente, queremos nuevas elecciones. Ha ofrecido mil cosas a nuestra población de la frontera y no ha cumplido nada. Lo único que ha hecho es beneficiar a las empresas mineras que están muy interesadas en usar el agua de esa zona. Una de ellas es la empresa Anglo American, responsable del proyecto Quellaveco, empresa con la que él ha trabajado muy de cer­ca”, dice Víctor Huarcaya Flores, vicepresidente del movimiento.
A este panorama se suman los problemas ambientales y, aunque en este caso Vizcarra no ha juga­do papel alguno, los acoreños no creen que el presidente ayude a mejorar su situación. Según el in­geniero ambiental Checalla, “en el 2000, cuando las tierras ya habían sido compradas, las autoridades moqueguanas permitieron que la minera Aruntani S.A.C. comenzara a operar y a botar sus relaves cerca de Pasto Grande. Este problema originó un éxodo humano en bús­queda de agua salubre y que la po­blación de 50 mil alpacas comience a ser mermada”.
Lucha por la provincialización
Y los líderes locales denuncian que en los reservorios de agua próximos a Pasto Grande se ha detectado niveles altos de contami­nación por metales. Sustentan su denuncia en informes de la Direc­ción General de Salud Ambiental (DIGESA), la Dirección Regional de Salud de Moquegua (DIRESA), la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y la consultora V-5.
Javier Ramos, del Frente de Defensa, y Víctor Huarcaya, de la Central de Barrios, las voces más radicales, esperan reunirse con re­presentantes de los 28 centros po­blados que existen en Ácora. La fe­cha de la cumbre está programada para el próximo 2 de mayo, cuando se celebre el aniversario 356 de creación del distrito.
Miguel Arucutipa Quispe, jefe de 15 grupos de rondas campesinas, tampoco está dispuesto a conceder tiempo al presidente. “Con los go­biernos de turno jamás hemos tenido un diálogo. Elaboran sus leyes desde una oficina y no en el campo. Con Vizcarra nos parece que es el mismo cuento. Primero enamoró a los campesinos que eran dueños de las tierras y luego los traicionó”, dice el anciano de 75 años.
Y el alcalde de Catacora anuncia un viaje a Lima la próxima semana para solicitar una reunión con el nuevo presidente. “A principios de marzo ya le había solicitado una au­diencia al señor Kuczynski pero la crisis cambió el panorama. Ahora veré si es que el presidente Vizcarra tiene disposición o no de ayudar­nos. Eso será informado a nuestra gente y ya dependerá de ellos cómo serán nuestros próximos pasos”, dice el burgomaestre.



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