lunes, 2 de abril de 2018

INSTRUMENTOS MUSICALES DEL ALTIPLANO


TRAS EL NOMBRE DEL
CHARANGO
Carlos Chávez Lencinas
Tomado de JULI ETERNO N° 2
Tuve la suerte de crecer entre las notas alegres y, a la vez nostálgicas, de las cuerdas de un charango, en las que mi abuelo Manuel tocaba y, para privilegio y orgullo de nuestra familia, aun toca en esas reuniones familiares tan fraternas y que desde la distancia añoro. O cuando en alguna radio local en nuestro pequeño Juli lo invitan para que interprete algunas melodías, cosa frecuente cuando se aproxima el 14 de setiembre. 
Esos huayñitos resuenan en mi memoria cada vez que pienso en esa fiesta que, casi como en todas, en nuestra tierra, mezclan lo pagano y lo católico. Para nosotros los paganos es la Kusillada en la que el Sajra Kusillo hace de las suyas charango en mano, deleitando a
El maestro pomateño Felix Paniagua, viruoso del charango.
Tiene varios escritos sobre este instrumento
propios y extraños en la plaza de armas, que seguramente será bien correspondida con una bebida para refrescar la garganta, ya que (para los que no han disfrutado de la fiesta) debe fingirse la voz para que no lo reconozcan y eso, cansa. Y para los católicos, es la fiesta del Señor de la Exaltación. 
Hay mucha controversia sobre el origen exacto del charango, básicamente porque las fuentes escritas que la documenten fehacientemente sencillamente no existen y, aunque podrían trazarse rutas históricas, siempre habrá interpretaciones subjetivas que, por otra parte, no están mal. No debemos renegar de ello porque, como manifestaba Niestche: vemos las cosas como somos no como son. 
No pretendo hacer un análisis completo del tema, solo quisiera citar algunos puntos en los que sí hay acuerdos, que bien nos los hace notar el charanguista Héctor Soto. Primero: El charango, tal cual lo definimos, es un instrumento musical que ha supervivido esencialmente en las zonas andinas de mayor influencia cultural quechua y aymara.  Eso es innegable y que debe ser un producto del mestizaje hispano y los pueblos originarios de la gran meseta altiplánica. Segundo: El charango es un instrumento musical de origen post hispánico, ya que en la época prehispánica, los instrumentos de los aborígenes eras fundamentalmente los de percusión y algo los de viento. Los documentos históricos más antiguos que testimonian su existencia  sólo datan de principios del siglo XIX. Tercero: El charango es una “adaptación” de algunos cordófonos europeos. 
Este predecesor pudiera ser el mandolín, la bandurria, la mandola, la vihuela, la guitarra, el timple, etc. Aunque lo más probable es que éste, tenga un poquito de todos ellos, que fueron copiados, imitados o simplemente reconstruidos o reinventados por los nativos y los propios españoles que se quedaron en el continente. Esto explicaría la diversidad de expresiones y variantes del charango que podemos encontrar hoy en día. 
Sin embargo, en esta oportunidad, lo que intento explorar es la etimología de la palabra misma: CHARANGO. Y, nuevamente, me remito a la recopilación que al respecto hizo Héctor Soto, que nos muestra cosas interesantes al respecto. Su análisis se basa en las definiciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. En su edición de 1734, aun no aparece citada la palabra charango; sin embargo, hace referencia a la GUITARRILLA (como guitarra pequeña, pero no hace mayores acepciones de esta, como cuántas cuerdas llevaba). 
En la Edición de 1780, aparece la definición de CHARANGUERO, que al parecer no tendría relación con el charango, haciendo alusión a la expresión usada en Andalucia para los buhoneros (que serían los vendedores ambulantes de la actualidad). En 1852 aparece la acepción CHARANGA como música militar más sencilla y económica que otras de su clase.  Y la de CHARANGUERO, amplía su definición como adjetivo de aquello hecho de manera tosca y grosera o el que trabaja así. Recién sería, en la edición de 1899, que la Real Academia Española incluye el término CHARANGO,  haciendo alusión a una especie de bandurria pequeña de cinco cuerdas y sonidos muy agudos que usan los indios del Perú.  
Es desde el año 1989 que la definición de CHARANGO sufre algunas modificaciones, haciendo alusión a un instrumento, especie de bandurria de cinco cuerdas cuya caja se construye generalmente con un caparazón de armadillo o quirquincho, usado para sus danzas por los indios de América.  Para el 2006, ya hace un deslinde de  la bandurria, definiéndola como un instrumento musical de cuerda, usado especialmente en la zona andina, parecido a una pequeña guitarra de cinco cuerdas dobles y cuya caja de resonancia está hecha de caparazón de armadillo. Aunque esta definición es más aproximada; sin embargo, la circunscribe a que la caja deba ser de la caparazón del quirquincho, lo que no es exacto.  Para la última edición que es la del 2014, hace la aclaración correspondiente: Instrumento musical de cuerda, usado especialmente en la zona andina, parecido a una pequeña guitarra de cinco cuerdas dobles y cuya caja de resonancia, hoy de madera, estaba hecha con caparazón de armadillo.
En otras explicaciones, tal vez menos académicas sobre el origen de este vocablo, están las que manifiestan que se debía al sonido que emiten sus cuerdas al rasgarlas: CHAR, CHAR o CHARAN, a la que le agregan un sufijo americano de connotación despectiva – ANGO, ya que en el arraigo popular se cree que este instrumento era para ridiculizar la guitarra y, por lo tanto, los españoles la despreciaban.  Otras quieren darle una etimología aborigen, así,  asocian la expresión quechua de CHARAN: empapado en agua de cieno y ANCU nervio. CHARAN-ANCU (nervio empapado), o las voces Aymaras: CHARA: pierna o pie y ANCU: nervio. CHARA-ANCU (nervio de pierna). Los que plantean estas acepciones como su etimología, refieren que haría referencia a la forma antigua de elaborar sus cuerdas con tripas o nervios de animales.  
Como vemos, no cabe duda que lo esquivo de sus orígenes, se traslada como no también, a su etimología. Así nos lo hace notar el musicólogo Julio Mendívil en su trabajo “La construcción de la historia”: el charango en la memoria colectiva mestiza ayacuchana. La historia del charango no puede ser sino lo que siempre ha sido: un jardín de senderos que se bifurcan.
Kirkincho
Finalmente, lo que podemos concluir de este periplo sucinto, es que el vocablo es relativamente joven y que, si bien en un principio la expresión misma y por ende del instrumento fuese privilegio del altiplano andino, este se fue expandiéndose rápidamente hacia muchas zonas aledañas en Sudamerica primeramente y, posteriormente, a otros continentes y que esta difusión aún está en expansión. 
Esto es de esperarse dada la  versatilidad del  instrumento, pudiendo acompañar casi cualquier tipo de música en el  este noble aunque esquivo instrumento, me parece prudente terminar con la expresión del reconocido charanguista Ernesto Cavour: el charango es de quien lo sepa tocar, porque solo aquel que pueda arrancarle a las cuerdas del charango esas melodías que emocionan el alma, habrá podido capturar su esencia ancestral y traerla a nuestro días hecha canción.

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