LOS METALES,
¿EL NUEVO PETRÓLEO?
INFORME
SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR • 29 DE JUNIO DE 2026
|
E |
l
mundo ha entrado en la era de los metales y las tierras raras de la mano de la
inteligencia artificial y la transición energética. Se trata de una de las
grandes transformaciones económicas del siglo XXI, con profundas implicaciones
geopolíticas.
Algunos
metales se han convertido en auténticos símbolos de esta nueva era. El estaño,
indispensable para la fabricación de semiconductores y las soldaduras empleadas
en prácticamente todos los dispositivos electrónicos, ha registrado uno de los
comportamientos más espectaculares. Su precio en la Bolsa de Metales de Londres
superó los 59.000 dólares por tonelada a comienzos de 2026, un récord histórico
que casi duplica el registrado apenas dos años antes. Los analistas consideran
que el crecimiento de la demanda seguirá manteniendo el mercado bajo presión.
El
níquel ofrece una historia diferente pero reveladora. El metal es fundamental
para determinadas baterías de vehículos eléctricos y para la producción de
acero inoxidable. Tras sufrir un fuerte ajuste por el exceso de oferta
procedente de Indonesia, el precio se ha recuperado parcialmente en los últimos
meses. Tanto la economía digital como la transición energética son intensivas
en minerales. La construcción de centros de datos requiere enormes cantidades de
cobre para el cableado y de aluminio para las estructuras y los sistemas de
refrigeración. Al mismo tiempo, la electrificación de la economía multiplica la
demanda de metales conductores. El Banco Mundial prevé que los precios de la
mayoría de los metales industriales continúen aumentando entre 2026 y 2027,
especialmente los del cobre, el estaño, el aluminio y el níquel, y considera
poco probable una fuerte corrección en los precios. La oferta mundial es incapaz
de responder con suficiente rapidez.
Esta
situación ha reforzado el poder geopolítico de China. Pekín domina gran parte
de las cadenas de suministro de minerales estratégicos. Controla una elevada
proporción de la capacidad mundial de refinado de tierras raras, litio, níquel
y otros metales críticos, además de mantener posiciones muy relevantes en la
producción y el procesamiento de cobre y aluminio. Durante dos décadas ha
desarrollado una estrategia deliberada de aseguramiento de recursos mediante
inversiones mineras en África, América Latina y Asia, creando una dependencia
que hoy preocupa profundamente a las economías occidentales y que le sirvió
para responder a EEUU durante la guerra comercial.
Washington
y Bruselas siguen tratando de recuperar terreno y han adoptado una política
industrial activa. Washington ha impulsado incentivos fiscales para atraer
inversiones en minería y procesamiento de minerales críticos, además de
promover acuerdos con países productores como Canadá, Australia o Chile. La UE
ha aprobado la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales para aumentar la
extracción y el procesamiento dentro del propio continente, diversificar las
fuentes de suministro e impulsar el reciclaje.
Europa, sin embargo, se enfrenta también al elevado coste de la energía. La industria metalúrgica es una de las más intensivas en consumo energético y los elevados precios de la electricidad en Europa han provocado el cierre o la reducción de la producción de numerosas plantas de aluminio, zinc y otros metales. Europa aspira a reforzar su autonomía en minerales críticos para liderar la transición energética, pero esa misma transición está erosionando parte de su capacidad industrial. Sin una energía competitiva y abundante, será muy difícil reconstruir una cadena de suministro propia de metales estratégicos.
Los metales industriales, junto con las tierras raras, están llamados a desempeñar un papel geopolítico comparable al que el petróleo ha ejercido durante el último siglo. Cuando el shock energético de la guerra en Oriente Medio se disipe, probablemente quedará más claro que el próximo mercado decisivo será el de los minerales críticos. ●


No hay comentarios:
Publicar un comentario