LA CAÍDA DE
HERNANDO DE SOTO
César Hildebrandt
En
HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 771, 27FEB26
on Hernando de Soto bajó
de la calesa imaginaria que lo llevó hasta el Palacio inexistente y le estrechó
la mano a quien se creía digno de la banda presidencial.
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| por: Chillico |
Pero había problemas. A
De Soto le hubiera gustado hablar en inglés, para que la cholería circundante
se quedara en ascuas. Pero el señor Balcázar habla un dialecto del español que
ensombrece las vocales y tiene una cultura extraída de la enciclopedia Sopena.
Además, De Soto intuyó desde el primer momento que Balcázar no tenía autonomía
de vuelo y que el bimotor humeante que piloteaba recibía mensajes en onda
corta de varios puntos a la vez.
Con todo, De Soto
insistió. Al final, se trataba de una reivindicación. El país recordaba sus
hazañas de economista cumbre de los años 80 y el azar lo llevaba al poder con
el que siempre soñó. El Perú tendría un primer ministro famoso que cargaría
tintas sobre las relaciones internacionales, la geopolítica entendida desde
Harvard y el desarrollo como producto de la gran inversión atraída por su
elocuencia vendedora.
¿Entendería Balcázar
tamaño proyecto? De Soto dudaba, pero confiaba en que la fuerza de sus ideas y
el genio persuasivo que siempre inspiró su lengua harían su trabajo.
Por eso, pasado el
mediodía de ese día fatal, habló en RPP y dijo que todo marchaba “viento en
popa”. Pero de popa vino el cuchillazo. De popa salieron los grumetes de Acuña,
los cabos sueltos de Cerrón, los popeyes navajeros de Luna. Y entonces la nave
majestuosa que navegaba en el mar Caribe, con Hernando de Soto y García Paredes
al timón, ya no llegó a Cuba sino apenas a la isla de San Lorenzo, vieja base
de operaciones de piratas ingleses y holandeses.
Para decirlo en
cristiano: De Soto jamás pensó que ese viejo con cara de juez cesante y hablar
de dómine de la Universidad del Centro tenía los modales de una muía sublevada.
Pero lo cierto es que nadie le avisó, nadie lo llamó por teléfono, nadie le
mandó un guasap consolador. Y el hombre que iba a conquistar la presidencia
del Consejo de Ministros con las buenas armas de la misión y la grandeza, vio
la juramentación del nuevo gabinete por la tele, como cualquier vecino.
Hernando de Soto se había dado de frente con la puerta falsa de la política
peruana, que hoy sigue siendo la excreta del Congreso. Lo habían botado sin
haberlo admitido.
Con la inteligencia que
diosito le dio, no debió ser difícil que De Soto se diera cuenta de inmediato
de qué escenario pisaba y con qué malandros tendría que sacar manteca en una
banca que siempre podría ser la de los suplentes. Pero insistió. ¿Fue ingenuo o
pudo más el espejismo del poder? ¿Pudo una triste PCM entusiasmar a alguien que
se había tuteado con Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi? ¿Pudo el premierato de
una república en ruinas excitar la ambición de un hombre que siempre consideró
injusto que no le dieran el Nobel de Economía? Misterios del Orinoco,
laberintos que Jorge Bruce podría ayudamos a desentrañar.

Del desengaño del noble
De Soto emerge una verdad: la mayor fuente del poder de este gobierno sin
cocada es ahora, más que nunca, César Acuña, el analfabeto funcional que hizo
una megafortuna vendiendo educación superior a manos llenas. Acuña quiere
conservar ministerios productivos que lo sigan en la campaña electoral y tiene
influencias decisivas en el MEF. Eso vale votos y uñas sucias. Eso es lo que ha
avalado Balcázar acatando sus vetos. Aunque se queje del gabinete y proteste
desde sus covachas, Vladimir Cerrón conserva un vínculo amenazante con Balcázar
y eso es algo que ni siquiera el Congreso del hampa debería aceptar. Ya bastante
tenemos con que un prófugo de la justicia sea candidato a la presidencia y
gaste millones de soles del Estado para anunciar el mismo paraíso que nos
trajo la migración venezolana y destruyó a Cuba, para que encima debamos
enteramos que da consejos a Balcázar. Cerrón es lo peor que le ha sucedido a
la izquierda peruana, incluyendo en esa lista aciaga a Abimael Guzmán. Cerrón
es la izquierda lisiada que no entendió nada de la historia y que lo único que
puede traer, si llegara al poder, es el fascismo armado y popular de algún
maldito Pinochet. El tercero en ese gabinete en la sombra que le toca la puerta
a Balcázar cada vez que siestea, es José Luna, cuyo programa máximo es librarse
de la cárcel y que, según sus biógrafos imparciales, sería capaz de robarle la
limosna a la parroquia. Vaya trío.Balcázar habló del
senado romano como ideal a seguir. A quien debió recordar es a Lucio Tarquino
Prisco (616-578 antes de Cristo), el monarca romano que construyó la primera
Gran Cloaca. Sin ella, la capital del imperio se habría hundido en mierda. Que
eso es lo que nos está pasando. <:>
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