viernes, 27 de febrero de 2026

EL INTRINCADO MOMENTO POLITICO EN EL PERU

 LA CAÍDA DE

HERNANDO DE SOTO

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 771, 27FEB26

D

on Hernando de Soto bajó de la calesa imaginaria que lo llevó hasta el Palacio inexistente y le estrechó la mano a quien se creía digno de la banda presidencial.

por: Chillico
Pero había problemas. A De Soto le hubiera gustado hablar en inglés, para que la cholería circundante se quedara en ascuas. Pero el señor Balcázar habla un dialecto del español que ensombrece las vocales y tiene una cultura extraída de la enciclopedia Sopena. Además, De Soto intuyó desde el primer momento que Balcázar no tenía autonomía de vuelo y que el bimotor humeante que pilotea­ba recibía mensajes en onda corta de varios puntos a la vez.

Con todo, De Soto insistió. Al final, se trataba de una reivindicación. El país recor­daba sus hazañas de economista cumbre de los años 80 y el azar lo llevaba al poder con el que siempre soñó. El Perú tendría un primer ministro famoso que cargaría tintas sobre las relaciones inter­nacionales, la geopo­lítica entendida desde Harvard y el desarrollo como producto de la gran inversión atraída por su elocuencia vendedora.

¿Entendería Balcázar tamaño proyecto? De Soto dudaba, pero confiaba en que la fuerza de sus ideas y el genio persuasivo que siempre inspiró su lengua harían su trabajo.

Por eso, pasado el mediodía de ese día fatal, habló en RPP y dijo que todo marchaba “viento en popa”. Pero de popa vino el cuchillazo. De popa salieron los grumetes de Acuña, los cabos sueltos de Cerrón, los popeyes navajeros de Luna. Y entonces la nave majestuosa que navegaba en el mar Caribe, con Hernando de Soto y García Paredes al timón, ya no llegó a Cuba sino apenas a la isla de San Lorenzo, vieja base de operaciones de piratas ingleses y holandeses.

Para decirlo en cristiano: De Soto jamás pensó que ese viejo con cara de juez cesante y hablar de dómine de la Universidad del Centro tenía los modales de una muía sublevada. Pero lo cierto es que nadie le avisó, nadie lo llamó por teléfono, nadie le mandó un guasap con­solador. Y el hombre que iba a conquistar la presidencia del Consejo de Ministros con las buenas armas de la misión y la grandeza, vio la juramentación del nuevo gabinete por la tele, como cualquier vecino. Hernando de Soto se había dado de frente con la puerta falsa de la política peruana, que hoy sigue siendo la excreta del Congreso. Lo habían botado sin haberlo admitido.

Con la inteligencia que diosito le dio, no debió ser difícil que De Soto se diera cuenta de inmediato de qué escenario pisaba y con qué malandros tendría que sacar manteca en una banca que siempre podría ser la de los suplentes. Pero insistió. ¿Fue ingenuo o pudo más el espejismo del poder? ¿Pudo una triste PCM entusiasmar a alguien que se había tuteado con Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi? ¿Pudo el premierato de una república en ruinas excitar la ambición de un hombre que siempre consideró injusto que no le dieran el Nobel de Economía? Misterios del Ori­noco, laberintos que Jorge Bruce podría ayudamos a desentrañar.

Del desengaño del noble De Soto emerge una verdad: la mayor fuente del poder de este gobierno sin cocada es ahora, más que nunca, César Acuña, el analfabeto funcional que hizo una megafortuna ven­diendo educación superior a manos llenas. Acuña quiere conservar ministerios productivos que lo sigan en la campaña electoral y tiene influencias decisivas en el MEF. Eso vale votos y uñas sucias. Eso es lo que ha avalado Balcázar acatando sus vetos. Aunque se queje del gabinete y proteste desde sus covachas, Vladimir Cerrón conserva un vínculo amenazante con Balcázar y eso es algo que ni siquiera el Congreso del hampa debería aceptar. Ya bas­tante tenemos con que un prófugo de la justicia sea candidato a la pre­sidencia y gaste millo­nes de soles del Estado para anunciar el mismo paraíso que nos trajo la migración venezolana y destruyó a Cuba, para que encima debamos enteramos que da con­sejos a Balcázar. Cerrón es lo peor que le ha su­cedido a la izquierda peruana, incluyendo en esa lista aciaga a Abimael Guzmán. Cerrón es la izquierda lisiada que no entendió nada de la historia y que lo único que puede traer, si llegara al poder, es el fascismo armado y popular de algún maldito Pinochet. El tercero en ese gabinete en la sombra que le toca la puerta a Balcázar cada vez que siestea, es José Luna, cuyo programa máximo es librarse de la cárcel y que, según sus biógrafos imparciales, sería capaz de robarle la limosna a la parroquia. Vaya trío.

Balcázar habló del senado romano como ideal a seguir. A quien debió recordar es a Lucio Tarquino Prisco (616-578 antes de Cristo), el monarca romano que construyó la primera Gran Cloaca. Sin ella, la capital del imperio se habría hundido en mierda. Que eso es lo que nos está pasando. <:>

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