viernes, 23 de agosto de 2019

HILDEBRANDT Y VIZCARRA, CARA A CARA


LECTURAS INTERESANTES Nº 913
LIMA PERU            23 AGOSTO 2019
“SOLO SALDREMOS DEL ENTRAMPAMIENTO ADELANTANDO LAS ELECCIONES”
Confesiones, autocrítica y contrataques del presidente Martín Vizcarra en una entrevista que tiene mucho de precoz testamento político
 Entrevista de CÉSAR HILDEBRANDT
Tomado de HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 456, 23AGO19

-S
eñor presidente: ha llegado usted a parecerse, en su soledad, a PPK en sus últimas semanas. ¿Le parece un abuso esta com­paración?
-Yo respeto mucho al ex Presidente Kuczynski. Fui par­te de su plancha presidencial, ¿no? Y si hay coincidencia en el sentido de que actualmente hay un cuestionamiento de di­ferentes sectores a la función presidencial...
-¿Se siente solo?
-Es relativo. O sea, claro, el ejercer el cargo de presidente nos margina de una serie de aspectos en los que uno co­tidianamente participaba... Pero yo siento un respaldo de la población. Porque viajo bas­tante y trato de mantener un nivel de cercanía con la pobla­ción que compensa la soledad en la toma de decisiones aquí en la oficina de Palacio de Go­bierno...
-La multitud es un con­suelo...
-Sí, definitivamente. Y creo que sin ese respaldo sería muy difícil sobrellevar la soledad propia del cargo...
-Yo no sé si sus aseso­res le pasan los periódi­cos, pero lo cierto es que nunca, que yo recuerde, se había llegado en demo­cracia a este nivel de agra­vios en contra de la figura presidencial. En “Expre­so” le llaman descalifica­do y vaticinan que usted terminará suicidándose, o preso, o colgado de un farol público. Su silencio frente a esto, ¿es calma o es resignación? ¿Debe ser la presidencia de la república una piñata para turbas mediáticas o parla­mentarias?
-Es calma. Yo pienso que el cargo exige responsabilidad y prudencia para evitar res­ponder agravios que no cesan. Pero la convicción, las ideas y las obras que estamos reali­zando compensan largamente esos insultos.
-No se pica usted...
-No, no, no. Tengo la sere­nidad suficiente para asimilar esos agravios, ponerlos en el lugar que corresponde y se­guir trabajando por el Perú.
-Sin embargo, el 72% de los encuestados está a favor del adelanto de las elecciones. ¿Cómo toma eso?
-Algunas encuestadoras di­cen que ese porcentaje llega a 80%. Eso quiere decir que coincidimos con este reclamo esta demanda ciudadana de buscar alternativas para lle­var al país a una mejor situa­ción. Ponemos todo nuestro esfuerzo y estamos gobernan­do de manera clara y con fir­meza para mejorar el nivel de vida de todos los peruanos, pero creemos que el entrampamiento político en que nos encontramos nos exige tomar decisiones como proponer el adelanto de un año de las elec­ciones.
-La paradoja es que us­ted le propone al Congre­so adelantar las eleccio­nes cuando el Congreso se aferra desesperadamen­te a sus sillones. ¿No era predecible que esto iba a ocurrir?
-Como lo dije en el propio Congreso: en calles y plazas la gente me pide que cierre el Congreso. Ante esa exigen­cia creo que mi deber como gobernante es encontrar una salida que sea estrictamente viable y racional. Y la propues­ta es adelantar las elecciones para que todos demos una muestra de desprendimiento. No es que se vaya el Congre­so solamente. Yo me voy con ellos. Juntos vámonos para que el pueblo tenga la opción de elegir a sus nuevas auto­ridades y de esta forma el bicentenario nos encuentre con nuevos rumbos.
-Pero creo que usted sabe a ciencia cierta que la mayoría del Congreso no va a aprobar el ade­lanto de elecciones. En ese caso, ¿hará uso de la cuestión de confianza para cerrar el Congreso o seguiremos en esta incer­tidumbre que paraliza al país?
-Yo no tengo esa seguridad, le soy sincero. Ahora viene la semana de representación, que consiste en que todos los congresistas regresan a sus lugares de origen para escuchar a su gente. Y lo que yo les pediría, es que escuchen que dialoguen. Que no me hagan caso a mí. Que escuchen a la pobla­ción a la que se deben...
-El problema es que desde Chorrillos les dic­tan directivas muy pode­rosas...
-Pero es allí donde tienen que actuar en función de su conciencia...

-¿Está usted apostando a la ingenuidad provincia­na o se trata de una ma­niobra digna de su inteli­gencia?
-Pero mire, cuando plan­teamos el año pasado una reforma del sistema de admi­nistración de justicia a través de un referéndum, la primera reacción fue negativa. Y des­pués, cuando esos mismos congresistas escucharon a la población, fueron cambiando su actitud. Y finalmente, se llevó a cabo el referéndum.
-¿Nada significa el mensaje de que Rosa Bartra continúe en la presi­dencia de la Comisión de Constitución?
-Pero Rosa Bartra estuvo el año pasado y, más allá de su posición personal, tuvo que acoger la posición de sus cole­gas congresistas que interpre­taron la demanda de la ciuda­danía...
-Señor presidente: ¿fin­ge que no se da cuenta de que ellos están jugando a la dilación?
-Pueden dilatar hasta don­de les permitan los procedi­mientos, pero la primera se­mana de setiembre se tiene que tocar el tema del adelanto de las elecciones.
-¿Y qué pasa si no se trata?
-Tendremos que manifestar nuestro rechazo y nuestra disconformidad con toda la ener­gía que amerite el caso. Pero como le digo, el año pasado, en las mismas circunstancias, finalmente el Congreso puso en debate nuestras propues­tas. Yo tengo confianza. Y si no fuera el caso, tendremos que usar, como siempre hemos dicho, todas las posibilidades que nos da la Constitución.
-¿Incluyendo el cierre del Congreso?
-No quisiera entrar en eso porque ya estaríamos aceptan­do que esto va a ser rechazado. Yo pienso que el adelanto de elecciones va a ser aprobado cuando los congresistas pien­sen en el bien del Perú...
-Sus peores adversarios dicen que lo hecho por Aráoz, Bruce y Choquehuanca se asemeja a lo que usted le hizo a Kuczynski. ¿Algún comentario?
-En absoluto. No sé cuál es la justificación de estos tres congresistas para haber renunciado a la bancada de Pe­ruanos por el Kambio. Lo que sí sé es que yo estuve al lado del presidente Kuczynski has­ta el día que renunció. Yo no abandoné ninguna responsa­bilidad que me diera el presi­dente Kuczynski. Estuve con él hasta el último día.
-Pero coordinó en algún momento con Salaverry...
-Respondí una consulta. No solamente de Salaverry sino de otros ciudadanos...
-¿Chlimper, por ejem­plo?
-Respondí a la pregunta de cuál iba a ser mi actitud en el caso de que se declarara una vacancia o se produjera una renuncia. Y esa actitud mía fue pública y transparente.
-Carlos Monge ha he­cho un análisis de lo más interesante y ha escrito esto: “Lo que sucede es que para el fujimorismo la agenda principal hoy es evitar terminar con su li­derazgo preso por lavado de activos y su partido disuelto por ser una organización criminal. Para ello, lo que necesitan es parar las investigaciones en cur­so que, como anuncian desde la Fiscalía, culminarían este año en acusaciones muy graves contra Keiko Fujimori y Fuerza Popular. Parar esas inves­tigaciones pasa hoy por destruir al equipo anticorrupción que encabeza el fiscal Vela y vacar al pre­sidente Vizcarra. El plan ya está en marcha”. ¿Qué le sugiere este análisis?
-Para empezar, respeto ple­namente la independencia de poderes. El Poder Judicial y el Ministerio Público actúan con plena autonomía y nosotros respetamos sus decisiones. Que haya más de un actor polí­tico que quiera la vacancia pre­sidencial por razones persona­les, seguramente lo hay, pero obviamente no hay ningún ar­gumento para plantearla. 
- ¿Sabe usted cuál es el rumor más extendido en los corrillos políticos? El rumor es que usted será vacado y que será sucedi­do por Mercedes Aráoz, quien encabezará un go­bierno transicional y de ancha base hasta el 2021. ¿Le suena verosímil?
-Seguramente como par­te de la imaginación política, puede haber diversas ocurren­cias o escenarios. Pero no veo que estén dadas las condicio­nes para que eso ocurra. Sobre todo si consideramos que las encuestas registran un grueso rechazo a la posibilidad de la vacancia.
-¿Se arrepiente de algo?
-En los procedimientos ad­ministrativos, en las metas es­pecíficas, en los plazos -algu­nos incumplidos- puedo ser autocrítico en decir: oye, esto pudimos hacerlo mejor, pudi­mos ser más eficientes... Esa es la parte operativa. Pero en la parte principista, me ratifi­co plenamente.
-¿Y cuál es su mayor or­gullo?
-Representar con mucho honor al pueblo peruano in­terpretando en todo lo que pueda sus demandas.
-Pero si lo interpretara cabalmente ya habría us­ted cerrado el Congreso.
-Sí, pero allí está la res­ponsabilidad del gobernante: escuchar ese sentimiento y en­cauzarlo de la mejor forma.
-¿No se arrepiente de haber transado, como lo hizo, según algunos audios, con ciertos alcaldes y el gobernador de Are­quipa?
-No transamos. Allí se ex­plicaron diversas posiciones. Tanto es así que el resultado de esa reunión, de cuatro ho­ras, fue que no hubo ningún acuerdo. El planteamiento de las autoridades de Arequipa era concreto: presidente, can­cele el proyecto Tía María, y nuestra posición fue clara: no se puede cancelar un proyec­to y no lo puedo hacer yo de manera unilateral porque soy el presidente. Todos tenemos que cumplir la ley y yo con mayor razón. En consecuen­cia, si ustedes quieren -les dije- que el proyecto no pros­pere, tienen que presentar su sustento para que tengan el trámite administrativo y legal correspondiente...
-¿Pero no se dio cuenta de que estaba dando una imagen de debilidad?
-Pero es que escuchar a la población, discutir con ella, analizar diferentes alternati­vas...
-Pero decir una cosa en Arequipa y otra en Lima...
-Pero dije lo mismo...
-¿No hubo una duplici­dad de discursos?
-Si lo hemos dicho en declaraciones públicas...
-¿No era mejor decir la verdad? ¿No hubiera sido mejor decir que Tía Ma­ría no va por el prontua­rio ambiental que tiene la Southern?
-Nuestra posición en públi­co y en privado ha sido la mis­ma. En Lima y en Arequipa hemos dicho que este proyecto no tiene las condiciones socia­les para que se lleve adelante. Sin embargo, concluyendo un procedimiento que empezó mucho antes de nuestro gobierno, correspondía darle las licencia de construcción. La empresa misma sabía que esa licencia no garantizaba la marcha del proyecto...
-Pero eso de decir: “si en treinta días no cumplo, tomen las medidas radi­cales que quieran...”
-No...
-¿Eso no era pasarse de la raya?
-No, lo que ocurría era que estaban en una medida de fuerza que estaba generando afectación a ellos mismos. Les dije: la medida de fuerza, a us­tedes está afectando. Enton­ces, inicien su procedimiento administrativo y esperen. Si ustedes ven que no hay solu­ción, pueden tomar la medida que crean más conveniente. Era una sugerencia para que se sujeten al estado de derecho.
Después de eso ha habido un reclamo por los trabajos que se están haciendo para Quellaveco. Allí ha ido un equipo de cuatro ministros, ha hablado con la población, ha encami­nado la negociación y el tema se ha superado. Sí es posible la inversión privada, inversión que necesitamos y queremos. Pero debe ser una inversión que garantice la defensa del medio ambiente y que tenga responsabilidad social.
-Olaechea le ha dicho que no tema gobernar. El presidente del Congreso le dice al país que el pre­sidente de la república no está al mando. ¿Eso no merece una respuesta?
-Obviamente que estamos gobernando. Este año estamos construyendo mil colegios, alrededor de cien estableci­mientos de salud, miles de kilómetros de carretera, obras de saneamiento, estamos atendiendo a sectores econó­micos como la pesca y la agri­cultura. Estamos gobernando. Lo que pasa es que algunos piensan que si no atiendo las necesidades de un grupo par­ticular, entonces no gobierno.
-Usted fue mirado, cuando llegó a la presi­dencia, como el provin­ciano que podía limpiar el intoxicado escenario político. ¿Qué ha pasado? ¿Qué lo ha detenido?
-Estamos en ese proceso.
-¿Cree usted eso?
-Claro.
-Pero la sensación es que la economía está pa­rada por la tormenta po­lítica...
-No. La economía está afec­tada como lo están todas las economías de la región. Nues­tra expectativa de crecimiento este año está en el orden del 3%. La proyección de creci­miento de América Latina es del 0,6%. O sea que podemos crecer cinco veces más que el promedio de América Latina. Obviamente, no vamos a cre­cer el 4% que pensábamos...
-Ni el 5,5% que es nece­sario para crear empleo...
-Asi es. Y tenemos que ver eso. Tenemos que solucionar el problema del entrampa- miento político para retomar el crecimiento.
-¿Y cómo solucionamos el entrampamiento político?
-Después de tres años de gobierno, con un presiden­te que renuncia, después de que se intentara su vacancia, con un gabinete que cae, con ministros censurados, con normas que se presentan y que son distorsionadas por el Congreso, el planteamiento es adelantar las elecciones.
-¿No hay otra salida?
-No hay otra salida. Eso es. Entonces, para qué alargamos esta situación dos años más si podemos, de manera ordena­da, ceder la posta a nuevas autoridades elegidas por el pue­blo, siguiendo y respetando la Constitución.
-Resetear la política...
-Resetear la política, por supuesto. Si tenemos tan bue­nos resultados en el deporte, si tenemos la Expo Amazó­nica que terminó el domingo con resultados espectaculares, comprobamos que hay una tremenda voluntad de los pe­ruanos por progresar. Este en­trampamiento político es una traba para ellos. Quitémosla de una vez.
-Usted le dijo a Rafaella León: “El poder es algo que me quita tiempo para mi familia”. ¿Por qué aceptó entonces ser presi­dente?
-(Ríe). No sé. Esa es una de las incógnitas que uno tiene en la vida. Efectivamente, ¿no? Es una realidad. Felizmente tengo a mi esposa y a mi hijo menor cerca.
-En ese mismo libro de Rafaella León se recuerda la consigna del fujimorismo sobre Kuczynski: “No vamos a parar hasta que Kuczynski baje la cabeza como hacen los caballos con sus dueños”. ¿A usted le gustan los hipódromos, señor presidente?
-No, no es una afición mía felizmente.
-Se define usted como pragmático, pero eso es algo que dicen por lo ge­neral los que carecen de norte, de horizonte. Aho­ra que la izquierda confir­ma su lejanía y la derecha lo acribilla por no ser uno de los suyos, ¿ha pensado en el asunto de su ideolo­gía? ¿Es usted un centris­ta desilusionado? ¿Qué es usted políticamente?
-Soy un centrista que nunca pierde la ilusión. Soy un cen­trista optimista.
-¿Toma antidepresi­vos?
-No. No tomo nada.
-¿Cómo definiría su go­bierno? ¿De qué color es su gobierno?
-No creo que tenga que ver con un color. Pero es un gobierno de centro, uno que quiere sentar las bases de un crecimiento sostenido del país. Hablo de un crecimiento que no sólo ha de ser minero sino que tendrá que ver con seguir empujando la agroexportación, la agricultura altoandina, la industria forestal, el turismo, donde tenemos un techo inmenso para crecer, la acuicultura... Ese crecimien­to tiene que convertirse en desarrollo. Eso es clave. Eso nos diferencia de gobiernos anteriores. Los indicadores sociales tienen que mejorar también.
- Usted tuvo éxito como gobernador de Moquegua. Y por eso todos creímos que Usted iba a atenuar la vieja disputa de Lima versus provincias. ¿Qué pasó?
-Pregúnteles a todos los go­bernadores si notan la diferen­cia. Pregúnteles a los alcaldes.
-¿Qué me dirían?
-Que ahora hay un Ejecu­tivo que está trabajando de la mano con ellos. Claro que no vamos a solucionar en un año un problema que tiene 198 años de vida republica­na. Pero lo que sí le digo es que somos un gobierno que escucha a las provincias. Y es probable que eso no le guste a cierta gente... Las Bambas, por ejemplo, ha recibido una inversión de diez mil millones de dólares. Y, sin embargo, los indicadores sociales de Cotabamba, en Huancavelica, son lamentables. Eso no se justi­fica. Cuando hace unos meses Fuerabamba protestó por el uso de una carretera que cru­zaba sus tierras, fuimos y en­contramos una salida. Pero no nos quedamos en eso. Hemos hecho un plan de desarrollo para Cotabamba, un plan que en cinco años la va a cambiar cualitativamente...
-Pero si todo marcha tan bien, ¿por qué quiere irse el 2020?
-Porque el entrampamiento que genera la política y el obstruccionismo, desde el Con­greso de la república, no per­mite el desarrollo de todo el potencial del Perú. El entram­pamiento es un peso enorme para la economía.
-¿Qué es lo más difícil a la hora de gobernar el Perú?
-Quizás no poder atender los problemas a la velocidad que uno quisiera. Eso gene­ra cierto nivel de impotencia. Hay mucha impaciencia, mu­cha necesidad.
-La receta de la CONFIEP no ha funcionado, como no funcionó la del Fondo Monetario en Ar­gentina. ¿Por qué no en­sayar algunas reformas? ¿Por qué ese temor a que lo llamen populista?
-Volvemos a lo mismo. ¿Por dónde pasan las reformas? ¡El Congreso! Tenemos que pasar por el Congreso...
-Entonces estamos fri­tos.
-Pero eso no nos impide se­guir trabajando por el país.
-¿Debemos temer que alguien saque un día de estos un documento oscu­ro sobre su gestión en Mo­quegua o sobre su papel en el caso Chinchero?
-No, en absoluto. Mi ges­tión en Moquegua fue del 2011 al 2014. Cuando entró la nue­va administración propuso al Ministerio Público una serie de investigaciones, que bor­dean las 50...
-Chávarry habló de 47...
-Sí. Pero todas fueron ar­chivadas.
-¿Le teme usted a Chávarry?
-¡No!
-¿Le teme usted a al­guien, aparte de Keiko?
-A nadie. Lo único que temo es no cumplir con las expecta­tivas que se cifraron en esta gestión presidencial.
-¿Qué siente por Keiko Fujimori?
-Respeto como persona, como ser humano...
-¿Sabe usted que eso no es recíproco, verdad?
-Sí, pero no...
-Es usted un caballero.
-Yo no tengo odio ni rencor por nadie.
-Yo no hablo de odio. Hablo de respeto.
-Por eso...
-Señor presidente: ¿quién cree que nombra a Rosa Bartra otra vez en Constitución? ¿Quién cree que nombra a la vocera actual del fujimorismo?
-Que me ha calificado de malnacido...
-¿Quién nombra a Tamar Arimborgo en Educa­ción?
-Seguramente es una deci­sión partidaria y, como todos sabemos, se trata de un parti­do con una lideresa que ejerce su función. En todo caso, ellos tienen una visión del país que nosotros no compartimos.
-Usted no toma antidepresivos, pero debe tomar sedantes...
-Mi sedante es hacer ejerci­cio de 6 a 7 de la mañana casi todos los días. Es una buena descarga física...
-¿Cree usted posible que en las próximas elec­ciones surja algún radical apocalíptico?
-No creo.
-De esta crisis, ¿no sal­drá algún extremismo?
-Estoy seguro que no. Con­verso con la gente, escucho donde voy...
-¿Y qué quiere la gente, aparte de cerrar el Con­greso?
-(Ríe) ¿Cómo segunda opción lo que quiere es que le den posibilidades de ser artífices de su desarrollo. Ni siquiera quieren un estado que les de. Quieren un estado que les limpie la cancha. El productor agrícola de la sierra, el artesano de la amazonia, el empresario emprendedor en las ciudades, lo que quieren es que les facilitemos su accionar y, claro, que el gobierno cum­pla con los servicios básicos.
-¿Y ese estado elemen­talmente proactivo no existe?
-No existe porque tiene muchos lastres. Y el mayor lastre es la corrupción, que lo ha penetrado profundamen­te. La diferencia que plantea mi gobierno es que aquí ni la cabeza ni los ministros tienen cuentas oscuras que aclarar.
-Digamos que usted no le habría pagado 15 millones de dólares a su ase­sor...
-No, pues.
-¿Quién es su asesor?
-Mi conciencia... No, es el Consejo de Ministros.
-¿Y su amigo, el argentino?
-No. Cada cierto tiempo construyen un mito...
-¿Y qué de malo ten­dría?
-No, él cumple un rol espe­cífico en el despacho, pero...
-En un momento de cri­sis, ¿a quién le consulta?
-A Salvador del Solar, al premier. Las decisiones más importantes las tomo con el premier y, si son sectoriales, con el ministro del sector.
-Pero dicen que usted escucha mucho pero acata poco. ¿Es cierto?
-Escucho mucho. Escucho a los ministros, a los expertos, a los opinólogos, escucho al pueblo, aunque ahora digan algunos que es malo escuchar al pueblo.
-¿Quién dice eso?
¿No hay un coro que dice que las decisiones basadas en el populismo son inadecua­das? Escucho a todos, pero luego de eso proceso la infor­mación y tomo la decisión que considero más adecuada.
-¿Los periodicazos lo asustan?
-Los tomo en cuenta, pero no son determinantes a la hora de decidir.
-Y cuando lee algunos periódicos, ¿se amarga?
-Poco.
¿Ni siquiera cuando dicen que usted tiene que irse porque es incapaz?
-Creo que hemos demostra­do lo contrario. Ese tipo de declaraciones descalifica a quien las pronuncia. Quien dice algo como eso lo que demuestra es su impotencia. El que insulta se insulta a sí mismo. Eso creo.
-¿Cómo quisiera ser re­cordado?
-Como alguien honesto que puso todo su esfuerzo para lograr cambiar el país. Nada más. Para mí eso es suficiente. Cuando hablo de cambiar el país estoy incluyendo, por su­puesto, el proyecto de adelanto de elecciones, que es algo a lo que no vamos a renunciar.

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