miércoles, 6 de enero de 2016

COYUNTURA POLITICA NACIONAL

EL HOMBRE DE LA GRAN QUIJADA
Escribe: Guillermo Vásquez Cuentas
Tomado de punocuturaydesarrollo.blogspot.com
En las elecciones peruanas en curso, hay un candidato presidencial estadounidense que -como a buena parte de sus connacionales- de tanto mascar chicle le creció la quijada.
Matrero en el manejo de teorías y prácticas de la economía política del demoliberalismo, bien aprendidas en su largo tránsito por organismos internacionales, empresas transnacionales y sus propias empresas, el hombre de la gran quijada ha demostrado gran audacia al candidatear al ejercicio del máximo cargo de poder de un país del que abjuró solemnemente, pese a ser su país natal.
¿Su difundida imagen de gringo económica y políticamente exitoso, le ha ayudado en el logro de un lugar expectante en las encuestas sobre intención de voto en Lima y algunos lugares del Perú?. ¡Claro que sí!. Eso porque hay ciertos limeños, especialmente sanisidrinos, miraflorinos, sanborjinos, molineros, surcanos (en cuyos distritos vive la gran parte de la alta clase política de este país) que tienen entre sus sueños y aspiraciones ser parte de una sociedad que se configure con los moldes de la llamada “american way life” (estilo de vida estadounidense).
Pero, infortunadamente, no son solo ellos. Si alguna verdad ha dicho en una de las campañas anteriores el parco hoy alcalde Castañeda, es que el alza porcentual de apoyo al hombre que de tanto mascar chicle le creció la quijada, “obedece a una moda pituca de quienes creen que votar por un pituco los hace también pitucos”. (Como se sabe, en el Perú el término “pituco” sirve para designar a persona generalmente presumida y “de clase alta”. Nosotros llamamos “pituquesos” a los aspirantes a pitucos).
Como para confirmar el aserto del ex-alcalde limeño de habla escasa, están las estadísticas levantadas por varias encuestadoras sobre “Intención de voto presidencial por nivel socioeconómico” que vienen publicando distintos medios de comunicación masiva. Allí se constata que el de la gran quijada se encuentra en el segundo o tercer lugar de las preferencias.
Llama profundamente la atención de cualquier analista de la coyuntura política regional, el apoyo de algunas capas citadinas de electores de Puno y Juliaca al hombre que de tanto mascar chicle le creció la quijada, lo cual resulta desconcertante, por decir lo más suave.
Cuando hace algún tiempo, en un artículo que publicamos criticando la actitud de quienes se oponían por razones racistas, anti-cholas y anti-indias a que los aimaras tuviéramos una universidad, nos referimos a esa capita de mistis a los que identificamos como “pituquesos”, es decir aquellos que, echando al trasto sus orígenes, su identidad, su historia, el debido orgullo por sus ancestros, quieren fungir de pitucos, o sea lo que coloquialmente y vulgarmente se conoce como “cholos igualados”.
Parece que son muchos de ellos los que –increíblemente- habrían pasado a integrar la plataforma social de electores sobre la que se levantan las pretensiones del ciudadano extranjero, cuya “renuncia” a la nacionalidad gringa parece ser un bluf del cual apenas se empieza a investigar y hablar.
Esa actitud es tanto más triste como ridícula y patética en nuestra región, cuando vemos a algunos puneños de tez cobriza, muchos de ellos jóvenes, propagandizando el voto por el hombre de la gran quijada.
Lo que falta a esas personas, no es solo un tratamiento intensivo con fuertes dosis de “ubicaína”, sino también y sobre todo, clases de Historia Política del Perú, porque en ella encontrarán variedad de “anticuchos” del quijadón. Y no van a decir que la literatura sobre este tema es escasa. Hay mucho escrito al respecto.
En el conjunto de biografías con enfoque crítico que han sido publicadas, no pueden pasar desapercibidos los empeños del hombre de la gran quijada como lobby de intereses del capital extranjero, de lo cual hay abundantes ejemplos reveladores de su recóndita posición antiperuana y pro extranjera.
Solo como ejemplo y como es muy sabido, esa posición se puso en evidencia cuando desde el cargo de miembro del Directorio del Banco Central de Reserva del Perú, regaló una millonada de dólares a la Internacional Petroleum Company, poco antes expulsada de los campos de Brea y Pariñas por el gobierno revolucionario de Velasco Alvarado.
Para no responder por ese hecho ante la justicia peruana, optó por huir del país. Debido a las soberbias dimensiones de la quijada, es fácil imaginar las dificultades que tuvieron sus cómplices y colaboradores para embutirlo en la maletera del auto que lo hizo trasponer la frontera.

Los jóvenes puneños y peruanos que, tal vez de buena fe, simpatizan con esa candidatura, deberían repensar detenidamente el sentido patriótico de su voto en los comicios que se avecinan. 

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