EL RETRATO DEL PERU
Por Gustavo
Espinoza M.
|
B |
ien
podría decirse que el prolongado proceso electoral peruano iniciado el 12
de abril y cuyos resultados aún no se conocen plenamente, tuvo la virtud de
mostrar de manera gráfica el verdadero rostro del país. Fue, en efecto un
espejo del Perú y lo mostró con una crudeza pocas veces registrada en el
escenario nacional.
¿Cuáles
han sido los principales rasgos
puestos en evidencia en esta circunstancia? Veamos:
En
primer lugar, una “clase política”
muy deteriorada que debió recurrir a la dispersión electoral para
“captar” votos, dado que los actores principales del proceso carecen realmente
de respaldo ciudadano. Se registraron, por eso, 35 opciones presidenciales,
cifra sin parangón en la historia del Perú y sin comparación en América Latina.
El
que los candidatos que pasen a una segunda vuelta electoral lo hagan orillando
un promedio del 15% de votos, muestra la precariedad real de las figuras que
han venido representando al país en las últimas décadas, y más precisamente
desde los años 90 del siglo pasado. Nadie -ni persona ni partido- es capaz de
aglutinar por si solo la voluntad popular. Nadie puede cautivar multitudes ni
ganar voluntades. Todos asoman como pequeñas expresiones de una crisis política
que no tiene salida en los términos de la dominación capitalista.
El
segundo elemento que debe subrayarse
es un hecho muy importante: Estos comicios han servido para limpiar el
escenario nacional barriendo parte de la Mafia oscura que tiene acogotado al
país. En efecto, César Acuña, José Luna, la camarilla dirigente del APRA, el
núcleo de Acción Popular, “Somos Perú” y capillas menudas como las de los vice
almirantes Cueto y Montoya, o gentes como Cavero o Tudela han sido
simplemente borrados por el electorado peruano en una acción profiláctica
encomiable. Pero más aún, otros “alto mandos” como los generales José Williams
Zapata, Roberto Chiabra, Wolfang Grosso y otros, no lograron entusiasmar a
nadie con sus discursos cargados de odio y violencia,
El caso de “Perú Libre” merece otra reflexión. Se trata de un partido que se proclama revolucionario y aún más, se dice “marxista- leninista -Mariateguista” y que asume revindicar el socialismo. Objetivamente ha sufrido una muy dura derrota. Es verdad, como sostiene Vladimir Cerrón, que ha perdido en un partido en el que no le permitieron entrar en la cancha, pero es verdad también que sumó un accionar extraordinariamente errático desde el 2021 hasta la fecha. Su peor aporte, fue pactar con la Mafia, y en particular con el fujmorismo, al que le dio el control absoluto de los órganos del Estado como el Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia, y la Fiscalía de la Nación y hasta le facilitó todas sus truhanerías a lo largo de los años, a cambio de prebendas de orden personal y familiar.
Por
lo demás, PL escindió gravemente al movimiento popular al considerar como el
“enemigo principal” del pueblo peruano a sectores progresistas, a los que
denominó “caviares” con la complacencia de la reacción. Esa política de
confusión ayudó objetivamente a la clase dominante a quebrar cualquier
resistencia a su política antinacional y anti obrera.
El
tercer elemento que fluye del
escenario que comentamos, fue la distancia que separa a la capital, del resto del
país, Una es la opinión de Lima, y otra la del Perú real, el mundo
provinciano y rural, que no sólo asoma diferente, sino sobre todo contestatario
y contrapuesto a la expresión formal del Perú Republicano. Aunque en Lima
tampoco han sido altos los niveles de votación avanzados por unos u otros, si
han tenido un signo distinto. En Lima se ha impuesto “la derecha”, y en la gran
mayoría del interior del país, ha ganado “la izquierda”.
El
cuarto elemento de esta crisis se
perfila a partir del tipo de lenguaje usado por los candidatos. Objetivamente
se impuso el lenguaje tremendista y violento. Ganó espacio el discurso
represivo y autoritario. Y logró mayor receptividad quien propuso implantar la
Pena de Muerte, construir nuevas cárceles, aplicar la Cadena Perpetua, crear
campos de concentración en la selva y privar a los actuales reclusos de
alimentos, vestidos y visitas.
Y
claro, todo eso, en medio de la burla a los Derechos Humanos, a la justicia
plena, a las garantías individuales y a las libertades ciudadanas. En
otras palabras, ganaron la batalla los portavoces del terror, en tanto que
quedaron completamente a la defensiva los que tuvieron -aunque no plantearon-
una salida democrática y popular a la crisis. Fue casi una competencia de
propuesta de ese corte, que llevó a alguno a demandar la creación de Tribunales
Especiales, jueces sin rostro, condenas a muerte hasta sin “el debido proceso”.
En el extremo. desde “la izquierda” se propuso crear un “Comando de
aniquilamientos” para acabar con los delincuentes,
No
se trataba de acabar con la miseria, ni el atraso, la ignorancia, la enfermedad
o el analfabetismo; ni terminar con la mala educación, ni la precariedad en la
salud, ni con la escasez de vivienda, o de empleo, con la informalidad o con la
violación de los derechos laborales. No. Eso, estuvo ausente. El tema era
acabar con los delincuentes
La sociedad punitiva y carcelera tomó el mando de las propuestas en los debates, sin que hubiese fuerza alguna capaz de colocar las cosas en su verdadero lugar: el drama del Perú es la dependencia y el subdesarrollo, el sometimiento al Gran Capital, la fuga de sus recursos naturales y la precariedad de la educación y la salud, la falta de empleo y la exigua atención a la mano de obra y a la promoción de nuevas generaciones de peruanos que “patean latas” sin encontrarte ocupación alguna.
Y
deplorable fue ausencia total de una definición en materia de política
internacional. Pese a que la Constitución establece que la política exterior la
dirige el presidente de la República, los candidatos a este puesto eludieron
definirse en la materia por no chocar con las posiciones de la clase dominante
y el imperialismo. No obstante, la gravísima crisis regional que vive América
Latina estuvo ausente. El miedo hizo que no se hablara de Cuba ni de
Venezuela, que se callara en todos los idiomas respecto a las bravuconadas de
Donald Trump en el escenario mundial. Fue solo el miedo “a perder votos” lo que
silenció una definición que lucía indispensable.
![]() |
| Roberto Sanchez |
Esa
fuerza unida bien podría haber arribado en la primera ronda electoral a un 30%
de los votos, ganando largamente a cualquier candidato de la derecha. Y
consolidado en esa unidad podría fácilmente llegar a un 50% y ofrecer un cambio
real al país. Esta vez no fueron diferencias políticas ni ideológicas las que
separaron a unos de otros. Ni siquiera partidistas. Simplemente personales,
vinculadas a objetivos individuales de quienes querían alcanzar un puesto en
las listas presidenciales o parlamentarias para ”avanzar” en objetivos
propios. Aunque algunos lo hayan logrado en el plano individual, en muy
poco tiempo los trabajadores podrán comprobar que también esta vez fueron
engañados.
Todo
indica, finalmente, que los resultados electorales arrojan una victoria
precaria de Keiko Fujimori con algo más del 16% de los votos y un segundo
lugar para Robert Sánchez con un 12.5%. Podría ocurrir incluso que Nieto pase
al tercer lugar y Porky quede cuarto. Eso abrirá la compuerta para una
confrontación mayor. De ella, nos ocuparemos después. <>




No hay comentarios:
Publicar un comentario