jueves, 27 de abril de 2017

EL MEJOR CAFÉ DEL MUNDO SIGUE SIENDO PUNEÑO

PERÚ CAMPEÓN MUNDIAL
Escribe: Milcíades Ruiz
Campesinos peruanos de origen autóctono están logrando lo que no pueden los futbolistas citadinos, con todos sus millones de estímulo, instalaciones modernas, entrenadores especiales, etc. Somos campeones mundiales en café de calidad. Esta hazaña ha sido lograda por Raúl Mamani, comunero altiplánico y caficultor del distrito de Putina Punco, en la selva del valle Tambopata, Sandia, Puno.
Acaba de ganar el premio mundial del "Mejor Café de Calidad" en la Feria Internacional de Global Specialty Coffee EXPO Seattle 2017, desarrollado en Estados Unidos. Seattle es una ciudad con más cafeterías per cápita en Estados Unidos y a esta feria mundial concurren todas las empresas industriales y comercializadoras del grano con especialistas mundiales del rubro en todas las etapas del proceso, desde el cultivo hasta su consumo, porque allí se muestran las innovaciones tecnológicas y las preferencias del mercado global.
Esto sucedió la semana pasada pero nadie salió a las calles a celebrar este acontecimiento, no hubo carabanas, ni banderas, ni transmisiones en TV, ni titulares de primera página en los diarios lo cual rebela el desprecio, la discriminación mediática y, falta de orgullo nacional por las proezas del agro peruano. El manejador de imagen del presidente ignora a Mamani porque quizá considera que no reditúa políticamente y el Congreso de la República puede condecorar a Xi Jimping o a “Melcochita” pero a Mamani no.
Putinapunco es una zona enclavada en las estribaciones de la cordillera oriental. Hace 50 años era selva virgen pero aymaras y quechuas fueron los pioneros. No sabían nada del cultivo de café ni lo consumían porque sus tradiciones eran andinas. Pero aprendieron y empezaron sembrando pequeñas parcelas café, junto a los frutales, yuca, coca, maíz. A esos lugares nunca llegó la ayuda gubernamental. Todo es por iniciativa propia. Conozco el lugar porque cerca estaba la base guerrillera del ELN para el ingreso del Che y teníamos nuestro cafetal.
Con el tiempo, el cafetal se convirtió para los colonizadores altiplánicos en cultivo principal. Cuando terminaba la campaña agrícola en el altiplano las comunidades campesinas bajaban a la selva a la temporada de café que rendía más en términos monetarios ya que en la altura primaba la agricultura de subsistencia. La migración se hizo más intensa y muchos optaron por fijar residencia en la selva. Para no ser presa fácil de los acopiadores optaron por integrase en empresas cooperativas que, se encargan de comercializar el grano por encargo de sus socios.
Raúl Mamani, es socio de la Central de Cooperativas Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa) al amparo de la cual ha ganado concursos nacionales, lo que le valió ser invitado a participar en dicha feria mundial. Gracias a estos campesinos de las zonas cafetaleras de toda nuestra selva alta el café peruano ha venido ganando prestigio en el extranjero más que en nuestro país donde los cafetines prefieren vender café colombiano solo por la marca porque el grano es peruano.
En mérito al prestigio internacional del café peruano, Barista Guild of America, la más prestigiosa organización de baristas de Estados Unidos seleccionó el café de los campesinos de la cooperativa Incahuasi de Cusco que se cultiva a más 2000 m.s.m., para servirlo en el evento Re:co Symposium 2017, que es la cita previa de los más importantes actores de los cafés especiales del mundo, dos días antes de la Global Specialty Coffee Expo. Los productores cusqueños fueron aclamados y los contratos para la cooperativa no se hicieron esperar. Valió el esfuerzo de PROMPERU que siempre ayuda en estas ferias.


De derecha a Izquierda) Presidente de la Cooperativa Incahuasi, 
Muriel Palomino y, Claudio Ortiz, gerente general.
Pero claro, a estos logros no se le da importancia nacional aunque lo merezca tanto como la gastronomía peruana que es también fruto de la inspiración de las campesinas pobres que, al no tener la disponibilidad de las amas de casa citadinas, se las ingenian para crear potajes que son una delicia. El campesino no es muy dado a la cocina y es la mujer la que prepara todo para alimentar a la familia con lo que hay en la chacra. ¿De dónde salió el mote, la causa, el seco, etc? Pero tampoco se reconoce esta proeza de la mujer campesina. Ella sigue pobre y son otros los beneficiarios de su ingenio.
Pero el caso del café nos da una idea de la fortaleza del campesinado minifundista agrupado en cooperativas o como caficultor independiente. En situación de abandono estatal, tras la cordillera de los andes, sin tener el apoyo del Estado, compitiendo con el narcotráfico y las adversidades de la naturaleza son capaces de lograr éxitos increíbles. El café aporta anualmente alrededor de mil millones de divisas que el país dispone para sus importaciones y el trato que recibe el sector cafetalero es denigrante lo cual se traduce en baja productividad. El promedio solo saca la tercera parte de lo que debería ser.
Es de imaginarse la potencialidad estratégica que posee el café para el desarrollo nacional si tuviese el nivel tecnológico y científico como lo tienen otros países. Brasil y Colombia viven del café y Perú no aprovecha las condiciones ecológicas que le dan ventaja de calidad para convertirse en la primera potencia mundial en café. Las divisas que trae se quedan en el país a diferencia de la minería que se lleva todo para engrosar fortunas extranjeras. Toda la retórica de la lucha contra la pobreza y de la diversificación productiva como alternativa al extractivismo queda mal parada con el trato que recibe la caficultura nacional.
Raúl Mamani volverá a su chacrita en las profundidades de la selva, a trabajar como siempre y todo lo vivido en la competencia mundial quedará solo como recuerdo. Vive de su trabajo no de los premios. Sin seguro social, sin jubilación, sin vacaciones, sin CTS, ni horas extras, ni aguinaldos ni bonificaciones por escolaridad, Fiestas Patrias o Navidad. Así como Raúl Mamani, son muchos los campesinos que viven en condiciones paupérrimas mientras los que procesan y exportan sus productos se enriquecen. Esa es la maldición de vivir bajo un sistema de dominación como el que impera en nuestro país.
¿Esto es justo? Todos dirán que no. Pero así como velamos por los homosexuales y lesbianas para que no sean segregados, ¿No sería bueno hacerlo también con igual devoción por los campesinos que no tienen beneficios sociales en pleno siglo XXI? Justicia social es nuestra bandera en la izquierda de siempre. ¿Pero qué tanto estamos dispuestos a luchar por ella? O nos hacemos los desentendidos para explotar esta necesidad solo en campaña electoral.
Lo que sugiero es que hagamos un esfuerzo por una militancia más activa. Abramos el debate en nuestras reuniones y tratemos estos asuntos con la mayor honestidad sin pensar en sacar ventajas. Salvo mejor parecer.

Abril 2017

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