viernes, 28 de abril de 2017

COYUNTURA POLÍTICA PERUANA


LECTURAS INTERESANTES Nº 756
LIMA PERU            28 ABRIL 2017
MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO
César Hildebrandt
Tomado de “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” N°345, 28ABR17 p.13 y s.
A principios de setiembre del 2011 este periodista entrevistó al abogado Carlos Escobar. Dos meses después de que Ollanta Humala asumiera el cargo de presidente de la república, Escobar, que había sido su abogado en el caso Madre Mía, reveló al país, a través de este semanario, que Humala había comprado testigos y que había sido, en efecto, el temible y asesino "Capitán Carlos". Los que ahora denuncian lo mismo con gran alharaca, ignoraron en ese entonces las palabras de Escobar. La prensa, asustada, no rebotó el asunto. La clase política calló. La judicatura tembló. La Fiscalía lo ignoró todo. Humala empezó a vengarse de esta revista a su manera. Ahora quisiera recordar lo que dijo Escobar aquel día memorable. Esta es la transcripción textual del reportaje:

"SÍ: OLLANTA COMPRÓ TESTIGOS Y ENVIÓ A DOS PERSONAS A CUMPLIR ESA TAREA"
Entrevista exclusiva con Carlos Escobar. Nombres, fechas, detalles y mugres de un caso que involucra directamente al actual presidente de la república
Carlos Escobar
Carlos Escobar fue el célebre fiscal del caso Cayara, el asesinato en masa que comprometió de modo inexcusable al impune doctor Alan García. Escobar fue amenazado, el Congreso se hizo cómplice de los ejecutores de la masacre, hubo dos atentados en contra suya mientras testigos del caso eran liquidados misteriosamente, hasta que llegó el día en que, con la ayuda del gobierno estadounidense, partió al exilio para salvar su vida y se instaló en California. Reside en los Estados Unidos desde entonces, aunque, entre el 2002 y el 2004, retornó al Perú para ser procurador del ministerio del Interior, un cargo que le fue ofrecido por Fernando Rospigliosi. En el 2006 asumió la defensa del candidato Ollanta Humala, acusado de violación de derechos humanos en el caso Madre Mía. En noviembre del 2006, asqueado, retorna a su exilio. Escobar ha recibido múltiples reconocimientos internacionales y nacionales, entre los que se destacan los premios de las barras de abogados de Nueva York y Atlanta, el de Human Rights Watch y el de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú en el año 2000. La extrema acusación que aquí vierte puede tener impredecibles consecuencias o ser, como ha sucedido con otros casos, desoída y engavetada (cuando no calumniada). Eso dependerá de los parámetros éticos en los que se mueve la política peruana.
-Doctor Escobar: ¿qué lo llevó a la decisión de narrar lo que nos va a narrar esta mañana?
-Hace unos días, después de algunos años, viajé a mi país. Mi idea era ver qué pasaba con Cayara, un proceso que está detenido hace cinco años en la Fiscalía. Averiguando en torno a ese caso, que compromete a Alan García, me enteré de que el caso Madre Mía estaba archivado definitivamente y que el caso de la compra de testigos también había sido archivado, aunque estaba pendiente de una decisión final de la Suprema. Yo, en el 2006, siendo abogado de Ollanta Humala en el caso Madre Mía, dije que si comprobaba que había habido compra de testigos me retiraría del caso y no volvería a ejercer como abogado.
Pues bien, he cumplido: me retiré del caso y no he vuelto a ejercer como abogado. Yo defendí a Humala creyendo en su palabra. Me jugué por él. Cuando supe la verdad, me sentí asqueado y me retiré.
-Aproximadamente en noviembre del 2006. Ese es el momento.
-¿Y por qué no nos lo dijo en esa fecha? Nos habríamos ahorrado unos cuantos dilemas.
-Porque yo seguía siendo, formalmen­te, el abogado y existe el asunto del secreto profesional. Ya la doctora Miluska Cano, la jueza, me había llamado la atención por unas declaraciones hechas a la prensa. En todo caso, un abogado no puede hablar de lo que sabe de su cliente sino cuando el caso se archiva. Yo recién me he enterado de este archivamiento en el viaje a Lima que le he mencionado.
-¿Pero no era un deber moral de­cir lo que sabía?
-Sí, pero yo soy, antes que nada y aun­que ahora no ejerza, un hombre de leyes, un formalista. Claro que dudé. Pero prefe­rí callarme y salir de todo esto, asqueado como le dije.
-¿No se está vengando ahora us­ted de algún desaire?
-Imagínese. Yo no hablo con Ollanta Humala desde noviembre del 2006. Ja­más lo he buscado y jamás le he pedido algo. Cuento ahora lo que sé porque era una deuda que tengo con mi país.
-Permítame insistir: si usted ya estaba fuera del caso, ¿cuál era su compromiso con la discreción?
-Le repito: cuando uno ha defendido a alguien en un proceso penal no puede ha­blar sino después de que el caso se archive. Esa es una norma casi sacerdotal. Ahora sí me encuentro liberado de toda reserva.
-¿Pero no piensa que esa infor­mación habría contribuido a aclarar el proceso electoral del 2011?
-Sí, pero el caso no había sido archiva­do. Los abogados tenemos normas. Las consideraciones políticas están por debajo de esas normas.
-¿Y qué fue lo que pasó en el caso Madre Mía?
-Yo le dije a Humala que me contara todo. Y lo que me dijo es que habían cap­turado a esta mujer -que después descu­brí que era la "camarada Micaela"- y a su conviviente, en la zona donde él servía como capitán, pero que había venido un oficial de mayor rango y se los había lle­vado. Cuando confirmo que la mujer era, en efecto, una terrorista, le pregunto a Humala: "dime, entonces, quién era ese oficial para cerrar el caso". Allí es donde él ya no me dice nada y me habla de la leal­tad a la corporación, que es como él llama al ejército.
-¿Y qué pasó?
-Yo insistí: le dije que la única manera de acabar con la acusación era dar el nom­bre de quien había matado a esas perso­nas. Fue en ese momento en que estalla el asunto de la compra de testigos. Entonces, Humala me dice: "Carlos, ¿y ahora qué hacemos? Están diciendo que yo he com­prado testigos". Le pregunté: "¿hay algo de cierto en eso?". Se molestó y me dijo: "¿cómo crees que eso puede ser cierto?". Su enojo me dio tranquilidad. Le dije que investigaría, que si no había nada, podía estar tranquilo. Ingenuidad la mía. Después me enteré de que el expediente militar correspondiente a 1999 y a Ollanta había sido mutilado en todo lo que concernía a los operativos de Madre Mía. Eso lo hizo un oficial amigo de Ollanta y que, como premio, recibió, hace poco, la jefatura de Indeci. Se trata del coronel Luis Humberto Pereira Briceño. Claro que el cargo le duró doce días porque la prensa le cayó encima. Pero en su momento se probó que fue él quien arrancó de esos expedientes las páginas que podían dañar a Ollanta Humala. Y la hermana de este oficial, Lastenia Pereira, fue candidata de Gana Perú por Piura al Congreso.
Gomez Amasifuen
-Pero volvamos al asunto central. ¿Cómo se entera usted de que Ollanta Humala había comprado, en efecto, a un testigo?
-Un día Ollanta me dice que por qué yo no voy a Tocache a instar al fiscal a que no denuncie dado que el supuesto testigo de los hechos ya se había retractado. Recordemos que el congresista Aurelio Pastor había amenazado a ese fiscal si no hacía la denuncia. Le dije a Humala que no podía hacer eso, que los fiscales son autónomos, que tomaría a mal mi visita. Entonces me dijo: "No, pues, Carlos, las cosas no son así". En ese momento, me entero que él decide que viaje una persona a hablar con el fiscal, a pagarle a ese fiscal para que no formalice la denuncia. -¿Y quién es ese viajero?
-Ese nombre lo voy a dar cuando me llamen a la sala que está viendo el recurso de nulidad planteado por la fiscalía. Viaja esa persona y cuando viaja esa persona y regresa, yo estoy en el local del partido, en el segundo piso, con mi hijo, y escucho cuando Ollanta le mete una carajeada a su enviado diciéndole que cómo era posible que el fiscal hubiese denunciado ya. "Has sacado un montón de dinero, total, ¿qué cosa hiciste?", le gritó. Poco faltó para que dijera: "Pagamos y no salió".
-¿Usted escuchó esa conversación o se la refirieron?
-Yo la escuché. No sólo eso. Se lo dije.
"Mira Ollanta -le dije-: sin querer he escuchado tu conversación, y te reitero: esos no son mis métodos...". Entonces él me interrumpe y me dice: "Carlos, yo tengo que atacar las cosas a fondo, no como tú dices". Fue allí que yo le encargo a un abogado, amigo mío y de absoluta confianza, el doctor Alejandro Ureta, que averigüe todo lo que pueda en relación al caso del suboficial Amílcar Gómez Amasifuén, que era el acusado de haber sido el contacto para comprar al testigo Jorge Ávila Rivera, hermano de Natividad Ávila Rivera, la desaparecida camarada Micaela. Como usted recordará, en ese famoso operativo mataron a Natividad Ávila, alias Micaela, y a su pareja, Benigno Sullca Castro, y se salva con las justas, tirándose al no, precisamente Jorge Ávila Rivera, el testigo que llegaron a comprar. Ureta entonces asume la defensa del suboficial Gómez Amasifuén, que Ollanta ya había reconocido que era su amigo y que habían estado juntos en Locumba. Mi propósito, en realidad, era saber si había o no había compra de testigos y Alejandro Ureta estuvo de acuerdo. Pero siendo su abogado, podía tener acceso a la verdad porque lo primero que hace un abogado es preguntarle a su defendido cuál es la verdad. Y Gómez Amasifuén estaba muy asustado. Podía ir a la cárcel.
-El asunto olía pésimo.
-Olía más que pésimo. Pero yo necesitaba saber a quién había estado defendiendo arriesgando todo mi prestigio.
-¿Y qué pasó?
-Mi amigo habla con Gómez Amasifuén ya como su abogado y luego viene donde mí y me dice: "Carlitos, tenías razón: han comprado al testigo". Y me cuenta: "Le han dado dinero, han viajado a la zona, han cambiado su versión, han hecho una declaración ante notario...".
-¿Sabe cuánto pagaron?
 -Al abogado del testigo le dieron 2,500 dólares para que no se interpusiera y al testigo, 4,000 dólares.
-¿Qué testimonio específico fue el que cambiaron?
-Jorge Ávila había sostenido que Ollanta Humala era el capitán Carlos y que el capitán Carlos había dirigido la operación en la que habían matado y desaparecido a su hermana y a su cuñado. Y había contado, además, cómo es que se había salvado tirándose al río. Con la retractación, por supuesto, niega todo lo dicho antes. Mi amigo me dice: "Los que han llevado el dinero han sido el suboficial Gómez y una chica llamada Cinthia. Y ha sido Gómez el que me lo ha reconocido".
-¿Supo quién era Cinthia?
-Cinthia era una persona de entera confianza de Ollanta Humala y trabajaba en el partido. Fue ella, supongo, la que llevó el dinero, siendo Gómez el contacto. Cuando supe de todo esto, yo le dije a mi amigo: "Alejandro, gracias. Terminó. No va más. Ni tú ni yo seguimos defendiendo esta porquería". Y allí fue que me alejé.
-¿Le pidió una explicación a Humala después de enterarse de estos hechos?
-No. ¿Para qué? Sólo le dije: "Qué lástima, Ollanta, hasta aquí nomás llegamos". Me dijo: "Carlitos, ¿cómo vas a abandonar?". Le respondí: "Hasta aquí nomás".
-Usted ha pedido ser testigo en el caso que se mantiene vivo, el de la compra de testigos. ¿Qué pasa si la sala no lo llama?
-Sería un asco para el país. Tampoco me sorprendería después de lo que vi hace poco. Vi a un miembro de la Suprema diciendo que hay que tener un trato especial con los parientes del presidente y vi a otro tomándose un cafecito con el presidente. Pero espero que en este caso se actúe bien.
-¿Tiene usted alguna duda respecto de que fue Humala quien ordenó comprar al testigo?
-Ninguna. Ninguna.
-¿Tiene usted alguna duda en relación al hecho de que ese cambio de testimonio fue decisivo para que Humala saliera bien librado, por ahora, del caso?
-Absolutamente ninguna duda. Ese era el testimonio clave. Es el del hombre que lo vio todo, que salvó la vida porque tiene el instinto de tirarse al río, que vio cuando detienen a su hermana y a su cuñado y que, estando en el río, escucha disparos.
-¿Cuál fue la responsabilidad personal de Humala en el caso Madre Mía?
-Intervino a estas tres personas, las capturó, dio muerte a dos de ellas y el otro se escapó. Así de simple.
-¿Dio muerte?
-Bueno, él está en el lugar y en el momento en que ocurren los hechos y él era el oficial de mayor rango en ese operativo. En todo caso, donde aparece lo que hizo Ollanta Humala es en esas hojas que fueron sustraídas por el coronel Pereira, que en ese momento era jefe de los archivos del ejército y a quien le abrieron un proceso por destrucción de documentos reservados. Él salió libre porque la justicia militar sostuvo que no había pruebas suficientes para condenarlo.

EL COMERCIO
-En el caso de las muertes, ¿hablamos de responsabilidad mediata o de responsabilidad directa?
-Directa por las razones que le he expuesto.
-¿Y en el caso de la compra de testigos?
-Directa también. Es Ollanta el que da el dinero.
-Usted comprenderá que todo lo que nos dice tiene una enorme connotación moral y política. ¿Sabe eso, verdad?
-Lo entiendo. Pero mi asco es mayor que cualquier otra consideración. Yo me ensucié en la defensa de algo que Ollanta sabía que era indefendible. A mí el caso Cayara me sacó de lo que más he amado: el ministerio público. Cuando defendí a Ollanta y creí en su inocencia, pensaba: si este hombre llega al poder quizá podamos reabrir Cayara y sentar en el banquillo al hombre que siempre debió estar en él: Alan García.
-¿Una opinión personal sobre Ollanta Humala?
-Qué lástima para el país.


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