sábado, 26 de noviembre de 2016

POETAS PUNEÑOS

JOSÉ PANIAGUA NÚÑEZ 

Nació en Puno, 1929. Se le conoce con el seudónimo de JOSPANI en el mundo literario, Aparece con una poesía beligerante, confrontacional. Era la década del 50, una época de serios conflictos sociales y de rebeliones. Los poetas no podían estar al margen de estos hechos históricos. Su poesía por tanto encierra un contenido ideológico y político que reflejaba de alguna manera la crisis profunda de un país que se debatía entre la miseria y la violencia. Su poesía posterior es de reflexión; el amor y la soledad se instalan en el poeta.

Solapa del libro “POETAS DEL 50” Ed. UNA. 1914?

La poesía de JÓSPANI, seudónimo de José Paniagua Núñez, tiene dos momentos. El primero está marcado por la violencia. Una sociedad que se desarrolla en un clima de engaños, de racismo feroz, de explotación despiadada. El segundo momento, sobre todo, con Fantasía del silencio se caracteriza por ser intimista. Su poesía trocó en otro proyecto, el amor, la soledad y la bohemia serán, sus referentes. Padilla, al respecto dijo: Este poemario de Jóspani se nos figura una copa de vino añejo, fino y exquisito, como son los humos vinos que acostumbramos tomar, de aquéllos que aun cuando lo hemos bebido hasta la última gota, nos deja en la boca su rico aroma y ese sabor delicioso producido por el sol entre la arena y el mar. (Apumarka N° 1, p. 95)


Jorge Flórez Aybar. Contratapa del libro “POETAS DEL 50”








































BOHEMIADA
UNAS VECES
La calle sombría como el rostro de un muerto,
Las bujías como pupilas desvanecidas,
La cruz imprescindible de cuatro calles,
Y la tumba enlutada de la noche.
El viento, una oración muy triste,
Mis pasos, latidos del silencio,
Mi sombra, sin sombra, una esperanza,
Los árboles enigmáticos, centinelas callados.
El frío travieso buscando mis pulmones,
Mis ojos trajinando las sombras,
Los cerros lejanos repicando misterios,
Y mi vida atisbando un verso nocturno.
Otras veces.
La música danzando con mis tímpanos.
La mesa cansada de mis codos.
El espacio aburrido con mis palabras.
Las paredes arrojando mis miradas.
Los cigarrillos mordiendo mi garganta.
Las copas suspirando recuerdos.
Mis manos estrangulando la vida.
Mis penas mojadas de licor.
El caté respirando el fondo de las cosas.
Los amigos recordando alguna amada.
Los labios humedecidos de consuelo.
Y el espíritu tranquilo en su festín.
Siempre,
Cuatro paredes aburridas con mi presencia,
La ventanilla que me alcanza un pedazo de ciclo.
Una mesa bordada con mis poemas
Una silleta crujiendo su fatiga.
Una cama con la rima de mis sueños.
Una mesa de noche preguntando del día.
Un cenicero con la escoria del ayer.
Un reloj imperativo que me bota a la calle.
Mis libros, camaradas del Universo.
Mis papeles arrugados de dulces fantasías
Mis periódicos enjugando los hechos.
Y mi vida tambaleando en la nada de la vida.




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