jueves, 9 de abril de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: PUNTOS DE VISTA

 UN VOTO DE CONFIANZA AL PUEBLO

 Por Gustavo Espinoza M.

 Prácticamente en la víspera de las elecciones presidenciales y parlamentarias que tendrán lugar este domingo, y cuando se han agotado ya las posibilidades de consultar encuestas y aún de hacer propaganda política por una u otra opción electoral, sólo cabe otorgar un voto de confianza al pueblo, que será finalmente el único que podrá encontrar un camino de salida a una crisis que no han sabido encarar los obligados a hacerlo.

 Esta crisis ha sido creada por la voracidad de la clase dominante, por su soberbia y su extremo egoísmo, por su crueldad y desprecio por el pueblo, sus concepciones racistas y su desvergonzada manera de hacer política.

 Pero debió haber sido encarada por una Izquierda seria que, con conciencia de clase  y proyección de futuro, hubiese renunciado al sectarismo estrecho y a la pequeñez de miras; limitaciones todas que le impidieron forjar la unidad indispensable para enfrentar exitosamente lo que se avecina.

 El Perú corre el riesgo de encontrarse ante una suerte de callejón sin salida. Podría ocurrir, en efector, que los resultados del 12 de abril arrojaran un baldazo de agua fría sobre el país entero, y dos definidos exponentes de la ultraderecha alcanzaran las primeras ubicaciones y pasaran así a la segunda vuelta.

  En tal caso, lograrían también una clara mayoría parlamentaria tanto en la Cámara de Diputadas como en el super poderoso Senado. Ese podría ser el sueño de Fujimori, López Aliaga o Álvarez, que la Prensa Grande aplaudiría a rabiar, pero que asomaría como una pesadilla para el país.

 Tras ese juego está otro que le permitiría a esa misma coalición alcanzar una sólida mayoría en el Senado. Esta, a su vez, implicaría dos vertientes: una política -dar la mayoría a la ultra derecha para hacer y deshacer a su antojo-  y la otra de corte social: Un Senado centralista y capitalino que expresara su menosprecio al Perú rural y provinciano, con un claro matiz racista de por medio.

 Eso, que asoma por cierto muy improbable, podría no haberse siquiera asomado si el movimiento popular hubiese marchado unido a esta contienda. Bien podría una alianza de fuerzas progresistas, alcanzar un 30% suficiente para ganare holgadamente una primera vuelta.  La división en casi 4 corrientes podría dar lugar en cambio a que cada una de ellas obtenga un 7% de votos y una escuálida representación parlamentaria.  

 Claro que nada de esto es fatal. También podría ocurrió que alguno del campo popular se despunte y logre pasar a la segunda vuelita con una significativa representación congresal. En tal caso -y cualquiera que fuese el protagonista de esa acción- tendría que recibir el apoyo certero de los otros grupos y fuerzas afines para vencer en la segunda vuelta a la candidatura de la extrema derecha y hacerle frente en el Poder Legislativo.

 ¿Eso, es posible? Ciertamente que lo es. Solo que sería una “salida” casi impuesta por el pueblo mismo. La dirigencia del movimiento tendría que mirar autocríticamente lo actuado por ellas, y corregir de inmediato lo mal andado.  En otras palabras, tendría que reconocer que por allí fue que debió haberse comenzado

 Es claro que el pueblo es consciente de todo ello. Cualquier ciudadano ligado al movimiento popular obraría  así en similar sentido. Y buscaría forzar la unidad sabiendo que ese es el único camino que garantiza la victoria. Eso lo sabe el pueblo porque posee un rasgo esencial: el instinto de clase.

 Confiando en ese instinto de clase, es que sólo cabe hoy otorgarle un Voto de Confianza al pueblo. <>

 

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