martes, 19 de junio de 2018

GAMALIEL CHURATA


CIENTO VEINTIÚN AÑOS
Omar Aramayo 18 de junio · 
Arturo Peralta Miranda, más conocido como Gamaliel Churata, nació el 19 de junio de 1897, y no el 10 de junio, como dice la Biblioteca Nacional del Perú. Hijo de don Demetrio Peralta y doña María Miranda, de acuerdo al acta de bautizo, sentada en la ciudad de Arequipa. Sus padres lo trajeron de muy niño y se hizo a la idea que Puno era su lecho natal, así lo dijo cada vez que se lo preguntaron, y así lo dice en El Pez de Oro.
Niño precoz, uno de los más de cuantos ha habido en estos reinos del señor, tempranamente dominó la Biblia, y eso apabulló a un obispo cuya intención era cuestionar a José Antonio Encinas, su maestro, acusado de ateo. En la escuela de Encinas aprendió muchas cosas, la primera es la libertad de conciencia, y la libertad de acción. Pero también aprendió a cajear, es decir la composición de textos para imprenta con el uso de monotipos, como en la época de Gutenberg, que así se hizo más o menos hasta los años sesenta, en el el Perú.
Diez de Medina, un escritor boliviano, decía que había dejado más seis mil artículos dispersos en Bolivia, entre 1933 y 1964. Allí le dieron el premio nacional de literatura, pero no lo aceptó, porque decía que ese premio lo merecía un escritor boliviano, y no él. Asesoró y acompañó al régimen de MNR de Paz Estensoro, que hizo la reforma agraria, en 1952, una de las primera de América Latina.
Escribió El Pez de Oro, que es un canto al Lago, y una reflexión sobre su génesis mítica, y sobre la génesis humana, y el espíritu humano. La biblioteca nacional, dice que es una mezcla de mitos andinos con narraciones vanguardistas. Eso no se le ocurre a nadie. Pero está bien, a caminar se aprende.
De ser un desconocido absoluto, desde que llegara al Perú, en 1964, hasta hace muy poco tiempo, ha pasado a ser uno de los escritores peruanos que más llama la atención a los estudiosos extranjeros y nativos. Es raro, exótico, vanguardista, puneño, berrueco, complicado, profundo, irreverente, de modo que se presta para ser visto desde el delta de la post modernidad y la post verdad. Desde la
colonialidad, el psicoanálisis, el constructivismo y la deconstrucción, y desde cualquiera teoría novedosa. Ahí están los estudiantes, los investigadores.
Churata sufrió exilios, persecución, la muerte de sus compañeras, la separación, la muerte de sus hijos. A su muerte cambió de residencia hasta en cinco oportunidades, ahora tiene su mausoleo, que frecuentemente es profanado. Y sin embargo, allí está, vivito y coleando.
Para leer su obra se necesita, paciencia, serenidad, seguridad, imaginación y cultura. Bastante imaginación, hay que imaginar lo que él dice, con libertad, si no es posible no se podrá entender a Churata. Y cultura, cultura general y cultura andina.
Ah, me olvidaba. También fue bibliotecario. Además de escritor, periodista, político, humanista. Y sobre todo, un rebelde. En efecto, gracias a sus contactos, en el Perú y el extranjero, en los años veinte constituyó la biblioteca municipal de Puno, que fue devastada, paradójicamente, por los directores de la biblioteca y por los regidores de la municipalidad de Puno, en los años 60 y 70.
Feliz cumpleaños, maestro.

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HALLY INKÁSICO

Gamaliel Churata (En "El Pez de Oro")
Publicado en Tierra de Leyenda

¡Mi pueblo, milenario de mi sangre!
La eternidad es tu atributo;
Nido de tus canciones el surco.
Sólo en ti germinan los amores;
en ti las flores odoran bajo el Sol.
¡Mi pueblo, milenarios de mi sangre!
Sangre vieja es la tuya
que da juventud a mi alimento.
Pasión eres; eres fuerza;
sabiduría tienes:
la sabiduría del esplendor;
de la planta andariega,
pasión sabia;
de la sangre enardecida
la fuerza pasional.
El dolor es panal en tu pecho.
Es hálito, eternidad, raíz,
en cuanto, en ti, mis manos edifican.
¡Mi pueblo, milenarios de mi sangre!
¿Quién a rugir te obliga, pueblo mío?
Cuando ruges tiembla el firmamento.
Si acaricias, el granito echa flor.
Si lloras, llora el volcán, tu hijo;
llora el Lago, tu madre.
La eternidad es tu atributo;
nido de tus canciones el surco.
¡Pueblo: milenarios de mi sangre;
lo fugaz no está en tu naturaleza!
¡Fatígate, laborero!
¡Crea, consumiendo tus ceras, creador!
¡Gobernante:
tiembla como la aguja imantada,
pero encuentra el Norte de tu pueblo!
¡Sólo en El germinan los amores;
en El las flores odoran bajo el Sol!
¡Mi pueblo, milenarios de mi sangre!
¿Si un pueblo hay en tu sangre,
qué esperas que no florece en ti
la sangre de tu pueblo?
Creador, gobernante, laborero:
el Sol hace más noble
la severa presencia de la montaña.
Y sólo en la sangre con pueblo
hay semillas del Sol...
¡Mi pueblo, mi sangre milenaria:
yo velaré, erizado de lanzas,
tu libertad, primavera de mi corazón!


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