viernes, 16 de diciembre de 2016

ANÁLISIS DE LA COYUNTURA POLÍTICA PERUANA

LECTURAS INTERESANTES Nº 730
LIMA PERU            16 DICIEMBRE 2016
LA LUCHA YA NO PASA POR PPK
César Hildebrandt
Tomado de “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” N° 328. 16DIC16, p 9
El actual presidente de la república llegó al poder porque el Perú iba a caer en manos de una banda mañosa, heredera de aquel ciudadano japonés que huyó del país podrido que él había deshonrado y que, más tarde y para contraer inmunidad, postuló sin éxito al senado nipón. Ese hombre está en la cárcel condenado a 25 años de reclusión por haber creado a un grupo de asesinos que actuaba bajo sus órdenes y con el amparo y los presupuestos del estado. Los que reivindican a ese gánster son los que, habiendo obtenido el 36% de los votos válidos en la primera vuelta, tienen 72 bancos en el Congreso y no, como lo ha recordado Gustavo Gorriti, los 47 que les hubiese aritméticamente correspondido si la ley electoral fuese decente. No lo olvidemos: una mayoría inflada por un sistema electoral corrompido, una mayoría con características de mafia y que reivindica como su líder moral a un ladrón y asesino es la que ha
secuestrado el Congreso. Y desde esa institución desprestigiada se pretende ahora cambiar la Constitución, imponer a su gente en puestos clave y jaquear al gobierno que creen les pertenece por haber sido derrotados "con armas vedadas". Por eso es que la idea de un golpe de estado blanco precipitado por una declaratoria de vacancia no les es ajena. Porque creen que de ese modo recuperarán lo que les pertenece, lo que sólo perdieron por "circunstancias anormales" la supuesta confabulación de la prensa, la imaginaria prohibición de que votaran policías y militares, el conteo pretendidamente fraudulento en algunas circunscripciones). Cuando la mafia fujimorista insinúa, por lo bajo, que la remoción presidencial es la salida está planteando no sólo una venganza sino una "reivindicación". Esa ha sido siempre la narrativa degenerada de su pasado: los torturados se torturaban solos, los desaparecidos desaparecían por su voluntad, Montesinos era adversario de Fujimori, Keiko y sus hermanos no recibieron dinero negro sino que tuvieron que vender una casa para sufragar esos gastos (decenas de etcéteras).
Recapitulemos: en las elecciones pasadas nos salvó el asco reunido, el miedo de millones que no querían que la historia se repitiera. Nos salvó la memoria y el instinto de conservación. Por eso ganó PPK. No porque fuera un gran candidato ni porque su programa encandilara a las multitudes sino porque se presentó como el retroviral que podía alargar la vida de la democracia peruana.
Y ahora resulta que el hombre que impidió que el narcoestado volviera al Perú -¿te acuerdas, pelona?- aparece como un hombre plagado de flaquezas, rehén de sus adversarios, subordinado de los voceros de la mafia, socio a la fuerza de la maquinaria que ha establecido un gobierno paralelo y usurpador en el Congreso.
PPK nos ha traicionado. Nos dio su palabra de que no habría transacción posible con quienes representaban un peligro para la supervivencia del país como nación civilizada, y nos ha defraudado.
Tiene miedo PPK. Miedo de enemistarse con quienes, en el fondo, admira y con quienes está de acuerdo -ahora lo vemos- en todo lo esencial. Miedo a que la "mancha blanca" que lo asiste y lo explota huya espantada ante el primer cruce de espadas. Miedo de que la opinología mercenaria y conversamente fujimorista lo empiece a atacar. PPK le teme al cargo, a la responsabilidad, a la batalla. Cree que la política consiste en ceder, que la sensatez se expresa apareciendo con cara de abuelo que dispara lugares comunes y que los "grandes intereses del país" exigen algo así como un ritual de castración. PPK es un hombre de poco carácter y está asustado. El fujimorismo ahora sabe que ganará por walkover. Y el país, esta vez sí, se halla en peligro.
Tomado de "el otorongo" suplemento grafico de PER21
La lucha que libraremos quienes nos negamos a aceptar el regreso de la yakuza peruana a la plenitud del poder ya no pasa por Palacio ni por PPK. Ahora pasa por rearmar el tejido social contestatario que, en 72 horas, volteó la última elección en favor de lo que creíamos que era el rostro de la honestidad. Lo que PPK no sabe es que al rendirse patéticamente ante el fujimorismo resulta contaminado. No es el débil que se retira del combate que no quiere librar. Es el pusilánime que, al transar, se asocia con los propósitos del enemigo. PPK no es el Piérola que huye a Europa después de sus anchas derrotas. Es el Iglesias que pacta con Lynch y se convierte en vasallo suyo.
Plantear la lucha en las calles y desde las organizaciones sociales activamente alertas frente a la amenaza que se cierne sobre el país, es la primera opción. Las calles y los colectivos democráticos nos salvaron del fujimorismo. Tendrán que volver a hacerlo. En cuanto a PPK, él se lo ha buscado. Su régimen, hoy socialmente ilegítimo y políticamente despellejado, depende de la voluntad rencorosa de la hija del reo. Eso ya poco importa. Es el fujimorismo el que ha empezado a gobernar abiertamente. Que Zavalita termine contando sus cuitas en "La Catedral", tampoco importa. Zavalita bien sabe cuándo se jodió el Perú.


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