miércoles, 12 de octubre de 2016

CARTA A LOS LECTORES DEL DIARIO LOS ANDES

RENÉ CALDERÓN
Los Andes | 11OCT16

Después de 10 años de intenso y prolífico trabajo he decidido alejarme del diario Los Andes. Iniciamos este proyecto mi compañera de la vida y yo, motivados por nuestra pasión y con la firme decisión de contribuir a Puno con un periodismo diferente, un periodismo constructivo, un periodismo que sume a las personas y que oriente a la ciudadanía. Y así fue.
Cumplimos nuestro rol asignado por nuestra sociedad históricamente. Los Andes en estos últimos 10 años nunca eludió su papel de promotor del desarrollo de Puno, sus páginas registraron dia a dia los acontecimientos más importantes de la región y también sirvieron como espacio de reflexión y discusión permanente de todas las tendencias.
No existe sociedad alguna, que planee desarrollarse sin la comunicación, la comunicación colectiva es tan esencial como la sobrevivencia misma, todos los días consumimos medios masivos; sin embargo, dos invenciones cambiaron la historia y tal parece son imprescindibles en todas las sociedades: la imprenta y la Internet. Los Andes fue pionero en ambas tecnologías, esto demuestra su papel protagónico en la historia.
Permítanme contarles cómo me inicié en la emocionante labor de contar noticias. Mi pasión viene de la secundaria, quizá por ello, desde el primer año de mi formación universitaria, trabajé en diversos medios de comunicación radial y televisivo; sin embargo, no fue tan intenso hasta el año 1995, cuando me ofrecí hacer prácticas no calificadas en Los Andes y conocí a Samuel Frisancho, un hombre leal a la lectura como al entendimiento de Puno.
Trabajar en Los Andes es algo místico, hay un karma especial que te inyecta de energía, de identidad, de historia, pero sobre todo te fortalece como persona, como profesional, quizá por ello, todos los intelectuales de todos los tiempos, fueron parte del diario, desde José Antonio Encinas hasta Boris Espezúa Salmón, el mayor tributante intelectual de nuestros días.
Antes de asumir la dirección del diario, colaboré con Emperatriz Frisancho, en diversas labores, prensa, diagramación, investigación y con atrevimiento hasta asistimos en la consolidación del modelo de negocio. Recuerdo a inicios del milenio, un grupo de periodistas recién egresados, entre ellos Beltran Chambilla y Wilner Solorzano, intentamos sin éxito, hacernos cargo de la dirección periodística y la administración. Nuestra falta de pericia y la desconfianza de la entonces directora, obligó nuestro alejamiento pero no por mucho tiempo.
Después de un lustro, precisamente el año 2005, encontramos a Emperatriz Frisancho en Arequipa, convencida que continuar editando el diario era un desafío económico que ella no estaba dispuesta asumirlo, nosotros sí, pese a que no teníamos ni un sol en el bolsillo; pero como se trata de un proyecto social, el primer aportante fue Manuel Asillo, mi padre político, a quien le debo mi gratitud infinita por su desprendimiento y su profunda vocación social. Entonces empezó la aventura, compramos la marca registrada “Los Andes, Decano de la Prensa Regional” y luego el mundo conspiró a nuestro favor. Un especial reconocimiento merece mi diligente esposa Flor Nelith, quien postergó el ejercicio de su carrera y volcó todas sus energías para la realización de este proyecto de largo aliento; también Christian Nonis, el amigo leal de Samuel Frisancho desarrolló un papel altruista, decisivo para el éxito.
Lo más emocionante de la nueva adquisición fue el archivo del diario Los Andes, mientras trasladamos la ruma de papeles y libros, abrir los empastados del diario de hace 77 años era una experiencia excitante, hojas y hojas de historia, de estilos de vida, de pensamientos, de esperanzas truncas y de satisfacciones colectivas; era una máquina del tiempo. Allí confirmamos que un diario es la historia de un pueblo escrito dia a dia.
Desde aquel día no paramos. Al inicio dirigir este grupo era más un privilegio y una responsabilidad, pero conforme pasaba el tiempo, fue un desafío. Hoy puedo decirlo, hacer periodismo sin caer en las garras de la corrupción es una labor titánica y heroica, comprendiendo esta situación, mi familia sanguínea, política y hasta espiritual se involucró en este proyecto. Mis padres Sabino y Rosalía merecen un homenaje aparte, sin su complicidad este proyecto hubiera sido historia inconclusa; sin embargo, la lista es larga y también su deseo de mantenerse en el anonimato; por supuesto sin olvidar los amigos quienes también fueron parte de este gran proyecto, con el único afán de construir un medio de comunicación que sea el faro que ilumine a la sociedad y no solamente su caja de resonancia.
Los Andes fue mi mejor contribución a la región Puno, fueron 10 maravillosos años de trabajo en equipo, de aprendizaje, de frenéticos cierre de edición, de tradicionales bohemias, de obligados debates, de derrotas anunciadas, de celebraciones inventadas y vacaciones postergadas; un gran número de actos que serán recordados por todos quienes fueron parte de este equipo. Merece un homenaje póstumo Hugo Hernán Valencia, el hombre multifacético que encarnó el diario con el mismo ímpetu que lo hiciera mi persona.
Hoy dejamos la posta, pero no la pasión. Dejamos la dirección al empresario Hipolìto Batallanos Anccasi, un hombre forjado en la escena empresarial y con suficiente respaldo económico como para sopesar las caídas, esas épocas de vacas flacas que suele poner en el peligro cualquier proyecto. Dejamos la posta, convencidos que inyectará al diario su energía, su tiempo, su experiencia pero sobre todo sensibilidad social para escuchar a la ciudadanía, interpretarlo y canalizarlo en busca de una mejor sociedad.
Me voy convencido que el diario Los Andes en manos Hipólito Batallanos, se consolidará como el mejor diario del sur del Perú, con más páginas, más color, más información y abierto a todas las tendencias políticas; y cumplirá un rol protagónico en la próxima celebración del Bicentenario Nacional, y cruzará los 100 años para continuar escribiendo nuestra historia, nuestros pareceres y sobre todo nuestros éxitos.
Me voy con la satisfacción de haber cumplido. Si alguien me preguntara qué hice en mi “perra vida” ya tengo la respuesta, hice un diario, del cual me siento orgulloso. José Martí, el gran pensador cubano decía, “hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Yo no escribí un libro, pero hice algo más grande, un diario. Gracias a todos.

Atentamente,
René Calderón

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