viernes, 28 de noviembre de 2014

LOS ORÍGENES DE LA DIABLADA II

Escribe OMAR ARAMAYO en facebook

¿Antes que llegaran las bandas de cobre al Altiplano y se hicieran al pueblo, para danzas como la Diablada o la Morenada, con qué instrumentos y con qué música se bailaba? No me digan que la Diablada no existía, por favor, que nadie me diga que la Diablada puneña se inventó en el siglo XX y que nació con las bandas militares europeas (de toque alemán, en Bolivia) que luego interpretaron música popular. No me digan que la Diablada que los bolivianos reclaman como propias no tiene más de un siglo.

Cuando contemplo a los Diablicos de Túcume, Huancabamba, o Mochumí, o a cualquiera de las del norte del Perú, en su danza al compás del tambor, con su melodía de pitos, silbatos, arpa o guitarra, veo la protodanza de la actual Diablada puneña, con pequeñas variaciones obviamente pero con rasgos idénticos, las mismas características, la figura del Ángel, por ejemplo, el bestiario, las sonajas.
Por cierto, que las máscaras son las mismas; antes seguramente habían sido realizadas en metales preciosos devastadas por los europeos en el siglo XVI en su sed de oro, pero quedaron los ceramios y allí están, para ver. (Lo que digo es que la Diablada es una danza prehispánica, a la que los cazadores de idolatrías le cambiaron de sentido, para los europeos nuestros dioses eran diablos.) Y no solo al del Dios Ai Apaec, otras más parecidas aun a las actuales, que luego mostraré ¿O alguien esperaba a que llegaran los instrumentos europeos para empezar la danza?
Y entonces ¿Cómo era la danza antes de las bandas de cobre, de los ritmos marciales que con ellas vinieron? Ahí está el problema. Las bandas de cobre borraron los pasos de esa Diablada original como las olas del mar borran los dibujos en la arena, como si en este momento les quitásemos a los panameños sus guitarras e instrumento de percusión para ponerles una banda militar a su danza de diablos. O nunca las hubo en Bolivia, que es lo más seguro. Eso es, en Bolivia comenzó cuando llegaron los ritmos marciales. En Puno, que es su raíz no ocurrió eso, el paso se conservó, se elaboró, se hizo danza legítima. De eso hablaré en la próxima entrega.
La Diablada puneña vino de la costa norte del Perú, tanto como el siku altiplánico que vino de los moche y de los nazca, en esta última locación alcanzó excelsitudes mayores, una edad de oro para la música universal de todos los tiempos, dada la sofisticación de sus instrumentos, evidencia que nos permite el aserto, aproximarnos al hecho a pesar de la oscuridad del pasado y el olvido. El siku nazca, que hablen los musicólogos y físicos, es un fenómeno inédito en la música universal ¿O será de origen boliviano y no nos dimos cuenta todavía? Por supuesto que no, el siku trenzado, de dos partes, ya estaba en Moche.
Otro de los temas que se toca con insistencia es al auto sacramental, como si solo se hubiesen realizado en Oruro, Charcas o Potosí, como si los bolivianos hubiesen inventado el auto sacramental, tan español, por cierto. Es necesario que lo sepan, en las danzas de diablicos del norte de Perú se los realiza todavía, con mayor pureza, mayor espontaneidad, se los puede ver en sus fiestas patronales como si la colonia hubiese sido ayer. No olvidemos que Lima fue capital de virreinato y que la cultura estaba al día con España y con Europa, hubo mucho teatro sacro y profano, hasta el Diablo Cojuelo de Vélez de Guevara llegó al escenario. Sí, don Cleofás.
En Juli como en el Paraguay los jesuitas fijaron sus centros de evangelización y utilizaron a los autos sacramentales como instrumento pedagógico de evangelización. A fines del siglo XIX, cuando su vida se extinguía, Gabino Pacheco Zegarra, el gran traductor del drama Ollantay y autor teatral, dio su voz de alerta para salvar ese patrimonio acumulado en las parroquias, que desgraciadamente ha desaparecido. Así que el auto sacramental no es creación boliviana, ni siquiera su incorporación a la danza, es colonial.
El auto sacramental aludido pone énfasis en los siete pecados capitales, tengo la impresión que los puneños no le han prestado la atención debida, como debió haber sido en otros años, en el norte del Perú, los diablicos danzan alrededor de los Siete Vicios. A esa falta de interés, en cambio, en Puno se ha cultivado la coreografía, que los bolivianos no han desarrollado para nada, no les interesa o no lo toman como propio. La coreografía permite lucir a plenitud el carácter multitudinario de la danza, el sentido espacial. Churata hablaba de la percepción y el sentimiento ultraórbico, esa visión se ajusta perfectamente al concepto del Amauta.
Dos circunstancias de carácter histórico hicieron espectacular a la Diablada puneña y a la boliviana; primero, que se hicieron multitudinarias con el crecimiento de las urbes, con la explosión demográfica, con la migración que rebasó a los pequeños pueblos debido a las carreteras y medios de locomoción, con la minería y la reforma agraria, con la aparición de una sociedad pujante, por la acumulación del capital; y las comparsas de diez o doce diablicos se multiplicaron como las olas del mar, al son de las bandas de cobre. Y lo segundo, como una necesidad de organización social, heredera de sociedades ancestrales desestructuradas por la colonia y por las sociedades de mercado, verdaderos ejércitos morales, conjunto de cientos de bailarines que en su organización reclaman y expresan su cultura orgánica, vital, multitudinaria, ancestral.
Así la Diablada se transformó en el siglo XX, las bandas militares conquistaron el espacio, los trajes y máscaras se embellecieron, como desarrollo espontáneo. Y nadie dijo nada, si eran peruanas o bolivianas, la frontera se hizo invisible, sin reclamo de ninguna clase, las danzas comenzaron a viajar por el mundo, hasta que los sietes pecados capitales, los siete vicios saltaron de las máscaras a las caras, de los trajes a la piel, y los bolivianos se llenaron de egoísmo, envidia, celos, ¿porqué? ¿Y por qué en los años noventa u ochenta y no hace sesenta años cuando la Diablada puneña y otras danzas aymaras, puneñas, pioneras, se exhibieron y fueron aclamadas en el Palacio de Bellas Artes, en México? Porque los bolivianos se dieron cuenta de algo sustancial, el refinamiento de la danza puneña cuando va sobre las tablas, y se dieron cuenta que ellos pueden imitar la gracia puneña. Y claro, como lo dije ya, por su baja autoestima como pueblo, como fracaso político de sus gobernantes. Ahí comienza la maldad.

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