miércoles, 10 de septiembre de 2014

PUNEÑOS EN AREQUIPA, EN SORNA

BOTAN A PUNEÑOS DE AREQUIPA Y EL ÚLTIMO APAGA LA LUZ
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Un grave éxodo se registró en la ciudad más grande del sur peruano, donde la campaña de limpieza racial emprendida por un grupo extremista local en el exilio, denominado “Los últimos arequipeños reales”, provocó que todos los puneños afincados en la ciudad deban abandonarla, en un plazo de 72 horas, provocando una grave crisis demográfica, pues ya no quedaría ninguna persona dentro de la urbe, ya que la última, un trabajador de la empresa de luz natural de Ayaviri, apagó el alumbrado público al comprobar que no quedaba una sola persona en las calles, pues se comprobó que ni siquiera el alcalde era arequipeño.
Principe Sandino
Príncipe Sandino y su música fue la gota de chicha que derramó el vaso.
La radical decisión fue tomada luego de la organización de la última edición de la Feria Internacional de Arequipa (FIA), donde el espectáculo más concurrido fue el de Príncipe Sandino, causando que los artistas arequipeños netos -hoy extintos- tengan que vender yuquita frita afuera del campo ferial.
Las carreteras de acceso por el sur de la ciudad se encontraban totalmente abarrotadas, mientras que las diversas ciudades del departamento de Puno discutían los cambios radicales, puesto que con el retorno de sus paisanos, la población regional se triplicaría. “Lo peor es que muchos van a volver con costumbres de arequipeños. Cantan pampeñas, se emborrachan con Los Dávalos y hablan loncco. Si van a venir así, mejor que se vayan a Lima, allá aceptan cualquier cosa“, sostuvo un notable vecino de Juliaca.
Al cierre de esta edición, Donalds Rickets, periodista de El Panfleto en el León del Sur, reportó que la ciudad lucía totalmente desolada, pues en medio de la expulsión se descubrió que hasta las familias más encumbradas de la aristocracia arequipeña habían resultado ser puneñas. “Solo encontramos, en el centro de la ciudad, a un grupo de diez personas, cinco de los cuales eran alemanes que no tenían dinero para vacacionar en Cusco, tres tacneños que traían motores para Station Wagon y dos moqueguanos contrabandistas de pisco chileno que se vendía en la ciudad como ron de quemar“, sostuvo.

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