jueves, 1 de enero de 2026

FORMAS DE PROMOCIÒN DE LA CULTURA POPULAR

SÍ, HABLEMOS DE LA LECTURA

Por Jorge Rendón Vásquez

E

n el número 3 de Amauta, la gran revista cultural entregada a nuestro país por José Carlos Mariátegui con la ilusión de hacerlo mejor, leo un prólogo de Antenor Orrego a un libro de poemas. Decía en uno de sus párrafos: “En el Perú hay un fenómeno singular que revela la miseria intelectual y espiritual en que vejeta. Cuando la obra literaria o artística sale a las manos del público, con respecto a la actualidad del creador, es ya caduca y envejecida. No hay empresas editoriales que paguen el libro o que siquiera lo editen facilitando su difusión, ni público con la suficiente curiosidad para interesarse por la producción intelectual. El autor se ve en el caso de pagar para que se le lea. El ejercicio intelectual es, como en ningún otro país, heroico.”

Este prólogo fue escrito en 1926, hace cien años, y, desde entonces, no hemos avanzado en este campo. Hay, antes bien, señales de que hemos andado hacia atrás.

En 1963, publiqué por cuenta propia dos de mis libros, de cada uno de los cuales se tiraron 5,000 ejemplares que se vendieron en menos de un año. Luego he seguido publicando mis libros de derechos sociales y literatura con tirajes de 1,000 ejemplares. Las ediciones de los dos últimos años han bajado a 500 ejemplares. Y, sin embargo, sigo entusiasmado con esta actividad, pese al ínfimo nivel cultural de nuestro pueblo y al correspondiente nivel de la prensa escrita.

No bien asumió la presidencia de la República Pedro Castillo, en julio de 2021, me entusiasmé, porque por primera vez en nuestra historia republicana un maestro de escuela, provinciano y mestizo, un hombre del pueblo, llegaba a esa investidura por el voto popular, en fiera lucha contra una aventurera financiada por el dinero de los que siempre han gobernado este país. Redacté entonces dos proyectos de decreto supremo: uno por el cual se disponía que las municipalidades del Perú debían tener una biblioteca con libros adquiridos con recursos del Ministerio de Cultura y de las correspondientes regiones y municipalidades o donados por los vecinos; y otro por el cual en las ferias del libro el Ministerio de Cultura debía tener uno o más puestos de venta en los cuales se ofrecieran los libros publicados por los autores independientes a pedido de estos. Busqué a alguien para que entregara estos proyectos al Presidente. Ese alguien se los dio a uno de los personajes de los que el Presidente se había rodeado. Y allí sucumbieron en el fárrago de los sucuchos de sus asesores e introductores. ¿Por qué? Porque ese Presidente, sus asesores y ayayeros solo podían obrar así, como auténtica expresión de nuestro pueblo que eran. Cuando el 7 de diciembre de 2022, aquel maestrito de escuela leyó un malhadado mensaje por el cual decía que cerraría el Congreso y otras sandeces, acabó de revelar cómo era.

¿Cuál es el nivel de lectura de nuestro pueblo?

Diría, a ojo de buen cubero, que llega a un quinto de libro por año y por persona, o tal vez menos. Lo veo en los rostros de los conductores de automóviles y de los grupos humanos en las calles, los mercados, los estadios, los barrios. Se salvan las universidades, pero no todas.

Un día de 1954 le escuché decir a Raúl Galdo Pagaza, un inteligente alumno de la Universidad de San Marcos que en el Perú los lectores de libros de literatura llegaban a unos 300. Él era uno de los 12 estudiantes de esta casa de estudios que ese año fuimos aposentados en la Penitenciaría de Lima, situada en la primera cuadra del Paseo de la República. Obviamente, nosotros estábamos en ese grupo de lectores. Y entonces se me ocurrió pensar que una de las causas por las cuales la dictadura y sus esbirros nos habían encerrado allí era nuestra afición a la lectura, porque la lectura hace libres.

Se explica entonces que, para mantener al pueblo en la obediencia dócil y la alienación, haya que apartarlo de la lectura y dejarlo con una mente muy parecida a los instrumentos de producción y complementaria de estos, un resultado que se construye con una educación deficiente hasta la mayoría de edad, momento en que la mente solo servirá en adelante para admitir los reflejos y enseñanzas necesarios para el trabajo extractivo y en subdesarrollo. Es ya cosa sabida hace mucho tiempo que sin educación y sin la inversión en esta no se podrá formar el “capital humano”, actor del desarrollo económico, y que no es posible crear en los niños y adolescentes el hábito de la lectura si sus maestros no agarran jamás un libro. Se salvan de ese lóbrego y triste destino los que gracias al ambiente familiar, la influencia de algún maestro generoso o su voluntad tratan de ver más allá, el cielo azul, abriéndose paso entre la atmósfera densa que los envuelve.


He revisado los proyectos de los treinta y tantos grupos políticos que se aprestan a participar en las elecciones del próximo año. Ninguno trata de tan trágica situación de nuestro país y de la necesidad de cambiar la educación primaria, secundaria y universitaria y de acometer un plan integral de formación profesional para salir del grupo de países de cuarta y quinta categoría. Evidentemente, porque son expresiones de nuestro pueblo, tentando de tomar la posta de los que van a salir.

Puedo, sin embargo, con optimismo desear a mis amigos, a los destinatarios de mis comentos, un nuevo año con salud, satisfacciones y lectura, mucha lectura.

(Comentos, 30/12/2025)

CONGRATULACIONES POR EL AÑO 2026 

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