lunes, 26 de enero de 2026

ALFREDO CURAZZI Y LA IDENTIDAD DE UNA NACION TRIESTATAL

 NO SOY PERUANO NI BOLIVIANO,

SOY AIMARA

Por: Antonio Muñoz Monge

Mientras conversamos con el memorioso maestro Alfredo Curazzi, le comentamos que nos sorprendía la precisión de los datos, el recuerdo de fechas, de números y, sobre todo, la pulcritud y el orden de sus escritos que mostraban una hermosa y muy cuidada letra. "Letra de imprenta", le dijimos y él nos dijo: "Yo aprendí a escribir con el sistema del método Palmer en una escuela evangélica de La Paz en Bolivia”.

"Parte de su infancia la vivió usted en Bolivia, estudió ahí", le comentamos, "¿llegó en algún momento a identificarse o a sentirse boliviano?".

Se puso de pie, dio unos pasos en la pequeña habitación, se dirigió a la pizarra, tomó una tiza y dibujó el Lago Titicaca con la facilidad habitual de quien conoce muy bien lo que está haciendo. Volteó a mirarnos, solo para ver si estábamos ahí y soltó una frase contundente: "No soy peruano ni boliviano, soy aimara". Luego agregó: "Bolívar cortó con su sable imaginariamente el Lago Titicaca en dos, lo que originó odio entre los aimaras del Altiplano". Nos preguntamos en voz baja, casi inaudible: "¿Titi..., caca?". "Caca, no: Qaqa", nos corrigió la pronunciación y nos aclaró el significado: "Titi es gato montés plateado, como las aguas del Lago; Qaqa significa algún objeto que perdió el color original por exponerse mucho al sol, al viento, a la lluvia; por ejemplo una prenda gastada, ajada, arrugada por el uso.

El Lago Titicaca, color azul plateado, es el felino que se está lanzando sobre su presa. Es una Paqarina, un lugar sagrado, un lugar de origen mítico de muchos pueblos andinos, por eso le rendían culto y le dejaban ofrendas. De las aguas de ese lago salieron Manco Cápac y Mama Ocllo para fundar el Imperio Inca".

"No soy peruano ni boliviano, soy aimara", nos ha repetido varias veces en las conversaciones que hemos sostenido él. Quizás nos estamos acostumbrando a frases parecidas que escuchamos y dejamos pasar, acaso por la inercia con la que convivimos diariamente, sin detenernos a reflexionar en el espectro de significados que pueden tener. Casi siempre, somos ligeros en nuestras apreciaciones y no pensamos en su sentido, en lo serio y grave del sentido, en la profundidad de las expresiones, pero no podemos soslayar estas palabras del maestro. No son una frase gratuita, antojadiza y ocurrente. Las dice un hombre cuajado ante la vida, las dice un profesor, un músico las dice un peruano.

El sentido de estas palabras es muy doloroso y muy fuerte. ¡Cuántos ciudadanos del Perú podrían hacerlas y sentirlas suyas! ¡Cuántos miles, millones, no se sienten peruanos en lo más íntimo de sus existencias! ¿Por qué? ¿Qué ha pasado en nuestra historia? ¿Qué nos ha pasado como país? La realidad nos golpea en el rostro y nos da la certidumbre de que seguimos fraccionados. y, cómo no, cuando el maestro Curazzi nos dice: "No soy peruano ni boliviano, soy aimara”.

¿Qué tono de voz tuvieron, tienen o tendrán, estas palabras? ¿Qué intención? ¿Por qué nos las dijo? ¿Nos las dijo a manera de advertencia, de señuelo o de observación, para no olvidarnos de ellas? Y nuestras interrogantes tampoco son ociosas, tienen necesidad de una respuesta. Si hemos escuchado al maestro decir repetidas veces: "No soy peruano ni boliviano, soy aimara", entonces, ¿dónde está el pueblo aimara? Sabemos por historia y geografía que el pueblo aimara está en el Altiplano, en la meseta del Collao, en el departamento de Puno, en las islas del Lago Titicaca y en el hermano país de Bolivia.

Las palabras de Alfredo Curazzi no son palabras que aparecieron en el momento, obligadas por la circunstancia, sino que siguen sonando en nuestra conciencia y nos siguen acompañando a través de nuestras innumerables conversaciones.

Y descubrimos que el espíritu de esas palabras dolorosas y sentidas, está en todos los momentos de su vida. Su pueblo, su infancia, su adolescencia, su familia, sus estudios, sus trabajos, toda su existencia tiene ese amargo sabor que puede ser resentimiento u olvido, pero también paciencia, espera y comprensión. Creemos que esas palabras tienen también un sentido más amplio, desgarradoramente más profundo.

Son un credo, un auto de afirmación de su yo, de su identidad espiritual y de su quehacer cotidiano. Para seguir afirmándose, no puede dejar en ningún momento esa presencia que es un soporte o un ancla de sobrevivencia; es un grito en su propia casa que muchas veces la encuentra vacía, ajena, lejana, ocupada por otras gentes. Sin embargo, no es una voz individual, aislada, subjetiva y caprichosa; ya lo dijimos, es la voz de una raza, de una sangre, de una cultura, de un tiempo.

En otro momento manifestó: "Soy aimara, como tantos seres de origen incierto. Nos mataron, acribillaron a fuego, pólvora, cuchillo y metralla, pero no sangrábamos y nos enterraron sin nuestros restos. Los nuestros nos buscaron, llegaron a los lugares de nuestro fin; no encontraron nuestros cuerpos, pero sí sangraban nuestras sombras a través de forados ocasionados por las armas a la altura del corazón”.

"Maestro", le decimos, "por favor, podría explicarnos. ¿cómo es eso de que les enterraron sin sus restos?".

 "Así es, amigo", nos respondió seguro y calmo:

"Soy aimara de origen incierto, yo estoy muerto, me enterraron sin mis restos, solo encontraron mi sombra en cada escalera. Significa que los aimara, hace siglos fuimos eliminados, ignorados, olvidados, pero, estamos vivos aún, diferenciándonos de muchos 'vivos' muertos que padecen de los males no curables: la mentira, el ocio, el descanso, el odio y la inacción. Sin embargo, nos obligan a trabajar con látigo y decretos en la mano. Constatamos que ellos, los herederos de no hacer nada, están muertos desde hace siglos".

Hizo un espacio entre él y nosotros, una distancia, hasta dar la impresión de que nos hablaba desde otro lugar. Y agregó:

"El aimara es un espíritu que tiene miles de años, pero muchas veces nos han enterrado y nos siguen marginando, ignorando, matándonos todos los días y sus noches hasta hoy; pero seguimos viviendo. Entierran sombras nada más, entierran oscuridad; nunca podrán enterrar nuestro espíritu, nuestra palabra, nuestras leyes y costumbres".

Son palabras que las escuchamos y las sentimos casi físicamente, son algo más que palabras, y las preguntas se lanzan ahora, innumerables, contra nuestra conciencia.

Le pedimos que nos explicara qué significa "solo encontraron mi sombra en cada escalera." "Sí, claro, más adelante, con todo gusto", nos contesta. Y descubrimos una sonrisa que nos quiere decir algo más.

No insistimos, esperamos que nos lo explique cuando crea conveniente. <+>

domingo, 25 de enero de 2026

PROCESO ELECTORAL 2026. I

 LÓPEZ CHAU EN PUNO

DEL RECTOR SOLIDARIO A LAS LISTAS IMPROVISADAS QUE TRAICIONAN LA MERITOCRACIA

Por: Fredy Itusaca

A

lfonso López Chau llega a Puno con una doble imagen: para muchos puneños es el académico solidario que abrió las puertas de la UNI a los manifestantes del sur andino en pleno estallido social; para otros, el líder de un partido que hoy reproduce las mismas improvisaciones y contradicciones que han vaciado de representación real al sistema político peruano en las últimas décadas. Esa distancia entre el discurso de renovación y la práctica concreta en la selección de candidatos en Puno es el núcleo del problema que los votantes deben mirar de frente.

De los abrazos en la UNI a la candidatura presidencial

Ahora Nación nació en medio de la crisis 2022–2023, con López Chau convertido en figura pública por acoger a ciudadanos que llegaron a Lima desde regiones como Puno para protestar contra el Congreso y exigir Asamblea Constituyente. Ese gesto lo conectó con un sentimiento extendido en el altiplano: hartazgo frente a la élite política limeña y búsqueda de referentes que se muestren cercanos y solidarios.

El partido se inscribió oficialmente en el Registro de Organizaciones Políticas en 2024 y se presenta a las elecciones generales de 2026 con López Chau como candidato presidencial, reivindicando una identidad de centroizquierda, socialdemócrata, “renovadora” y con énfasis en las regiones. Puno, que vivió uno de los capítulos más dolorosos del estallido social y suma decenas de muertos en la confrontación con el Estado, se ha convertido en un escenario simbólico central para su campaña. No es casual que López Chau haya iniciado actividades electorales fuertes desde el sur andino y que busque capitalizar la memoria de las marchas de hace algunos años.

La lista de Puno: la meritocracia que se quedó en el discurso

Cuando un académico que se presenta como garante de meritocracia y “nueva política” arma su primera lista al Congreso, lo mínimo que se espera es coherencia entre el relato y los nombres. En el caso de Puno, lo que se observa es una plancha de precandidatos a Senado y Diputados donde predominan figuras desconocidas, sin trayectoria pública visible, sin trabajo sostenido en organizaciones sociales, gobiernos locales o espacios técnicos vinculados a la región.

Según la información del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), en Puno se han presentado como candidatos a Diputados Helard Bladimir Sonco Villanueva, Karim Mavel Castro Quilly, Mirella Shirley Camapaza Quispe, Juan José Espinoza Barrantes y Lady Rosmery Ccopa Acrota, todos desconocidos y excepción de Fredy Dante Calisaya Quispe, que es de la provincia de Chucuito, que tiene arraigo aymara. La lista en su conjunto no expresa ni la pluralidad social del altiplano ni la densidad de liderazgos que Puno ha construido a fuerza de protestas, rondas, frentes de defensa, organizaciones campesinas y gremios.

El propio partido reconoce, a través de fuentes internas citadas por medios regionales, que hubo fricciones en la definición de candidaturas y que al final “tuvieron que tomar la decisión” para cerrar listas. Esa frase es reveladora: decisiones tomadas a último momento, con criterios poco transparentes, hablan más de acuerdos de grupo que de procesos abiertos, competitivos y meritocráticos. En la práctica, el mensaje para la ciudadanía puneña es claro: el discurso de excelencia y selección rigurosa no se ha traducido en una representación a la altura de la promesa inicial.

Puno y la historia de la representación traicionada

Lo que ocurre con Ahora Nación en Puno no es una anécdota aislada; encaja en un patrón histórico de cómo los partidos nacionales han tratado a las regiones del sur andino. Desde los años de los viejos partidos de cuadros hasta las maquinarias personalistas recientes, Puno ha sido visto muchas veces como “territorio electoral” más que como sujeto político: se busca votos, no cuadros; se firma alianzas con grupos locales, no se invierte en formación ni se construyen proyectos de largo plazo.

La improvisación de candidatos sin trayectoria o sin legitimidad social ha sido una constante: se llenan listas con desconocidos que sirven para completar cuotas de género, juventud o territorios, o con personajes que solo tienen capital económico o vínculos con cúpulas, pero no con las comunidades a las que dicen representar. Esa lógica, que ya vació de contenido a partidos tradicionales y a nuevas agrupaciones “antisistema”, se repite ahora bajo un envoltorio de modernidad, datos y lenguaje académico. Puno, que ha sido protagonista de las protestas contra la actual élite política nacional, vuelve a enfrentarse al riesgo de elegir representantes que no vuelvan a la región, no rindan cuentas y terminen absorbidos por los mismos vicios que se critican.

El caso Colchado: símbolo de la contradicción nacional

Mientras en Puno se improvisan listas poco sólidas, a nivel nacional Ahora Nación exhibe como principal figura parlamentaria al coronel en retiro Harvey Colchado, exjefe de la Diviac y protagonista de la detención del expresidente Pedro Castillo. Colchado encabezará la lista por Lima y aporta a la campaña una narrativa de mano dura contra la corrupción y el crimen organizado, con fuerte impacto mediático en la capital.

El problema es evidente: una parte importante de la población del sur andino, incluyendo sectores de Puno, respaldó a Castillo en las urnas y luego en las movilizaciones del 2023, muchas de las cuales terminaron reprimidas con violencia y dejaron muertos y heridos. Llevar como rostro emblemático a quien simboliza, para una franja del electorado, la caída del presidente que canalizó ese descontento, tensiona el vínculo que López Chau intentó construir cuando abrió las puertas de la UNI a los manifestantes.

Más aún, mientras el partido proclama criterios de “honorabilidad y transparencia” en la selección de candidatos, se prioriza una figura con un fuerte peso simbólico nacional, pero se descuida la calidad y la legitimidad de quienes deben representar a Puno. El contraste es brutal: tecnicismo y narrativa anticorrupción en Lima, debilidad, anonimato e improvisación en la región que se coloca al centro del relato de reconciliación.

Lo que Puno debe preguntarle a López Chau

Frente a este escenario, la ciudadanía puneña tiene todo el derecho —y la responsabilidad— de plantear preguntas directas antes de otorgar un voto que puede marcar cinco años de representación:

¿Cómo se seleccionó realmente a los candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados por Puno? ¿Hubo elecciones internas abiertas, debates públicos, exigencias mínimas de trayectoria social, o solo acuerdos entre grupos cercanos a la dirigencia?

¿Qué experiencia concreta tienen estos postulantes en defensa de derechos, gestión pública, economía regional, conflictos socioambientales, autonomías locales o interculturalidad, temas que definen la vida cotidiana en el altiplano?

¿Cómo se justifica que un partido que se presenta como ejemplo de meritocracia y transparencia termine colocando en Puno listas con nombres desconocidos y con escaso o nulo reconocimiento en las bases sociales de la región?

¿Qué lectura hace López Chau de la memoria de las protestas de 2022–2023, cuando por un lado se solidariza con quienes marcharon a Lima y, por otro, promociona como carta fuerte a quien encabezó la detención del presidente respaldado por buena parte de esos mismos sectores?

Estas no son preguntas retóricas ni ataques gratuitos; son interrogantes mínimas para cualquier ciudadano que no quiera repetir el ciclo de siempre: votar por promesas de cambio que, ya en la práctica, se deshacen en arreglos internos, candidaturas sin sustento y congresistas ausentes.

En un contexto donde Puno registra decenas de muertos en la confrontación con el Estado y donde el descrédito de la clase política es casi total, improvisar candidatos es algo más que un error técnico; es una falta de respeto política y ética hacia una región que ha puesto el cuerpo en las calles. Si López Chau quiere ser coherente con la imagen del académico solidario que protegió a los manifestantes en la UNI, tiene que empezar por responder con precisión por qué su partido presenta en Puno listas que no están a la altura ni de la historia del departamento ni del discurso que lo llevó a ser visto, alguna vez, como una esperanza distinta. <->


sábado, 24 de enero de 2026

IMPACTANTE : MARK CARNEY PREMIER DE CANADA EN DAVOS

 DISCURSO COMPLETO

E

s a la vez un placer y un deber estar con ustedes esta noche, en este momento crucial que atraviesan Canadá y el mundo.

Hoy quiero hablar de una ruptura en el orden mundial, del fin de una ficción cómoda y del inicio de una realidad dura, en la que la geopolítica —donde las grandes potencias— parece no estar sometida a límites ni restricciones.

Por otro lado, quiero decirles que los demás países, especialmente las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que incorpore nuestros valores, como el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos Estados.

El poder de quienes tienen menos poder comienza con la honestidad.

Parece que todos los días se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias, que el orden internacional basado en reglas se desvanece, que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Y este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales reafirmándose.

Frente a esta lógica, existe una fuerte tendencia de los países a acomodarse, a evitar problemas, a esperar que la complacencia compre seguridad.

Pues bien, no lo hará. Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel, quien más tarde sería presidente, escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder, y en él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?

Su respuesta comenzaba con un verdulero.

Cada mañana, este comerciante colocaba un cartel en su escaparate: “¡Proletarios del mundo, uníos!”. No creía en ello, nadie lo hacía, pero lo colocaba para evitar problemas, para mostrar obediencia, para seguir adelante. Y como cada comerciante en cada calle hacía lo mismo, el sistema persistía, no solo por la violencia, sino por la participación de personas comunes en rituales que en privado sabían que eran falsos.Havel llamó a esto “vivir dentro de la mentira”.

El poder del sistema no provenía de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdadero, y su fragilidad provenía de la misma fuente. Cuando incluso una sola persona deja de actuar, cuando el verdulero quita el cartel, la ilusión comienza a resquebrajarse. Amigos, ha llegado el momento de que las empresas y los países quiten sus carteles.

Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en reglas. Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Gracias a ello, pudimos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa: que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima.

Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proporcionar bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y marcos para la resolución de disputas.

Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. 

Este pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición.
En las últimas dos décadas, una serie de crisis —financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas— han dejado al descubierto los riesgos de una integración global extrema. Pero más recientemente, las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma: los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción, las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar.

No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que las potencias intermedias han confiado —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura misma de la solución colectiva de problemas, están bajo amenaza. Como resultado, muchos países están llegando a la misma conclusión: deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.

Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo.
Pero seamos claros sobre a dónde conduce esto.

Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible. Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de reglas y valores para perseguir sin restricciones su poder e intereses, las ganancias del transaccionalismo serán cada vez más difíciles de replicar.
Las hegemonías no pueden monetizar indefinidamente sus relaciones.

Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre.
Buscarán seguros, aumentarán opciones para reconstruir su soberanía —una soberanía que antes se sustentaba en reglas, pero que cada vez más se anclará en la capacidad de resistir presiones—.

Quienes están en esta sala saben que esto es gestión de riesgos. La gestión de riesgos tiene un costo, pero ese costo de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse.

Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada quien construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades generan beneficios de suma positiva.

La pregunta para las potencias intermedias como Canadá no es si debemos adaptarnos a la nueva realidad —debemos hacerlo—. La pregunta es si nos adaptamos simplemente levantando muros más altos, o si podemos hacer algo más ambicioso.

 Canadá fue uno de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de manera fundamental nuestra postura estratégica.

Los canadienses saben que nuestras viejas y cómodas suposiciones —que nuestra geografía y nuestras alianzas garantizaban automáticamente prosperidad y seguridad— ya no son válidas. Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb, presidente de Finlandia, ha llamado “realismo basado en valores”.

O, dicho de otro modo, buscamos ser tanto firmes en principios como pragmáticos: firmes en nuestro compromiso con los valores fundamentales, la soberanía, la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo conforme a la Carta de la ONU, y el respeto a los derechos humanos; y pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen y que no todos los socios compartirán todos nuestros valores.
Por ello, nos estamos comprometiendo de manera amplia y estratégica, con los ojos abiertos. Nos enfrentamos activamente al mundo tal como es, no esperamos a un mundo que desearíamos que existiera.

Estamos calibrando nuestras relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores y priorizando una amplia participación para maximizar nuestra influencia, dadas la fluidez del momento, los riesgos que plantea y lo que está en juego para lo que viene.
Y ya no confiamos únicamente en la fuerza de nuestros valores, sino también en el valor de nuestra fortaleza. Estamos construyendo esa fortaleza en casa.

Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos reducido impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial. Hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial. Estamos acelerando inversiones por un billón de dólares en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para el final de esta década, y lo hacemos de manera que fortalezca nuestras industrias nacionales.

Y nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluida nuestra incorporación a SAFE, los mecanismos europeos de adquisiciones de defensa. Hemos firmado otros 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando tratados de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.

Estamos haciendo algo más. Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes temas, basadas en valores e intereses comunes.

Así, en Ucrania, somos miembros clave de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad.

En soberanía ártica, respaldamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca, y apoyamos plenamente su derecho exclusivo a decidir el futuro de Groenlandia.

Nuestro compromiso con el Artículo 5 de la OTAN es inquebrantable, por lo que trabajamos con nuestros aliados —incluidos los países nórdicos y bálticos— para asegurar los flancos norte y oeste de la alianza, mediante inversiones sin precedentes en radares de largo alcance, submarinos, aeronaves y presencia militar sobre el terreno, sobre el hielo.

Canadá se opone firmemente a los aranceles relacionados con Groenlandia y llama a entablar conversaciones focalizadas para alcanzar nuestros objetivos compartidos de seguridad y prosperidad en el Ártico.

En comercio plurilateral, promovemos la construcción de un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, lo que crearía un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificar su suministro. Y en inteligencia artificial, cooperamos con democracias afines para no vernos obligados a elegir entre hegemonías e hiperescaladores tecnológicos.

Esto no es multilateralismo ingenuo ni dependencia de instituciones que ya no funcionan. Es construir coaliciones que funcionen, tema por tema, con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos.

En algunos casos, eso incluirá a la gran mayoría de las naciones.
Lo que se está creando es una densa red de conexiones en comercio, inversión y cultura, de la cual podremos echar mano ante futuros desafíos y oportunidades.

Las potencias intermedias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú.

También diría que las grandes potencias, por ahora, pueden permitirse actuar solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar y la influencia para imponer condiciones. Las potencias intermedias no.

Cuando negociamos solo de forma bilateral con una hegemonía, lo hacemos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes.
Eso no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.

En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor, o unirse para crear un tercer camino con impacto.

No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las reglas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos. Y eso nos devuelve a Havel.

¿Qué significa para las potencias intermedias vivir en la verdad?
Primero, nombrar la realidad. Dejar de invocar el orden internacional basado en reglas como si aún funcionara como se anuncia. Llamarlo por lo que es: un sistema de creciente rivalidad entre grandes potencias, donde los más poderosos persiguen sus intereses utilizando la integración económica como coerción.
Significa actuar con coherencia, aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando criticamos la intimidación económica de un lado, pero guardamos silencio cuando proviene de otro, seguimos dejando el cartel en la ventana.

Significa construir aquello en lo que decimos creer, en lugar de esperar a que el viejo orden sea restaurado. Significa crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describe. Y significa reducir el margen de coerción: construir una economía nacional fuerte debe ser la prioridad inmediata de todo gobierno.
La diversificación internacional no es solo prudencia económica; es la base material de una política exterior honesta, porque los países ganan el derecho a posturas de principios al reducir su vulnerabilidad a represalias.

Canadá tiene lo que el mundo necesita. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos a la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones se encuentran entre los más grandes y sofisticados del planeta. En otras palabras, tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos valores a los que muchos aspiran.

Canadá es una sociedad plural que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y confiable en un mundo que no lo es.

Y tenemos algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.

Estamos retirando el cartel de la ventana. Sabemos que el viejo orden no volverá. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Creemos que, a partir de la fractura, podemos construir algo más grande, mejor, más fuerte y más justo.

Esta es la tarea de las potencias intermedias: los países que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y más que ganar con una cooperación genuina.

Los poderosos tienen su poder.

Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de fortalecer nuestra base interna y de actuar juntos.

Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente, y es un camino abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.

Muchas gracias.

martes, 20 de enero de 2026

LA CALIENTE COYUNTURA MUNDIAL


“MAPA DEL REPARTO 

TRIPOLAR”

por Alfredo Jalife-Rahme

https://www.voltairenet.org/

E

s sorprendente el mapa que ha publicado Andrei Martyanov, especialista con estrechos vínculos en el ejército ruso. Según ese mapa, los presidentes Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping se habrían “repartido” el mundo en función de lo que el presidente ruso y el presidente estadounidense conversaron en Anchorage (Alaska), el 15 de agosto de 2025. Para Estados Unidos: las Américas, desde Alaska hasta la Patagonia. Para Rusia: todo el continente europeo y también el Reino Unido. Para China: toda Asia, Oceanía y el Levante, incluyendo Israel.

Red Voltaire | Ciudad de México (México) | 12 de enero de 2026

En medio del estira y afloja entre las tres superpotencias Estados Unidos, Rusia y China, la jefa de prensa de la Casa Blanca, la católica Karoline Leavitt, expresó que, pese al contencioso de Venezuela, Trump preservará buenas (sic) relaciones con Putin y Xi: «Creo que el presidente mantiene una relación muy abierta, honesta y buena, tanto con el presidente Putin de Rusia como con el presidente Xi de China (…). Ha hablado con ellos en numerosas ocasiones desde que asumió el cargo, hace un año, y creo que esas relaciones personales van a continuar» [1].

Hoy, los límites del irredentismo de Estados Unidos son los intereses inalienables de Rusia y China, que operan como un G2.

El Financial Times reporta que «China, Rusia e Irán enviaron barcos a Sudáfrica, con antelación a sus ejercicios navales»: los ejercicios «preprogramados “BRICS Plus” siguen al surgimiento de tensiones sobre las operaciones militares de Estados Unidos en Venezuela y el Atlántico» [2].

El mundo hoy se mueve en medio del caos globalizado, donde subsisten lo que he denominado “fractales de la paz”, como es el caso de la liberación de dos marinos rusos de un misterioso barco pirata [3]), lo que valió el agradecimiento de Moscú a sus homólogos de Estados Unidos [4].

Entretanto, Trump, en su ya célebre entrevista con el New York Times, sentenció que «no existen las leyes internacionales» y que los límites de su accionar son su «moralidad» [5].

Que Trump, agobiado por sus serios líos domésticos, haya pasado a una riesgosa ofensiva de alcances globales, no significa que Rusia (lanzamiento de su segundo misil hipersónico Oreshnik) y China (recientes ejercicios militares alrededor de Taiwán) se mantengan inermes en sus propias esferas de influencia.

Pareciera descabellado en esta delicada coyuntura de alta tensión global que el connotado analista militar ruso Andrei Martyanov haya divulgado un mapa del reparto tripolar entre Trump, Putin y Xi Jinping, sin especificar la autoría [6].

El mapa del reparto tripolar no tendría validez alguna de no ser por la divulgación de Andrei Martyanov, quien ostenta una estrecha relación con el ejército ruso.

1- La esfera de influencia de “Trump” va de Groenlandia hasta la frontera de la Antártida, con o sin anexiones, al unísono de Latinoamérica y el Caribe (la CELAC). Sorprende la absorción de Islandia y algunos países de África occidental (Mauritania, Senegal, Sierra Leona, Liberia).

2- La esfera de influencia de “Putin” abarcaría toda Europa, incluyendo Gran Bretaña (sic), gran parte del norte de África, así como Turquía, el Cáucaso, el Sahel africano y las islas noruegas del norte (islas Svalbard). Denota una línea divisoria con la parte china de la que forman parte Egipto y los países del mar Mediterráneo oriental (Siria, Líbano, etcétera).

3- La esfera de influencia de “Xi Jinping” comprende Mongolia, las dos Coreas, Japón, Filipinas, todo el sudeste asiático, Australia, Nueva Zelanda, el subcontinente indio (con la India y Pakistán), Irán, gran parte de Kazajistán, Asia Central, la península Arábiga y la mayor parte de África.

Llama poderosamente la atención que el “mapa tripolar” divulgado por Andrei Martyanov no haya provocado el impacto que se merece. Aquí lo que vale la pena rescatar, más que las líneas divisorias etéreas, es que Andrei Martyanov lo haya expuesto sin tapujos.

Recuerdo que Newsweek esbozó un mapa de «cómo Trump, Putin y Xi pueden repartirse el mundo» [7].

Tales mapas se encuentran en un punto de bifurcación: entre una Tercera Guerra Mundial nuclear y una subrepticia negociación de las tres superpotencias.

En caso de una Tercera Guerra Mundial nuclear no habría ni mapa ni rastro de seres vivientes de la creación cuando el mismo Trump ha externado que Estados Unidos detenta la capacidad de destruir el planeta 150 veces. <>

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[1] “White House thinks Trump will preserve good relations with Putin, Xi, despite Venezuela”, Tass, 7 de enero de 2026.

[2] “China, Russia and Iran send ships to South Africa ahead of naval drills”, Financial Times, 9de enero de 2026.

[3] «El “barco ruso” FAKE que siempre no fue ruso sino Ucraniano», Alfredo Jalife-Rahme, YouTube, 9 de enero de 2026.

[4] “Russia grateful to US for decision to release two Russians from Marinera crew — diplomat”, Tass, 9 de enero de 2026.

[5] “Trump Lays Out a Vision of Power Restrained Only by ‘My Own Morality’”, David E. Sanger Tyler-Pager Katie Rogers y Zolan Kanno-Youngs, The New York Times, 8 de enero de 2026.

[6] Ver minuto 26 de “Orthodox Christmas”, Andrei Martyanov, YouTube, 8 de enero de 2026.

[7] “Map Shows How Trump, Putin and Xi Could Carve Up the Globe”, John Feng y Brendan Cole, Newsweek, 13 de abril de 2025; «Reparto del mundo: el “mapa tripolar” de Newsweek», Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, 16 de abril de 2025.


 

lunes, 19 de enero de 2026

EL DOCUMENTAL SOBRE MASACRES EN PUNO PERÚ

UYARIY: SUPERA LOS INTENTOS DE INVISIBILIZARLO

por Jacqueline Fowks

PúblicoLima 17/01/2026

El documental Uyariy (Escuchar, en quechua), sobre las masacres de 2022 y 2023 en Perú cometidas por las fuerzas del orden en la represión de protestas antigubernamentales, se estrenó el 8 de enero en solo cuatro salas de cine comercial del país en horarios inaccesibles, como las 14.00 de la tarde, en solo dos de las cuatro ciudades acordadas con los multicines, y sin publicidad. La indignación del equipo de producción, los críticos, influencers y el público fue tal en las redes sociales que los espectadores llenaron las salas en el estreno para plantarse contra los intentos por invisibilizarlo, y en una semana el documental pasó de cuatro a 116 horarios en 14 ciudades.

¿Cómo fue posible desafiar estos intentos? Pequeños colectivos ciudadanos, de ciclistas urbanos, feministas y de derechos humanos, se organizaron para ir en grupo a los horarios inaccesibles del estreno y así presionar a los cines para que programaran más funciones. Pero además, al salir de la proyección, jóvenes emocionados con el contenido del largometraje grabaron vídeos en Instagram y TikTok para recomendar vivamente el filme.

Las masacres de 2022 y 2023 dejaron 50 civiles muertos, entre ellos menores de edad que no participaban en las manifestaciones que tenían como demanda nuevas elecciones y la renuncia de la entonces gobernante Dina Boluarte. Las protestas y las víctimas fueron blanco de desinformación en los medios de comunicación tradicionales de Lima, y esta vez los medios tampoco se interesaron por el maltrato de los cines al documental, pero los principales programas de actualidad en streaming abordaron los intentos de invisibilización y la reacción del público.


El director del documental, el cineasta peruano-español Javier Corcuera, ha filmado desde 2000 varios largometrajes sobre conflictos y violaciones de derechos humanos en el mundo, pero sus películas nunca habían sido retiradas de programación el día del estreno, relata a Público

"Cineplanet, la única cadena de cines en el sur andino, tenía programado el estreno de Uyariy el 8 de enero y ese día desapareció de la cartelera sin expresar las razones, y en Lima otras cadenas de cine la anunciaron solo a las 14.00 de la tarde y otros dos horarios prácticamente imposibles", detalla Corcuera.

En el perfil de Instagram del documental, el equipo anunció que si las salas no corregían los horarios, retirarían la película, mientras que la Asociación de Víctimas de la masacre del 9 de enero de 2023 en Juliaca, donde se realizó la mayor parte del rodaje, emitió un comunicado. Ello ocurría en vísperas de que se cumplieran tres años sin lograr justicia. La represión policial de las manifestaciones en esa ciudad del altiplano y de población quechua y aymara causó 18 muertos en un solo día, y más de 100 heridos de gravedad.

"En muy pocas horas se creó una ola inmensa en redes sociales, que sinceramente no esperábamos, y todas las salas se llenaron a las 14.00 de la tarde, eso sumado a la indignación ciudadana y de líderes de opinión hizo que en menos de 24 horas el filme estuviera en todas las salas de sur andino y en varias más en Lima", añade el director.

La protesta en el cine

El colectivo Ciclolibres, que promueve el respeto a los ciclistas urbanos, fue uno de los primeros en organizarse para ir al estreno en bicicleta en una hora difícil: las 16.00 de la tarde. "Éramos pocos por el horario, pero fue muy emocionante y un orgullo haber ido porque apareció Javier Corcuera en la sala: no esperábamos ese gesto sobre todo en ese día. En ese cine comercial hubo un espacio para dialogar y escucharnos al final de la película. El documental ha tejido la memoria entre las voces de las víctimas, los cantos, el lamento, el pesar y la protesta", comenta Isabel Claros, de Ciclolibres.

Uyariy no solo documenta la represión letal contra personas desarmadas en Juliaca en 2023: hace un paralelismo con masacres similares en la región Puno, a la que pertenece Juliaca. En 1923, miles de pobladores que exigían sus derechos a los terratenientes fueron ejecutados en Huancho Lima. Una de las víctimas fue Rita Puma, a quien el Ejército asesinó por ser promotora de las primeras escuelas rurales, creadas a escondidas porque los gamonales prohibían que los campesinos accedan a la educación.

"El documental muestra que esto mismo ocurrió hace 100 años en una masacre contra mujeres que defendían sus derechos. ¿Cómo es posible que nos intenten acallar con estos horarios tan inaccesibles? El acceso a la cultura y a la memoria siempre se ve restringido en el Perú", reclama Claros.

Para la cicloactivista, el documental Uyariy puede marcar un hito no solo en el ámbito cultural, sino por la movilización ciudadana que desencadenó. "Muchas personas y colectivos de diferentes partes del país se expresaron porque querían ver la película. Ese murmullo nuestro fue como un río y nos ha unido", agrega.

Claros cuenta que redes de cultura de distritos se organizaron para ir en grupo a los cines, como en Pueblo Libre y Villa El Salvador, así como defensoras de derechos reproductivos de la Asamblea Verde.

José Chañi, ciclista urbano de la Red Convivencial Vial se sumó al llamado de Ciclolibres para ir pedaleando al cine, aunque su ruta fue bastante larga y complicada: desde un distrito donde los cines aún no han programado el documental: Santa Anita.

"Fue impactante el documental porque tengo familia en Puno que no conozco que se apellida Mamani, y había varios Mamani entre las víctimas. Me ha impactado casi hasta las lágrimas. Me da pena que un pueblo que luchó no es la primera vez que ha sido agredido de esta forma. Hay líderes atacados, como un médico que prestaba ayuda a heridos en Juliaca en 2023, y antes varias mujeres atacadas porque lucharon por la educación. Esa historia no se cuenta en los libros ni en las noticias y creo que debería conocerse", dice Chañi a Público.

"Por eso me parece importante que las personas que fuimos al estreno hayamos volteado la censura, hagamos escuchar nuestra protesta sobre eso y que no nos callen", añade Chañi.

Casi todas las proyecciones terminan con el aplauso del público mientras pasan los créditos y lemas para que el documental llegue a más regiones.

El cine peruano se abre paso

Corcuera y casi todos los críticos de cine que han reaccionado al intento de invisibilizar el documental cuestionan que siempre los filmes peruanos de géneros no comerciales tienen dificultades en la programación en las salas.

El investigador del cine peruano y crítico Emilio Bustamante sostiene que la reposición y ampliación de horarios para Uyariy se debe a "la presión ejercida por los ciudadanos a través de los medios alternativos y las redes sociales sobre la empresa exhibidora". El especialista indica que la empresa habría cambiado su postura "después de comprobar el lleno de la única sala de Puno donde la película fue estrenada, y por temor al rechazo de una población, como es la del sur del país, ya bastante sensible a la discriminación de la que es víctima desde la capital".

Bustamante señala que la empresa no solo comprobó que podía tener más ingresos de taquilla por el documental, sino que valoró "el costo de su desprestigio ante la posibilidad de que la contestataria población del sur del país le diera la espalda a su programación de otras películas y dejara de acudir a sus salas".

Para el crítico de cine, el episodio que ha ocurrido con Uyariy abre esperanzas de una mayor apertura de las salas comerciales a películas peruanas no convencionales que aborden temas "políticos" o de derechos humanos, sea por presión de la ciudadanía o cálculo económico de las empresas exhibidoras.

El largometraje de Corcuera se estrenará en el Festival de Málaga en marzo y luego se exhibirá en salas comerciales de cine en España. El documental peruano que llegó a más espectadores en salas comerciales fue La revolución y la tierra de Gonzalo Benavente, con 100.000 personas durante dos meses de exhibición en 2019. Uyariy ha tenido 35.489 espectadores en su primera semana.

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Jacqueline Fowks: Escribe desde Perú y publica en IDL-Reporteros y el semanario Brecha (Uruguay), y es profesora en la PUCP. Fue stringer para El País (2012-2022). Investiga conflictos sociales medioambientales, DDHH, pueblos indígenas, desinformación y corrupción. Recibió el premio Periodismo y DDHH en Perú en 2018.

 

viernes, 16 de enero de 2026

IN MEMORIAN

NELSON MANRIQUE

por Nelson Pereyra

Jornada, Ayacucho, 15 de enero de 2026: https://jornada.com.pe/in-memorian-nelson-manrique-opinion/

E

l inicio de semana trajo la noticia del fallecimiento de Nelson Manrique. Sociólogo, historiador y docente universitario, fue una figura ampliamente conocida en el mundo intelectual y en la opinión pública, gracias a sus investigaciones y a sus columnas en “Perú21” —cuando el diario era dirigido por Augusto Álvarez Rodrich— y en “La República”.

Lo conocí en 2001, cuando fue mi profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Católica. Desde entonces construimos una sincera amistad, tejida en torno a un interés común: el estudio del pasado como clave para comprender el presente.

En su afán por reivindicar a los campesinos como protagonistas de la historia, Manrique elaboró una extraordinaria tesis sobre la guerra con Chile en el valle del Mantaro. En ese trabajo —publicado en 1981, con ocasión del centenario del conflicto— sostuvo que los campesinos combatieron contra los chilenos movidos por un sentimiento nacionalista. Con esta tesis, Manrique sostuvo una ardua polémica con cierta tradición marxista que los consideraba como integrantes de una clase “tradicional y contrarrevolucionaria”. Por ello, es injusto que se le juzgue como un “comunista resentido” cuando cuestionó el marxismo ortodoxo que destiló racismo hacia el campesinado.

Precisamente, al investigar la historia del país, Manrique advirtió que las relaciones entre los distintos grupos sociales se asentaban en un persistente racismo hacia la población indígena, racismo que se manifestó con crudeza durante el conflicto armado interno. De allí —según su análisis— la brutalidad que Sendero Luminoso desplegó contra comunidades campesinas, así como la dura represión ejercida por las Fuerzas Armadas en la sierra. Para Manrique, este racismo, visible por ejemplo en la relación entre hacendados y campesinos, tuvo un origen colonial: surgió con la conquista, cuando los españoles aplicaron en los Andes las categorías raciales que usaron contra los musulmanes durante la Reconquista de la península ibérica. En consecuencia, el racismo no era para él un fenómeno circunstancial, sino un problema estructural que atraviesa quinientos años de experiencia histórica y llega hasta nuestros días.

Sin embargo, para Manrique lo más preocupante del racismo no es la discriminación en sí misma, sino la existencia de una ideología racista que conduce a la interiorización y naturalización de las diferencias, haciendo que unos seres humanos sean considerados superiores a otros. Si en la Colonia esta ideología se legitimó a través de la religión, desde el siglo XIX lo hizo mediante el discurso científico evolucionista. Hoy, lamentablemente, se ha convertido en una práctica tan común que alcanza incluso al más sereno de los peruanos: rechazamos conscientemente el racismo, pero en la vida cotidiana discriminamos sin advertirlo.

Manrique no solo estudió esta falla estructural de nuestra sociedad, sino también las transformaciones introducidas por la virtualidad. En uno de sus libros más didácticos, “La sociedad virtual y otros ensayos”, sostuvo que la producción posindustrial e Internet han generado cambios profundos en la organización social, al punto de dar lugar a una sociedad virtual paralela a la sociedad real, regida por un tiempo digital y caracterizada por nuevas formas de sociabilidad y de vínculos sociales. Si a inicios del siglo XXI esta sociedad virtual emergía por debajo de la sociedad real, hoy tiende a desbordarla y a ocupar todos los espacios de la vida social.

En sus textos y columnas de opinión, Manrique procuró encarnar la figura gramsciana del intelectual comprometido: aquel que no solo construye nuevas interpretaciones del entorno, sino que contribuye a transformarlo desde la cultura y la educación. Sin duda, su voz y su pluma serán extrañadas en este año que se inicia con una campaña electoral en medio de una prolongada crisis política y de una profunda anomia social.

¡Vuela alto, estimado maestro, colega y amigo!
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 NOTA DEL DIARIO LA REPUBLICA (12ENE26) El destacado sociólogo e historiador Nelson Manrique Gálvez falleció a los 78 años este 11 de enero. Siempre crítico con los problemas sociales y políticos del Perú, fue columnista de La República durante cinco años (2015-2020), espacio donde compartió su análisis e interpretación de la realidad peruana. Manrique nació en Huancayo en 1947. Fue doctor en Historia y Civilización por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Agraria La Molina. Se desempeñó como profesor principal de la Sección Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) desde 1985, y fue justamente esta casa superior de estudios, la institución que informó sobre la lamentable noticia la noche del último domingo. "Su trabajo intelectual, así como su permanente disposición al diálogo y a la reflexión colectiva, marcaron a colegas y a varias generaciones de estudiantes. Expresamos nuestras más sentidas condolencias a sus familiares, amistades y seres queridos en este momento de profundo pesar", se lee en el comunicado. Además de su rol como docente y columnista, Manrique Gálvez deja su legado en los libros que escribió. Sus obras más destacadas: La piel y la pluma. Escritos sobre literatura, etnicidad y racismo (CDIAG y SUR, Lima, 1999), La sociedad virtual y otros ensayos (Universidad Católica del Perú, Lima, 1997), Historia de la República (COFIDE, Lima, 1995), Vinieron los sarracenos… El universo mental de la conquista de América (DESCO, Lima, 1993).

ENFOCANDO LA COYUNTURA POLITICA

 SEGUIREMOS PELEANDO

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nª 765, 16ENE26

E

l Perú entero es un rehén de la mafia.

Y los mafiosos han decidido que el delincuente que actúa como Fiscal de la Nación desactive los equipos que venían investigando a sus socios (o a ellos mismos, en algunos casos).

Un Poder Judicial adocenado decide que el caso cócteles ya no existe y que los millones de soles que se disfrazaron de donaciones fantasmales jamás pasaron a las manos de Keiko y su pandilla.

Es el país de González Prada, el país de la herida infectada y la pus invencible. La mafia siente que ha ganado y lo pregona en su prensa, lo celebra en su tele, lo dispersa en sus radios, lo cuenta en las columnas infames de sus escribidores.

Y tienen razón: han ganado. Es su momento de gloria lodosa, de victoria hedionda, de bacanal y bividíes colgados.

Mechain en PERU21 (fragmento)
Preside el Congreso Rospigliosi, que es un homenaje a la ruindad. Y dice que preside la república excretada el señor Jen, que se disfraza de sí mismo para planear compras y comisio­nes con un chino acostumbrado a la sordidez. Y decenas de partidos que no son tales sino siglas de Gamarra preparan sus mentiras para ver si les liga algo en las elecciones anarcoides de abril próximo.

Ya no somos un país camino al abismo. Somos el abismo. Somos lo que le pasa a una sociedad sometida a la demolición de los valores. Somos lo que sucede cuando la anomia es la ley. La limpieza nos incomoda, el respeto al prójimo representa un estorbo, la pulcritud de las instituciones que sostienen a la democracia nos resulta un problema de gobernanza mañosa. Somos la cosecha de quienes sembraron la idea de que aquí todo vale. De esa siembra ha nacido el matorral que somos. En su tumba, Alberto Fujimori debe estar orgulloso: el país que él quiso está aquí, el control con el que soñó se ha repetido, el Perú es el califato de cualquier Absalón de su calaña.

Con el TC tomado, la Defensoría del Pueblo en manos de un rufián, la Junta Nacional de Justicia bajo captura, el poder electoral sometido a presión, el poder judicial plagado de rabos de paja, el fujimorismo sociológico no necesita ganar las elecciones. Tiene el Congreso, tiene al mequetrefe del chifa, tiene a la prensa conservadora y tiene garantizado un parlamento bicameral donde, al margen de los nombres de cada bancada, tendrá sumada mayoría y podrá continuar ampliando el chiquero político que ya somos.

Lo de abril será una pantomima y la derecha ya lo sabe. De allí esos aires de arrogancia, ese tufo de perdonavidas, ese escueleo desdeñoso de sus abogados más exitosos.

Ante esto, sólo cabe seguir luchando. No importa lo difícil que parezca, lo inútil que en el fondo sea, lo asimétrica que se presente la batalla. El sur andino no es Lima y en muchas provincias de la costa hay señales de hastío radical. Tendremos que recordar al taita Cáceres y su cam­paña de resistencia ante el invasor. El parentesco con la campaña de La Breña no es arbitrario ni loco: vamos a tener que librar una guerra de gue­rrillas contra gente que dice actuar en nombre del Perú pero que ado­ra a Bukele, se inclina ante Trump, se encomienda a Milei, aprueba el genocidio de Gaza, celebra el bombardeo y secuestro de Venezuela y aceptaría -estoy seguro- que Chile decidiera qué política optar en el caso de la migración venezolana. Tienen tenue la peruanidad, pálido el pasa­porte, camaleónica la identidad. El Perú, para ellos, sigue siendo Potosí. El problema es la cholería alzada y para eso hay harta bala, un montón de columnistas hablando del orden y el progreso, coartadas de calibre 9 milímetros.

Lucharemos hasta que no nos quede voz o papel. Que la derecha se vaya enterando. Tenemos la vaga esperanza de que algún día el Perú dejará de huir de la decencia. <+>