lunes, 27 de marzo de 2017

EL PAÍS EN EN MOMENTO GRAVE

EL PERÚ
DE LOS DESASTRES
José Luis Ayala
Nunca el Perú ha tenido ni tiene un proyecto nacional. Es decir, un documento debidamente meditado, debatido y elaborado para un plazo de cien años. Se trata de un texto totalizador que responda a tres preguntas básicas: ¿Qué hemos sido?, ¿qué somos?, ¿qué debemos ser? No es una novedad afirmar que el Perú ha sido y sigue siendo un barco a la deriva. Pero cada vez que se habla de la necesidad de establecer objetivos históricos a mediano y largo plazo, los sectores dominantes que acumulan más capital, se oponen. Tienen miedo se conozca la verdad desnuda y grave realidad nacional. No quieren crear ni trazar un derrotero común porque entonces se conocería por qué no pagan impuestos, cómo evaden y dejar de pagar millones de dólares.
Nadie duda que el neoliberalismo haya destruido al Estado. Los poderes fácticos gobiernan y determinan lo que se debe hacer frente a desastres que agobian especialmente a los peruanos más pobres. Sin embargo, es admirable el grado de solidaridad con las poblaciones afectadas. Pero los pobres más pobres no serán atendidos ni recibirán la ayuda que necesitan. En medio de desaciertos, más lluvias, inundaciones, huaycos, destrucción de carreteras, desaparición de poblaciones y caminos, no se ha propuesto la necesidad de establecer un proyecto nacional. Las medidas que se toman solo atenúan por el momento el dolor de miles de familias
Hubo un tiempo que se propició conocer cómo es el Perú no oficial. Inmediatamente hubo una reacción para oponerse a un proceso que descubriría la falsedad de las estadísticas, mentiras en referencia a una población con escasos recursos y cómo es que el Perú, siendo tan rico es uno de los países más pobres del planeta. Finalmente venció la impostura, se impuso la prepotencia para que no se conociera el Perú esencial especialmente problemas insolutos de siempre.
La realidad nacional es social, política, económica, educativa, cultural, étnica, lingüística, medios de comunicación y el impacto de la globalización sesgada. ¿Hay acaso una colección de libros que respondan a estas preocupaciones? No. Tampoco le interesa a la clase dominante ni lo hará porque por encima de toda posibilidad social, están sus intereses, negocios, inversiones y ganancias. Harán los esfuerzos posibles para incrementar sus ganancias con el Perú de los desastres.
Los historiadores oficiales han logrado borrar de la memoria nacional a dos personajes importantes a quienes sí les interesó el Perú de carne y hueso: Andrés de Santa Cruz y Calahumana, padre y forjador de la Confederación Perú-boliviana y a Juan Velasco Alvarado. Todos los demás gobiernos convirtieron al Perú en una colonia, nunca se preocuparon en planificar el futuro de las sucesivas generaciones.
Nunca como ahora entonces, es oportuno plantear un proyecto nacional, por lo menos para un mediano plazo de cincuenta años, destinado a solucionar las consecuencias de los desastres que han causado huaycos, desbordes de ríos, lluvias. Destrucción de viviendas, carreteras y terrenos de cultivo. Es cierto que hay necesidad de reconstruir las viviendas, medios de comunicación, centros educativos, puentes y carreteras. Será como siempre, el Estado irrogará mucho dinero y los damnificados se convertirán en los pobres más pobres.
No obstante, el Estado está en la obligación política de establecer una adecuada planificación y no permitir que los ciudadanos damnificados, vuelvan a invadir los lechos de los ríos. Entonces, se trata de construir nuevas ciudades que alberguen a quienes han quedado sin nada. Esa es la responsabilidad ineludible del gobierno. ¿A dónde irán tantas familias que lo han perdido todo? No es posible que se conviertan otra vez en los pobres más pobres del siglo XXI.
Esta es entonces la oportunidad para diseñar un histórico proyecto nacional. Ahora o nunca, no se trata de prolongar la ayuda social, sino de tomar una decisión política histórica y diseñar una nueva ciudad de Lima para el futuro. Cuando no se aprovechan las coyunturas históricas y no se piensa en la larga duración de la historia, se corre el riesgo de no superar jamás los traumas del pasado.
¿Tiene P.P.K., y su improvisada gente capacidad para diseñar un proyecto a mediano plazo? No. Sin embargo, ha tomado la determinación administrativa que el gobierno se haga cargo de
“ayudar” a miles de familias que desgraciadamente han sido afectadas. En otras palabras, después de diez años, nuevas personas inmigrantes volverán a ocupar los lechos de los ríos. Si no hay un proyecto nacional, no se puede hablar de planificación ni previsión. Los ríos de todos modos volverán a sus antiguos lechos.
Muchas personas asistieron al mitin convocado para defender al planeta de las lluvias, sequías, inundaciones, tormentas eléctricas, inundaciones y huaycos. Casi nadie sabía que es el sistema depredador, que cada día acumula mayor cantidad de ganancias origina el cambio climático en todo el mundo. La gran prensa no dice que se trata de la sistemática destrucción de toda clase de vida en el planeta. Llama “niño costero” a un hecho que significa una seria advertencia que se repetirá en el futuro con mayor frecuencia.
¿Las familias afectadas por los huaycos, desbordes de ríos e inundaciones volverán a tener todo cuanto han perdido? Nunca. Pero confían en sus fuerzas y fe cósmica, no esperan nada del Estado convertido en enemigo de las más y favorece a los menos. Así, todo indica que la clase gobernante espera que la amnesia otra vez vuelva a enterrar en el dolo y el tiempo, las voces de auxilio que llegan desde lugares remotos donde no hay agua, medicina ni alimentos.
Si bien es verdad que ahora hay muchas familias damnificadas destinadas a convertirse en los nuevos pobres del Perú, no será nada raro que surja una nueva clase de ricos. Serán quienes “reconstruyan” todo cuanto se ha perdido. Finalmente ellos serán los únicos beneficiados de siempre.
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