domingo, 15 de enero de 2017

RECUERDOS DEL PASADO

SOBRE PANDILLA
Y PANDILLEROS
Escribe: Guillermo Vásquez Cuentas
LOS ANDES 21 febrero 2010
Aún no termina de disiparse la mezcla de sonoros ritmos que -como siempre- trajo la festividad de la mamita Candelaria, y ya se ha hecho presente esa mezcla de arte popular coreográfico, jolgorio carnavalero y ámbito privilegiado de amoríos, que conocemos como “Pandilla Puneña”. Buen número de conjuntos pandilleros se han preparado para reeditar una vez más esta danza, mostrándola (y gozándola) en las calles y plazas de nuestra ciudad.

A los cien años de la aparición de la Pandilla Puneña
Deberíamos estar conmemorando por todo lo alto la aparición de esta danza en nuestro pequeño mundo puneño, puesto que según datos confiables habría nacido hace un siglo. Enrique Cuentas Ormachea señala sin dudar que “Las primeras pandillas surgieron hacia 1910, aun sin organización y con estudiantinas compuestas por quenas y guitarras”; y agrega: “…De esa época ya data la primera pandilla de (Manuel) Montesinos…” [“Presencia de Puno en la Cultura Popular” p.285]. Julián Palacios Ríos, integrante de la estudiantina Montesinos, testifica en su artículo “Montesinos, su Estudiantina y las Pandillas” [Revista del instituto Americano de Arte Nº 11] que “…cerca del carnaval de 1907 se le ocurrió a don Manongo organizar una pandilla”. José Portugal Catacora, apoyándose en la tradición oral, establece 1910 como el año de surgimiento definitivo de la Pandilla inicialmente pensada, ejecutada y dirigida por Manuel Montesinos, músico mecenas lisiado de un pié que por tal razón llevaba bastón, lo que dio lugar al “bastonero” o director de evoluciones y mudanzas [“Danzas y Bailes del Altiplano” p. 185].
En fin, dejemos dicho que la mayoría de las especulaciones sobre su origen, son coincidentes con las anteriores afirmaciones, incluyendo la cronología levantada por Rene Calsín Anco.
La Pandilla Puneña está pues, ¡cumpliendo una centuria!.
¡intimoooooos!!... ¡aura!


Las más saltantes características de la Pandilla
Sabemos que la Pandilla Puneña ha generado abundante literatura; y, en ella se han resaltado determinadas características. He aquí algunas de las muchas caracterizaciones:
Es “Danza colectiva” describe Emilio Vásquez [“La Pandilla Puneña” p.93] “es un dilatado ruedo de personas interesado en efectuar el baile… pandilla es agrupación, es conjunto, es corro…”. No es pues un danza ejecutada por una sola pareja, ni por muy pocas.
La Pandilla es, ante todo, orden y disciplina” describe Augusto Vera Béjar (“Música, Danza, Tradición y Personajes Puneños” p.47). Por supuesto que no se trata de algo rígido ni mecánico, ya que los movimientos corporales, los desplazamientos, los “pasos”, las “figuras” comprometen la sincronía del conjunto, es cierto, pero sus elementos, sea pareja o individuo tienen ciertos parámetros de iniciativa libre, dentro de los cuales se manifiesta un estado de ánimo o un estilo particular, que sin embargo no contradicen al movimiento de la totalidad del grupo danzante.
Es una danza de extraordinaria sensualidad” describe Omar Aramayo (“Épica y Ensueño de la Pandilla” 1997) “Una sensualidad que consuma relaciones secretas o abre la posibilidad de un amor de febrero, de lluvias, de portones y zaguanes, de frutos frescos de caricias y apretones… las parejas expresan ternura, cariño, deseo”, agrega.
En el mantenimiento de las características anotadas: danza grupal, sincrónica pero paradójicamente espontánea y amorosa, –entre otras, por supuesto- hubieron y hay muchos puneños que a lo largo de las décadas y años han contribuido como dirigentes institucionales, como directores de danza, coreógrafos y danzarines ejecutantes de la Pandilla a popularizarla y hacerla bella a los ojos de todo el mundo.
 
Pandilleros conocidos y desconocidos
Muy larga sería la lista de los puneños que alcanzaron efectivos logros en el empeño del mejoramiento constante de lo que llamaríamos el meollo y el entorno de la Pandilla Puneña. Hay publicadas biografías y menciones encomiásticas sobre buen número de creadores, bastoneros, músicos, dirigentes y diestros pandilleros. Casi todos ellos son muy conocidos y algunos han recibido incluso, sendos homenajes de reconocimiento a su labor, en vida o después de ella.
Sin embargo, hay en nuestro mundo, gente humilde, que algo hizo por hacer más ricas, más depuradas, más queridas las expresiones de la cultura tradicional de sus pueblos pero que, como el coronel de García Márquez, no tienen quién les escriba. Por el contrario, es común ver cómo se ensalza públicamente y por lo general con exageración, poca justicia y alguna retribución, solo a quienes acceden a cierta y a veces escasa nombradía por destacarse en alguna actividad que trasciende a la comunidad. Este fenómeno se hace más evidente cuando esa actividad es política, ya que la postergación es la suerte constante de las actividades culturales. Aprovechemos esta oportunidad para un pequeño intento de contestar y revisar esos usos.

Un personaje inolvidable
Habemos quienes hemos pasado media vida siguiendo los avatares de la “Marinera y Pandilla Puneñas” y con ellas los de algunos pandilleros, en distintos locales y localidades de nuestro Perú. Después de tanto observar con detenimiento y espíritu crítico comparativo conjuntos pandilleros de todo jaez, creemos que tenemos algo que decir.
Conocimos y conocemos excelentes pandilleros y a ello va siempre nuestro respeto. Pero permítasenos traer del tiempo pasado al presente la memoria de un modesto, por pocos conocido, pero joven experto en el arte de bailar la Marinera y Pandilla Puneña.
Alfredo Delgado Barreda era su nombre, pero sus íntimos amigos le pusieron el mote de “Periscopio”, no sabemos por qué. Había nacido en abril de 1950, laborando en algunas instituciones estatales de Puno. Gran amante de la música y la danza desde chico; formado en un hogar de artistas. Convencido de la necesidad de cultivar sus aficiones ingresó a la Agrupación Puno de Arte folklórico y Teatro APAFIT en 1970.
Allí lo conocimos. Desde la presidencia de la institución estudiábamos en silencio cada elenco o equipo y dentro de él cada danzante. Claro que los veteranos en esas lides danzarias destacaban nítidamente, pero en medio de ellos aparecía también Alfredo con esa mezcla de circunspección y jovialidad, junto con la donosura y garbo al ejecutar la marinera y esa cadenciosa elegancia teñida de alegría al moverse con destreza y gusto al son del huayño pandillero.
Y bueno, en las tardes-noches pandilleras de tantos carnavales, hacía cumplirse largamente las tres características básicas de la pandilla ya aludidas: sentido de conjunto, expresión plástica como arte y conjunción de alegría y sentimiento, al mismo tiempo que en la antes Calle Lima, cantaba con todos nosotros:

“…mañanaaaa… pasadoooo…”

Mas bajo que alto, más flaco que gordo, bigotito bien cuidado. Un tanto parco para el converse, querendón de su Puno, leal a sus amigos, identificado hasta lo más profundo con su institución, danzó también kullawa, kallahuayo o otras estampas de nuestro arte popular. Fue nuestro maestro. Alguna vez, en una de esas evoluciones del conjunto pandillero gritamos cara a cara:

“mañanaaaaa… pasadoooo… cuando yo me vayaaaa….”

 Y nuestro maestro “Periscopio” efectivamente se fue, vital y joven, un aciago día de octubre de 1993. Un horrible accidente ocurrido en la Municipalidad Provincial de Puno le cegó la vida.
Ahora permanece entre los mejores recuerdos de quienes tuvimos la suerte de conocerlo.

 

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