jueves, 20 de agosto de 2015

ANÈCDOTAS DE DON CARLOS RUBINA


Incluidas en: Angel Dueñas Arias, “ANECDOTRIO CAROLINO”. Puno, 1982

DON CARLOS Y LAS REGATAS
El ilustre profesor Dn. Carlos Rubina Burgos, obedeciendo a quién sabe qué designios, desde muy joven se había dedicado al viril deporte de las regatas, deporte por el que sentía verdadera pasión y no quería que nunca muera. Para ello y por otros motivos, organizó un internado
en su casa y aceptaba a los alumnos con dos condiciones: que tuvieran afición a la música y que practicasen el deporte de las regatas. Incluso a los alumnos de los primeros años de secundaria, les obligaba a conformar equipos de regatas.
En efecto, en esos tiempos se realizaban sendas competencias en el lago Titicaca, las que se llamaban las mañanas venecianas, generalmente se llevaban a efecto, los sábados y domingos, no sólo con varones, sino también con las damitas del colegio Santa Rosa y otras, quienes formaban sus respectivos clubes. La gente se congregaba en la
rada del puerto y los hinchas hacían bulliciosas barras, por los equipos de sus amores.
Cada equipo tenía sus chalupas (botes angostos y largos impulsados con remos), los que eran guardados en depósitos especiales en el muelle de Puno, muy bien cuidados y pintados con los distintivos respectivos.
Este deporte llegó a tener fama internacional, pues participaban en él delegaciones de Bolivia; a la par que suscitaba favorables comentarios, de la prensa nacional y extranjera.
Como dijimos, Dn. Carlos había creado una escuela en donde preparaba a la gente especialmente, las prácticas se hacían en las mañanas de 6.00 a 7.00 y en las tardes de 5.00 a 6.00 "como quien va a reírse del frío”
En esto, como en otros casos Dn. Carlos era puntual y muy exigente; se pasaba lista y se evaluaban los rendimientos. Era un compromiso de honor que había que cumplir durante varios años, por lo menos cinco, que duraban los estudios de secundaria.
De estas regatas hay una serie de anécdotas, a cual más divertidas y también matizadas de tragedia. Una de ellas es la siguiente:
Era una tarde, cuando Dn. Carlos enseñaba a remar a sus pupilos; hacía demostraciones de pericia y valor; decía: el regatista tiene que ser un tipo despierto Aú. . . inteligente y cuidadoso, porque el menor descuido puede traerle consecuencias funestas o por lo menos un chapuzón. . . Aú.. . No sabemos por qué circunstancias o tal vez como solía decir: el diablo le hizo una mala jugada. El caso es derrepente. . . bundún cayó al agua: Lo inesperado del caso o la forma como cayó dio lugar a que los circunstantes se rieran. Don Carlos que era muy buen nadador, de
dos brazadas alcanzó la chalupa y con un movimiento brusco, llevó al agua a todos .. Aú... Ven... les dijo después, cómo se cumple la regla. No hay que estar descuidados. Y a manera de consuelo les decía ¡Bueno muchachos!. . . Somos los primeros y quien sabe los únicos, que nos hemos bañado a las seis de la tarde en las aguas del lago más alto del mundo! ¡Esto no lo olvidaremos nunca!. . .

MI, SOL, SE, RI, FA
Era el profesor Rubina todo un artista, en esos tiempos tenía a su cargo cuatro cursos: música, dibujo, trabajo manual y caligrafía; siempre vestía de negro, camisa blanca y corbata también negra, de tez blanca, un poco alto de estatura, de mirada áspera y penetrante, muy enérgico e impositivo. Era el "cuco" de todos cuantos se iniciaban en el Glorioso San Carlos. Cuando ingresaba en el salón de clases, todos se ponían nerviosos, pues su sola presencia infundía temor. Era. . . característica suya el hum... Au... el tono irónico, las preguntas capciosas y las tomaduras de pelo; así como “el coger a los que en su presencia aparentaban ser unas mansas palomas y cuando se ausentaba, eran todo lo contrario.
Exigía entre otras cosas, saber bien y de memoria todas las estrofas del Himno Nacional, que se domine la escala musical y en esto era muy severo; después de enseñar el pentagrama musical, nomenclatura de líneas y espacios, aparte de la ilustración gráfica en el pizarrón, utilizaba los dedos de las manos. Decía: tienen que saber de memoria los nombres de líneas y espacios. Practiquen en las manos. Los dedos son las líneas: mí, sol, si, re, fa; y los espacios: fa, la, do, mi. Y para aprenderlo mejor... Hasta cuando se limpien las "pezuñas" de los pies tienen que estar: fa, la,
do, mi… sino, están arruinados y por supuesto, no piensen en salvar el año, porque conmigo el que no sabe no pasa: ¡Au!... Si no cae en música, ahí tenemos trabajo manual, dibujo…
Efectivamente, por entonces con tres cursos desaprobados se repetía el año. Esta era la razón por la cual, con don Carlos había que portarse muy bien, estudiar bastante sus cursos y cumplir al pie de la letra con todo lo que ordenaba. Llegamos a memorizar tanto el mí, sol, si, re, fa… que hasta ahora se nos fluye con facilidad y en cualquier instante; igual, el Himno Nacional.
Lo que se viene nos contaron: Cierta vez enseñó estas cosas y dejò como tarea para clase siguiente que cada uno señalando sus dedos, dijese los nombres de la escala musical. Se vino la clase, comenzó con uno y siguió con los demás… Todos habían aprendido tan bien, que nadie se equivocaba. Entonces le tocó el turno a uno de ellos, de apellido Paca, que se sentaba en la última carpeta, porque era el más grande y mayor que los demás. Au… A ver tú, le dijo – Inmediatamente se puso de pie y con voz gruesa comenzó: mi… sol…se…ri…fa.
¡A ver, otra vez…fuerte!. Volvió el muchacho; mi… sol…se…ri...fa.
¿Qué…? ¿…¡ Nuevamente…y más fuerte!. Mi, sol, se, ri, fa.
Entre colérico e irónico Dn. Carlos: Con que tu sol se rifa no?. Propinándole una sonora cachetada le dijo: ¡Vaya hacer rifar su sol a otra parte!...
El aludido alumno era provinciano y por defecto de dicción cometió el error. Nos dicen que no volvió más al colegio. Sabemos también, que de estos casos hay varios que contar.

OTRA DE RUBINA
Debido a las “reformas” que no faltan en nuestro país y en las que el sector educación es el más prolífico. Allá por el año 1944 se dispuso que el curso de Música se alargase hasta el Tercer Año de Secundaria, pues antes de esa fecha, se llevaba solo hasta el Segundo Año. Bueno, el golpe fue para nosotros, porque ya respirábamos felices ya que nos habíamos librado de don Carlos Rubina B.; pero como les cuento, no fue así, sino que teníamos que estar un año más con él.
En efecto, con la puntualidad acostumbrada, el primer día de clases, Dn. Carlos se presentó y previo un cordial saludo, nos dijo: “Porque la música es parte importante de la vida y lo principal en el hombre, pues en el Ministerio de Educación, se han dado cuenta que hay que seguir con su estudio y su práctica”. “Hum… Por eso estoy aquí y como ya nos conocemos, no hay necesidad de mayores preámbulos. Ahora vamos a practicar la música, todos tendrán que pulsar algún instrumento, y los que no puedan hacerlos, tendrán que cantar musicalmente y por papel. Hum… Aú”.
Las clases se sucedían una vez por semana y como ya éramos un tanto creciditos y de otro lado sólo llevábamos un curso con Don Carlos; pues, íbamos perdiéndole el miedo; sin embargo, no faltaban la reprimendas también los golpes con la punta del arco del violín en la testa, de quienes por distracción o simplemente por chacoteros, no estaban a tono en la clase. Don Carlos seguía siendo el mismo, aunque un poco mejor, quien sabe porque los años ya dejaban sentir su peso. Una de esas veces, vino de muy 
buen humor y después de “reflexionarnos" con una serie de consejos para la vida terminó diciendo: Veo que ustedes ya no me tienen el miedo que me tenían antes, será porque ya están mozalbetes y más que todo...porque así son los carolinos. Cuando ingresan al primer año, todo temerosos me dicen “doctor Rubina”;… pasan al segundo año... entonces me dicen “señor Rubina”;... en el tercero “Perro Rubina” o “Perro Blanco”;. . .en el cuarto. . . “Cholo Rubina”.. . Y cuando llegan al quinto año, ya con aires de suficiencia. . . “¡Hola. . . Rubina!”
OTRA MAS DE RUBINA
Rindiendo siempre culto al ingenio' que lo consideramos como la sal o la chispa de la vida, queremos relatar una que nos contaron últimamente; y donde se pone de manifiesto esa característica ingeniosa e irónica, que adornaba la persona de nuestro recordado profesor. Precisamente por esto y porque acostumbraba decir las cosas muy claras, don Carlos llegó a ganarse muchas animadversiones y acérrimos enemigos, que incluso después de su muerte, se han seguido manifestando. Es el caso, como también no los cuentan, que por ciertos antagonismos que tuvo con el autor de las letras del Himno Carolino, este señor que le ha sobrevivido en muchos años, ha hecho aparecer a esa persona que nada tiene que ver, ni hacer con la música del Himno. Pero dejemos estos asuntos para otra ocasión y vayamos al suceso:
En esos tiempos, como en cualquier otro, en Puno se hacía muy buena música y los conjuntos orquestales que se formaban emulaban entre sí; seguramente por ello o por otras razones, entre Rubina y un señor Peñaloza, que también era profesor en el Glorioso San Carlos y dizque enseñaba inglés y también era un buen violinista; surgió una rivalidad  enconada. A este señor Peñaloza, lo habían motejado como "El Lechuguín", y como ya sabemos a Rubina se le decía “El Perro Blanco”. Así las cosas, la rivalidad iba “in crescendo” y a medida que pasaba el tiempo y las circunstancias se sucedían, ambos “se tenían hambre”; y por supuesto que también para evitarse problemas, ambos se iban esquivando cada vez que podían. Pero, una de esas veces, por esos azares del destino, se encontraron en una calle, y, cada cual transitaba en sentido contrario; y, pues ni modo; ambos continuaron su marcha, y también ambos tomaron la misma vera del camino; se pusieron frente a frente; entonces el “Lechugin”, parándose en seco dijo: ¡Yo no cedo la vereda a perros…!....
A lo que inmediatamente Rubina le espetó: ¡Yo… en cambio sí…..! ¡Hum...!. Y lo dejo pasar tranquilamente, no sin antes plantarle una profunda mirada.
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