jueves, 16 de octubre de 2014

MITAYOS DE PUNO EN POTOSÍ (SIGLOS XVI-XVII)

Nicanor Domínguez Faura
Publicado por “SER” 15/10/2014
Tras su descubrimiento en 1545, la legendaria mina de plata de Potosí, ubicada hoy en Bolivia, se convirtió en un centro de atracción económica para todo el Altiplano Surandino. Casi de inmediato, atrajo a un numeroso grupo de españoles, interesados en explotar los ingentes recursos argentíferos de esta “montaña de plata”. La mano de obra indígena era la base laboral de esta explotación. Desde aproximadamente 1550, se organizó un sistema de “mita minera informal”, que precedió en casi un cuarto de siglo a la “mita minera formal” establecida por el Virrey Toledo en 1574.  En un par de artículos anteriores hemos mencionado el caso de dos indios de Yunguyo que, en 1562, se vieron envueltos en una disputa laboral en la “Villa Imperial” potosina [ver Cabildo Abierto, nos. 70 y 71, del año 2013].
Los abusos laborales de los primeros años de Potosí fueron denunciados por religiosos inspirados en la prédica de Bartolomé de las Casas (1484-1566), el “apóstol de los indios”.  Así, en julio de 1550, el dominico fray Domingo de Santo Tomás, futuro obispo de Charcas (1563-1570), escribía al rey: “[H]Avrá cuatro años que, para acabarse esta tierra, se descubrió una boca del ynfierno por la qual entra cada año, dende [= desde] el tiempo que digo, grand cantidad de gente que la cobdicia de los españoles sacrifica a su dios, y es unas minas de plata que llaman el Potosí, y porque vuestra alteza entienda que ciertamente es boca del infierno, que para tragar ánimas [h]a permitido Dios que se [h]aya descubierto en esta tierra [...].  Sacan el metal de aquel cerro, que digo con el trabajo que se podrá entender que se sacará, así por que de suyo es gran trabajo sacar el metal tan hondo de entre tantas peñas y con tanto peligro de caerse muchas veces la mina (como ha acaecido) como por el frío y destemple de la tierra”.
1551: Indios de El Collao piden ir a Potosi
La formalización de la “mita minera” ocurrió después de la visita a Potosí del Virrey Toledo (fines de 1573 a inicios de 1574). Según el Virrey, sus reformas permitirían una explotación económica ordenada del centro minero, garantizando así los ingresos de la Corona (el impuesto del “quinto real”, el 20 por ciento de la producción de plata). Según el historiador francés Thierry Saignes, Toledo llegó a un acuerdo con los jefes de los grupos étnicos aimaras del Altiplano Surandino, quienes se comprometieron a enviar regularmente trabajadores a la mina, a cambio de que se respetara el derecho a las tierras de las comunidades indígenas, que en esos mismos momentos estaban siendo reasentadas en las nuevas “reducciones toledanas”. 
Entre esas 16 provincias se encontraban los cuatro “corregimientos” que ocupaban aproximadamente el territorio altiplánico de la actual Región Puno: Chucuito (correspondiente al antiguo “reino aimara” de los Lupaca), Cabana y Cabanilla (o Lampa), Azángaro y Paucarcolla (correspondientes aproximadamente al antiguo “reino aimara” de los Colla). 
Los “mitayos” representaban aproximadamente la séptima parte de la población masculina adulta (“tributarios”) y por ello eran también llamados “indios de séptima”. Las distancias que debían viajar los “mitayos” entre La Raya y el Desaguadero hasta Potosí se calculaban –aproximadamente- entre 160 y 120 leguas, unos 800 a 600 kilómetros.
Una lista de mediados del siglo XVII, identifica 36 “repartimientos” y “pueblos”, en el actual territorio de la Región Puno, que debían enviar mitayos a Potosí.
En este contexto, pongamos el ejemplo del “repartimiento” de “Puno e Icho”.  Sus habitantes debían vivir, desde 1573, en los pueblos de indios o “reducciones” de San Juan Bautista, de Puno, y San Pedro Apóstol, de Icho, ubicados en el corregimiento de Paucarcolla. Estaban a una distancia de 140 leguas (unos 700 kilómetros) de Potosí y sus caciques debían enviar anualmente 124 “mitayos” (12.69% del total de “tributarios”), para trabajar en el Cerro Rico extrayendo metales de plata.
¿Cómo era la vida de los trabajadores indígenas enviados desde Puno hasta Potosí en cumplimiento de las disposiciones toledanas?  Citemos brevemente el testimonio de Balthasar Ramírez, sacerdote español que vivió en Potosí durante la década de las reformas toledanas.  Salido del Perú en 1580, en 1597 vivía en México y, por órdenes del virrey de la Nueva España, el Conde de Monterrey, escribió su “Descriptión del Reyno del Pirú: Del sitio, temple, prouincias, obispados y ciudades; de los naturales, de sus lenguas y trajes”.  El texto original se encuentra en Madrid, en la Biblioteca Nacional de España (Ms. 19668), y fue publicado en 1906 por el diplomático peruano Víctor Maúrtua.
Ramírez menciona las catorce parroquias para indios establecidas en Potosí durante la “Visita General Toledana”, en las que los “mitayos” recibían el “pasto espiritual”, durante su estadía en el centro minero: “Hizo [el Virrey Toledo] en Potosy catorze parrochias, y señaló y truxo á cada vna ochocientos yndios feligreses; púsoles Curas, y señaló á cada Cura ochocientos pesos de salario; hizo hazer yglesias y casas para los Curas, que se acabó todo en tres años”.  Según este testimonio, las parroquias potosinas debían tener 11,200 “yndios feligreses” o “mitayos”.
Cada una de éstas parroquias agrupaba a indios provenientes de pueblos nuevos o “reducciones”, pero estos trabajadores mantenían sus antiguas afiliaciones étnicas aún a finales del siglo XVI: los indios de Puno se agrupaban con otros “mitayos” provenientes de “reducciones” y “repartimientos” conformados por los españoles a partir de los sub-grupos del antiguo reino Colla, específicamente del antiguo sector “Urco-suyo”. A eso se refiere Ramírez cuando afirma: “Tiene cada parrochia sus feligreses distinctos”.
Pero junto a esta “supervivencia étnica” de mantener un cierto grado de identidad de origen pre-hispánico, e incluso pre-inca, el testimonio de Ramírez también señala algunos de los cambios más importantes que el reordenamiento colonial toledano impuso sobre la población del Altiplano Surandino en general, y de las “reducciones” de Puno en particular.
La mita fue utilizada por los caciques y sus comunidades como una oportunidad para obtener dinero para pagar sus tributos: “El pueblo ó repartimiento que le cabe á traer diez indios, trae treinta, así para cumplir con la obligación y henchir el número que le cabe, como para entender en sus tratos y grangerías, y los vnos y los otros están en Potosí hasta que vienen del mesmo pueblo otros tantos, con quien trocarse; traen consigo sus mugeres y hijos, y sus ganadillos cargados de ropa y comida, todo lo qual consumen y venden en Potosy”.  Lo que había sido diseñado por el Virrey Toledo como un subsidio laboral a la industria minera potosina fue convertido en una oportunidad para participar en la economía mercantil colonial y así hacer frente a las obligaciones tributarias de las comunidades indígenas.
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