domingo, 8 de junio de 2014

Notas para la historia del periodismo puneño

DON J. EDUARDO FOURNIER B.
Escrito por Emilio Vásquez, en Puno, octubre de 1961.
Al estímulo de unas cuantas evocaciones puneñistas, hoy me he propuesto trazar estas líneas. Y me he propuesto hacerlo sobre una de las personalidades puneñas más descollantes: don Juan Eduardo Fournier Barrionuevo. En el desarrollo cultural de este aún incomprendido pueblo puneño, hay hombres de verdadero relieve histórico e intelectual. No sólo ellos han brillado en el ámbito nacional, sino que, inclusive, han traspuesto los límites de la patria. Por ello merece recordarlos dignamente; y porque tiene el significado de una permanente enunciación paradigmática, que las generaciones venideras no deben olvidar.
Los puneños tenemos que mostrar, orgullosos a un José Domingo Choquehuanca, el profeta bolivariano de Pucará; a Juan Bustamante (el Mundo Puricuj, o trotamundos) precursor del indigenismo en la América. Tenemos, igualmente, a un Isaac Deza, hombre de ideas radicales, ejemplarmente honrado, amén de haber sido uno de los más notables juristas puneños. Hay que recordar también a don José María Miranda, educador de irreductible emoción nacionalista, maestro de muchas generaciones puneñas, posteriormente diputado de actuación honesta en el parlamento nacional. Y don Remigio Franco, educador también de varias generaciones puneñas y político de probada honradez. Don Santiago Giraldo, ciudadano ejemplar y político de notable capacidad para la polémica parlamentaria, fue sobre todo, un hombre de honradez indiscutida. Y Don Mariano H. Cornejo, uno de los grandes sociólogos del Perú y de América, eminente orador, magistral forense y parlamentario, a quien todos los políticos de su época querían imitarlo o superarlo, sin conseguirlo jamás. Don Vicente A. Jiménez, hombre probo, de una emoción puneñista auténtica, dueño de una erudición regionalista bien informada y, por tanto, responsable. Don José Manuel Armaza, ejemplo de civismo y periodista de definidos conceptos liberales, de esa liberalidad de fondo y forma polémica, a la manera de don Abelardo Gamarra, el Tunante. Fluido en la prosa y elegantemente cáustico, don José Manuel Armaza hacía verdadero honor al terruño.
Aunque no fue puneño de nacimiento, don Gustavo Manrique lo fué de purísima emoción puneña. Director del periódico "El Siglo" y la revista literaria "Ondina"; Manrique fue uno de los hombres provechosos a la cultura de Puno. Además de periodista ágil e incisivo, moderno para su tiempo, don Gustavo fue también un señor de las letras: poeta romántico—con algunos atisbos de modernista—expresaba su mensaje en la búsqueda de la palabra elegante, líricamente adunada en rítmicos alejandrinos gratos por tanto a todos los oídos. Sus temas favoritos se referían preferentemente a los valores de la sociedad y de la patria: héroes, gestas nacionales, la humanidad indígena, el paisaje, las costumbres.
Así podríamos seguir recordando, por ejemplo, a don Andrés Miguel Cáceres, a don Adrián Solórzano, a don J. Albino Ruiz, a don Celso Macedo Pastor, a don Francisco Chukiwanka Ayulo, a don José Antonio Encinas (el maestro de maestros, el más alto exponente de la pedagogía peruana), a Federico More y tantas otras verdaderas notabilidades, como el poeta Carlos Oquendo de Amat, de singular brillo en el panorama de la poesía peruana de estos últimos tiempos.
II
Don Juan Eduardo Fournier Barrionuevo nació en la ciudad de Puno, el día 18 de setiembre de 1881. Falleció el 12 de octubre de 1957, esto es a los 76 años. El apellido Fournier denuncia su parcial procedencia gala. En efecto, su padre fue el ciudadano francés don José Fournier, que contrajo matrimonio con doña Catalina Barrionuevo, de estirpe tradicional puneña.
Eduardo Fournier hizo sus estudios de primaria (una excelente primaria) en la Escuela Municipal de Puno. Hacia 1887, es decir, después del desastre de la guerra del Pacífico, la dirigía don José María Miranda. El maestro José Antonio Encinas, en su libro "Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú" le dedica a la Escuela Municipal de Puno, unas cuantas páginas de estudio y crítica pedagógica, poniendo de relieve el afán eminentemente nacionalista que inspiraba al plantel y a su director. El maestro Miranda se proponía estructurar el espíritu de lucha en el alma de la juventud. Propugnaba la beligerancia y el desquite revanchista en una futura guerra con Chile. No podía ser de otra manera si se tiene en cuenta que el Perú había sido cruelmente hostigado, víctima de las más deprimentes depredaciones que supone una guerra injusta y sus consecuencias ocupacionistas del territorio vencido.
Ya lo hemos dicho: don Eduardo Fournier ha sido un hombre útil, eficaz propulsor de la cultura puneña. Se debe a él, principalmente, la formación de la conciencia gremial del obrero y artesano puneño. Fundó "La Voz del Obrero" para aleccionarlos sobre sus deberes y sus derechos ciudadanos y de trabajadores. Las páginas de este valiente y combativo quincenario, que acaso no ha tenido sucesor de parecidas calidades, tenía sus redactores en los obreros Alejandro Cáceres, Manuel Z. Aragón, Aurelio Martínez, José Manuel Sierra, Jacinto Gamero, Daniel Franco Serruto y Modesto Flores. Las columnas de "La Voz del Obrero" (76 números en total) acusan un indeclinable espíritu de combate en defensa de la sociedad, de la política militante tanto local como nacional. Escrupuloso guardián de los intereses impersonales, sobre todo de aquellos que atañen a la educación (o reeducación) de los trabajadores; Fournier quería para sus compañeros un mejor nivel de vida a base del valor personal, valor que sólo se conseguiría mediante la autopreparación. El mismo, después de su primaria, se había formado por los propios medios de la autoeducación. La autoeducación debe dar —decía Fournier— la eficiencia personal y el respeto de los demás.
1881. Falleció el 12 de octubre de 1957, esto es a los 76 años. El apellido Fournier denuncia su parcial procedencia gala. En efecto, su padre fue el ciudadano francés don José Fournier, que contrajo matrimonio con doña Catalina Barrionuevo, de estirpe tradicional puneña.
En "La Voz del Obrero" se iniciaron muchos intelectuales que hoy dan verdadero brillo al pensamiento puneño. Se puede citar entre ellos a Arturo Peralta, llamado hoy Gamaliel Churata; Alejandro Peralta, Aurelio Martínez, etc. En este sentido pues, don J. Eduardo Fournier B. fue un notable animador de la inquietud literaria de Puno. Su lección de trabajador gráfico y periodista experimentado entrañaba, de suyo, un permanente llamado al estudio formal de las cosas que atañen a la sociología altiplánica. Su vivo interés por sembrar entusiasmos en unos, su afán de encauzar vocaciones juveniles se iban haciendo de 1914 a 1923 asáz proverbiales en Puno.
III
La generación que hemos llamado de "Bohemia Andina", le debe a Eduardo Fournier la palabra del estímulo y la colaboración efectiva y cordial. Las futuras posibilidades y los frutos en agraz, gracias a su espíritu abierto y generoso, se convertirían después en realizaciones plenas. En su taller se imprimió v. gr. "Báquica Febril" (1921) primer libro de poesías de Dante Nava. De la Tipografía Fournier salieron "Altipampa" (1932) y "Tawantinsuyo" (1934) del autor de esta nota. Hasta el taller de Fournier llegaban originales de todo jaez y de variada índole, cuartillas cuajadas de errores de forma y fondo, o bien de ditirambos estridentes. A los primeros les negaba, decentemente, la impresión solicitada. A los últimos se les hacía, en cordial consulta con los autores, la poda que el buen gusto y la discreción aconsejan.
Don Eduardo no era un obrero adocenado y sórdido. Era todo un artista y, como tal, generoso, ponderado. Tenía por su arte un inigualable cariño, una amorosa dedicación, es decir, un gusto exquisito de impresor culto. Nosotros que tanto alternábamos con él, le oíamos decir a menudo "…de este taller no pueden ni deben salir impresiones deficientes; o aquí se depuran los originales, o no se hace nada”.
Fournier ha sido, indudablemente, un publicista de vocación. Los hermanos Peralta fundaron en 1917 “La Tea”, la hoy casi inencontrable revista literaria que, a través de sus 15 números, enrumbó inquietudes y canalizó el nativismo literario de Puno. En 1926 la Tipografía Fournier dio comienzo a la publicación del “Boletín Titikaka”. La dirigía Gamaliel Churata y la veintena de los números publicados circuló, en creciente demanda, por todo el continente y por Europa. Dejó de circular esa magnífica publicación forzada por las circunstancias políticas de 1930-33, esto es, cuando a la caída de Leguía se sucedieron gobiernos facto y pseudorevolucionarios.
Como se advertirá, muchas fueron las virtudes de este hombre. Tenía tal vez sus defectos, como todo ser humano. Nosotros no se los conocimos. Entre sus virtudes tuvo una fundamental: su honestidad ciudadana, que al presente se va haciendo cada vez más rara, tanto más rara cuanto más civilizados y progresistas se creen individuos y colectividades. A través de “La Voz del Obrero”, don J. Eduardo Fournier B., fue un incansable defensor del pueblo. La ciudadanía puneña tuvo en el valiente periodista también un buen Alcalde, "un Alcalde modelo", como se dice en algún periódico de la época.
Presidió el Concejo de Puno por dos veces (1923 y 1941). Los "intereses del pueblo" eran para aquel ciudadano una suerte de fueros sagrados, pero no por ello intocables. "Hay que tocarlos -decía- con mano cauta y propósitos de mejora y progreso". Respetuoso de la tradición bien entendida y de los valores culturales, le dió a Puno la Biblioteca Pública Municipal bien estructurada, el Museo y la Pinacoteca, exponentes de la cultura puneña trascendental.
Como defensor de los fueros personales del obrero, del artesano, o, como se dice modernamente, del proletariado, Fournier representa una valiosa actitud, fraternalmente, solidaria. Se afanó por conseguir que el "humilde trabajador", carpintero, sastre, albañil o cargador alcanzara un mejor nivel cultural. Don Eduardo quería algo más: que sus compañeros de clase fueran hombres de elevada conducta, seguros de su valer y vivientes ejemplos de los demás.
Tengo a la vista la colección de "La Voz del Obrero, órgano defensor de los intereses de la clase obrera”, dice el subsecuente enunciado publicitario. Sorprende ver cómo se podía decir tantas cosas. Valientes y ponderadas unas y audazmente expresadas otras, aquellas páginas -casi olvidadas- trascienden todavía contenido cívico de altos quilates. En la columna inaugural (28 de Julio de 1914) dice lo siguiente: "Empuñamos en una mano el estandarte de la libertad que tremolará siempre orgulloso en la contienda, y llevamos en la otra la espada de la justicia, que mantendremos desnuda para cortar el nudo de la opresión y la tiranía". Eso del estandarte de la libertad y la espada de la justicia implicaban una dirección concreta. Gobernaba por entonces el país el general Oscar R. Benavides como efecto de los hechos que la historia peruana ya ha registrado. Ese enunciado quería decir que había que jugarse el todo por el todo, inclusive la vida. Ocurrió en aquella época la llamada "masacre" del 30 de Enero de 191).
"La Voz del Obrero", fustigó reiteradamente al prefecto José Manuel Rodríguez del Riego, que es quien ordenó disparar sobre la ciudadanía arequipeña que salió en protesta por la elevación de impuestos y el gobierno de mano fuerte que se había instaurado en el país.
Cuando al hablar y al escribir acerca del indígena era algo más que una iconoclastía, Eduardo Fournier lo hizo sagaz y valientemente. Con motivo de las masacres de Azángaro, consumadas en 1915, "La Voz del Obrero" registra columnas periodísticas, en la defensa de la clase indígena y de los fueros que su dignidad humana trasciende. Un hombre de conducta intachable y un vocero del pueblo no podían adoptar otra actitud.



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