jueves, 13 de diciembre de 2012




20 AÑOS DESPUES... JORGE HUIRSE
Escribe: Adolfo Huirse Cairo
20 años, dos decenios, se han cumplido desde aquel 11 de diciembre de 1992 en que partió a la eternidad el gran músico, pianista, compositor, arreglista y director de orquesta puneño y peruano, Jorge Huirse.
Veinte años ha que la música peruana se vio privada del exquisito manejo instrumental que ese magnífico zurdo nacido a orillas del Titicaca, le prodigó hasta niveles aún no repetidos.
Y hoy existe la necesidad de evocar al gran artista, al incomprendido luchador por los derechos de autor en el Perú, y al evocarlo, resaltar para el merecido recuerdo la dimensión histórica que le tocó cumplir en su
rutilante paso por el mundo de la música nacional.
De Jorge Huirse hay que hablar sobre su trascendencia como músico polifacético, superdotado, intuitivo, lúcido, y de la profunda huella que ha dejado en la música nacional, criolla y andina.
Evocación que no deja de ser el reclamo para hacer más vigente su contribución al pentagrama peruano.
En 1940 y en uso de una modesta beca otorgada por el gobierno de entonces, Jorge partió a Buenos Aires, entonces la puerta grande del arte en América, donde consolidó su formación musical dirigiéndola esencialmente a la instrumentación, al manejo orquestal y a la composición.
De Jorge Huirse algunos críticos han dicho que encaja en el criterio de un músico, compositor e instrumentista dotado de gran talento y formidable formación técnica.
Reconocido en Buenos Aires, Jorge dio la gran batalla por la música peruana, e hizo que grandes instrumentistas italianos y argentinos acometieran a gran orquesta el duro reto del ritmo andino y lo aquilataran como lo que es: exquisito, de variedad y riqueza inmensas.
En materia de música criolla elevó a espacios sublimes y llevó al disco a gran orquesta o simplemente con el acompañamiento de su piano y su conjunto ‘Ritmo Criollo’, a Jesús Vásquez, entonces una chiquilla de diáfana e irrepetible voz, a los Trovadores del Perú, Los Morochucos, Luis Abanto Morales, etc., y logró que cantantes de tango se enfrentaran al vals peruano con resultados inolvidables.
De resultas de la cruzada peruanista, infinidad de discos de carbón de 78 rpm inundaron Lima, desde cuyos surcos sonoros emergieron las canciones que acunarían la emoción de varias generaciones.
No hay que olvidarlo: fue Jorge Huirse quien, orquesta y piano a mano en los años 40/50, le puso profundidad musical y orquestal al vals, la polca, el festejo, la marinera y el huayno.
Así también se vistieron de virtuosa armonía y etiqueta instrumental las canciones de Felipe Pinglo, Felipe Coronel Rueda, Eduardo Marquez Talledo, Laureano Martínez Smart, Daniel Alomia Robles, Carlos Saco, Salvador Oda, Chabuca Granda, Luis Abelardo Núñez, Francisco Reyes Pinglo, Serafina Quinteras y ese baúl de bellezas que fue la Guardia Vieja.
Igual ocurrió con la música de su padre, don Rosendo Huirse, y de la propia suya. Y cuando la TV no había llegado aún y la radio estaba en todo su esplendor, la entonces potente y próspera Radio Victoria lo contrató para que volviera al Perú poniéndole bajo su mando una orquesta con 30 instrumentistas, todos músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional.
A su vuelta, en 1961 –César Miró lo esperó en la escalinata del avión cantándole su vals “Todos vuelven”-, grabó para Virrey el insuperable larga duración ‘Machupicchu’. Luego dirigiría la Orquesta Sinfónica de Breña, la Orquesta de Cámara SonoRadio y la Orquesta de Cámara de la Guardia Republicana hoy convertida en Orquesta Sinfónica de la Policía Nacional.
En Lima, su tenaz lucha enarbolando los derechos de autor le desencadenaron el odio y la ojeriza de las disqueras y los canales de TV que lo marginaron.
A 20 años de su partida, gloria y recuerdo entrañable a su versátil pianística, a su talento instrumentador y su genio creador. Pero también gloria y recuerdo íntimo y hondo al artista que de la mano llevó a la fama
y el conocimiento universal los exquisitos ritmos de nuestro Perú.
Porque así también se hace patria, ¡gloria eterna a Jorge Huirse!

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