domingo, 19 de junio de 2011

El gran hermano



Ahora que todo indica que el gobierno de Ollanta Humala tendrá una relación muy cercana con Brasil, cabe preguntarse sobre los beneficios de tener como socio a la mayor potencia regional. Hay temas que nos permitirán fortalecer la relación bilateral, pero hay otros en los que hay que ser cautelosos: por ejemplo, los proyectos de desarrollo en la Amazonía.

Por Raúl Mendoza
Tomado de: “domingo” de LA REPÚBLICA 19-06-2011

Aun cuando el intercambio comercial entre Perú y Brasil a través de la carretera Interoceánica Sur apenas está por comenzar, los inversionistas brasileños ya tienen propuestas como establecer frigoríficos en el puerto de Ilo, Moquegua, para almacenar carne, empaquetarla y exportarla por el océano Pacífico. De igual forma, los empresarios de las fronterizas Acre y Rondonia ya están atentos a las posibilidades de negocio que pueden tener su madera, carne, soya; y hasta se han declarado ‘ciudades turísticas’ de cara al Perú. De nuestro lado, en cambio, casi no hay proyectos para aprovechar esa vía integradora.

De la relación que se ha construido con Brasil desde las épocas de Alejandro Toledo, continuadas por Alan García y que podrían estrecharse más con Ollanta Humala, por ahora los beneficios son mayores para ellos que para nosotros. Dos logros geopolíticos ha conseguido Brasil: 1) Con la carretera Interoceánica ha cumplido su sueño de llegar al oceáno Pacífico para acceder a los mercados asiáticos a través de nuestros puertos. 2) En el proyecto de construcción de centrales hidroeléctricas en la Amazonía tendrán fuentes de energía barata en territorio peruano sin tener que sufrir el impacto socio-ambiental que estas ocasionarán si se concretan.
Ahí no se detiene el interés brasileño. La misma semana que Ollanta Humala se entrevistó con la presidenta Dilma Rousseff, el consulado del Perú en Brasil informó que la actual inversión de las empresas brasileñas en el país es de unos 1,500 millones de dólares y esperan invertir otros 5,500 millones de dólares en los próximos cinco años debido ‘al incremento de las relaciones bilaterales’ que auguran con el nuevo presidente. Humala ha dicho que “Brasil es un socio estratégico”, pero deberá hacer esfuerzos para que la relación sea más equitativa y beneficiosa. No debemos ser solo un medio para sus fines.

La Interoceánica

Aunque la carretera Interoceánica Sur ha sido vendida como la oportunidad para que el sur peruano se desarrolle y el intercambio comercial entre Perú y Brasil se dinamice por el acceso a un mercado de 100 millones de personas, no es verdad tanta belleza. La carretera, de 2,400 kilómetros y un costo de 2,800 millones de dólares, tiene pros y contras. Para Ernesto Ráez, director del Centro para la Sostenibilidad Ambiental de la Universidad Cayetano Heredia, la vía por el momento solo permite la integración de algunos pueblos del sur del Perú, pero no con el Brasil “porque desde un principio no se vio con claridad en qué nos podíamos beneficiar”.

Hoy la población amazónica y del sur peruano impactada por el paso de la carretera no puede intentar un intercambio comercial por su baja producción y falta de una política comercial regional o estatal. “Brasil es un país proteccionista, tiene aranceles altos, y parece que el Perú ni se fijó en eso. La zona de frontera peruana no puede competir con la carne o los lácteos del lado brasileño. Podría hacerlo quizá con frutos u hortalizas, pero Brasil tiene barreras sanitarias y el Perú no cumple con los estándares internacionales. Ahí hay un trabajo por hacer”, dice Ráez.
El economista Humberto Campodónico señala que el gobierno debió coordinar con todos los presidentes de la macrorregión sur y la iniciativa privada un plan de desarrollo productivo. “Se pudo plantear también un gasoducto en la zona para fortalecer sus industrias y puedan tener una interrelación con Brasil. De lo que sé, no se ha planeado nada”, dice. Ráez llama la atención sobre los impactos negativos de la carretera. “Como aminora gastos de transporte, ha potenciado la tala ilegal, la minería informal, la deforestación, la presencia de nuevos colonos, la trata de personas y el narcotráfico. Lo que ha pasado es que no vino acompañada del paquete de inversión y presencia del Estado, pero el nuevo gobierno puede cambiar las cosas”, dice.

Discutir sobre Inambari

El martes pasado un grupo de organizaciones civiles y ambientalistas emitió un pronunciamiento pidiendo que el actual Congreso se inhiba de aprobar el “Acuerdo entre el Gobierno de la República del Perú y el Gobierno de la República Federativa del Brasil para el suministro de electricidad al Perú y exportación de excedentes al Brasil”, que en la práctica daría luz verde a la construcción de la Hidroeléctrica de Inambari, la de Paquitzapango y tres más en la Amazonía peruana, con un altísimo costo socio-ambiental: solo la primera ocasionaría la inundación de 378 kilómetros cuadrados de selva, la erradicación de 65 centros poblados y la muerte de flora y fauna en el lugar. Si se hicieran las cinco hidroeléctricas se perderían 1 millón 500 mil hectáreas de selva amazónica. Por eso, el tema debería verlo el próximo Congreso.

Según José Serra, autor del libro Inambari, la urgencia de una discusión seria y nacional, Brasil haría uso del 80% de la electricidad de la represa de Inambari y se haría cargo de toda la operación, mientras que el Perú asumirá todos los pasivos ambientales, con lo que la generación de esa energía ya no será barata, como dice el gobierno, sino será ‘cara’ por el costo social. El tema fue negociado por Lula Da Silva y el presidente Alan García en sucesivas reuniones en los últimos años y es de suma importancia para Brasil. Ellos podrían usar energía producida con petróleo, pero los costos son muy altos.

La construcción de la represa de Inambari y el embalse que provocará dejarán también bajo las aguas 90 kilómetros de la actual carretera Interoceánica. ¿Podrá Ollanta Humala replantear o incluso dejar sin efecto este acuerdo que su amigo Lula negoció pacientemente con su antecesor? Será uno de sus primeros retos. El economista Humberto Campodónico señala que “el acuerdo de integración energética alcanzado entre Perú y Brasil no obliga al próximo gobierno a cumplirlo si las condiciones no son beneficiosas. Todavía se puede dar marcha atrás”. El acuerdo se ha llevado adelante con poca transparencia y sin cumplir con exigencias como la consulta previa a la población del lugar.

Lo que nos acerca

Si bien los dos megaproyectos mencionados en las líneas anteriores tienen aristas para la discusión, la relación con el gigante regional es indispensable. El economista Jorge Gonzales Izquierdo acepta que, si bien todavía no están claros los aspectos en que podríamos fortalecer nuestro intercambio económico, el solo hecho de tener la posibilidad de negociar con un mercado de 100 millones de personas, la sétima economía del mundo, nos abre enormes posibilidades en el mediano plazo. “A nivel político también nos acercaríamos al Unasur, lo que nos daría un respaldo mayor al que tenemos, por ejemplo, con la Comunidad Andina de Naciones, que hoy no tiene mucho peso”, explica.

Lo que nos acerca a Brasil es por el momento la experiencia que ellos tienen en la aplicación exitosa de programas sociales como Bolsa Familia y otros, los que estarán entre las primeras medidas de nuestro próximo presidente. En su visita a Rousseff, el electo presidente peruano señaló que espera conseguir “el crecimiento con inclusión social y respeto a la economía” del modelo brasileño. ¿Qué otros temas compartiremos con Brasil? Proyectos de desarrollo en la frontera amazónica y la lucha contra el narcotráfico. Para el especialista Ernesto Ráez, “este acercamiento debe servir también para la colaboración científico-técnica y la transferencia tecnológica”. Que sea un intercambio equitativo, más allá de los intereses geopolíticos.

Escándalo s.a.

Son varios los casos polémicos en los que se han visto involucradas empresas brasileñas. Odebrecht (que construye el Tren Eléctrico, ver foto) fue expulsada de Ecuador en el 2008 por problemas en la hidroeléctrica de San Francisco a un año de haberla construido. De igual forma, directivos de la constructora Camargo Correa fueron investigados en Brasil por aportes ilegales a partidos. La empresa OAS, que aquí ha participado del consorcio vinculado a la construcción de la hidroeléctrica de Inambari, fue acusada de pagar coimas a políticos en su país. Las tres operan en el Perú.

¿Hay una izquierda verde?

A pesar de su tendencia de izquierda, vinculada a las grandes mayorías, el gobierno brasileño que encabezó Lula ha sido duramente cuestionado por sectores ambientalistas de su país por el daño que hidroeléctricas han hecho a la Amazonía y la deforestación que los monocultivos han causado en la misma zona. Sobre el tema, el experto Eduardo Gudynas ha señalado en el estudio “La ecología política del progresismo sudamericano” que, a pesar de que en la década del 2000 se alcanzó un máximo de ocho países bajo gobiernos progresistas, esta izquierda gobernante debió enfrentar urgencias y desafíos que ha sorteado de distinta manera. “Mientras que en áreas como la lucha contra la pobreza se han cosechado varios éxitos, en el campo de la temática ambiental se revela una situación más compleja: la calidad ambiental continuó deteriorándose y se repiten los reclamos desde la sociedad civil”.

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