viernes, 20 de febrero de 2026

ACERCA DEL CRITICO MOMENTO POLITICO EN EL PERU

 SEMANA IMPORTANTE

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 770, 20FEB26

La montaña del Congreso volvió a parir un ratón.


¿Qué esperábamos?

¿Que de ese archipiélago de sargazo saliera un Juárez, un Churchill, un Castilla?

No, pues. Del Congreso que dictó las leyes facilitadoras de la impunidad y del que emanaron el TC o la JNJ al servicio del pacto corrupto, salió José María Balcázar.

Abogado expulsado del colegio gremial de Chiclayo, juez separado del poder judicial, comentarista comprensivo de los matrimonios con niñas de 14, Balcázar es lo que será Jerí en cuarenta años.

La otra alternativa era la señora Alva, que ofrecía una suerte de frivolidad inofensiva y que cometió la temeridad de sentarse a negociar públicamen­te con Keiko Fujimori, la Midas inversa que había sostenido a Jerí con su bancada onomatopéyica y su talen­to para la quemazón. Al sentarse con madame K, la señora Alva le gritó al mundo que ella era Jerí con mejor gusto y tacones leja­nos. Y al anunciar madame K que la señora Alva era su candidata, llegó la maldición. Lo que la hija de Alberto toca contrae uta, ti­fus, ruidos de vientre. Cuando Jerí quedó en sus manos, la suerte estaba echada.

Por eso tenemos a Balcázar, que es un señor que se encontró un boleto de la tinka tirado en la esquina. Balcázar no es de izquierda sino de centro­ lo que sea. No sigue a Cerrón ni a Perú Libre, como pregona la derecha con propensión al escalofrío, sino que hará lo que el instinto de sobrevivencia le dicte. Sabe muy bien Balcázar que la Magdalena no está para tafetanes y que no le está permitido salirse del guion.

Sus primeras palabras han sido analgésicas y bien sabe que estará vigilado. De modo que si no va a excarcelar a Castillo, como ha asegurado, tampoco podrá sacar a Cerrón de su condición de prófugo. Si lo intenta, se sumergirá en la clandestinidad en la que Cerrón se ha evaporado.

La derecha fujimorista soñaba con que Balcázar se presentase como jinete del apocalipsis y que dijera cosas que sonaran a Marx, a la Cuba que luchaba en Angola, al Mariátegui más duro. ¡Cuánto hubieran querido eso Keiko y sus amigos! Así habrían aparecido como la sensatez que nos advirtió lo que iba a pasar, como la razón de Estado que apos­tó por la estabilidad. Así habrían ganado las elecciones.

Pero Balcázar ha desarmado el muñeco y ha cumplido con el primer protocolo que el miedo financiero exige para dejar de temblar: ha tenido una cita reverencial con Julio Velarde y se dice que está dispuesto a mantener al equipo económico del último gabinete. El Comercio, Perú21 y RPP, para citar sólo a tres firmas, se han quedado sin armas: no es 1917, no está Lenin en Palacio, nadie va a matar a ningún Romanov imaginario. Quien está en Palacio ni siquiera es la sombra de un jubilado vagamente parecido a Kerensky.

Dado su pasado, sus oscuridades, sus simplezas, habrá que estar atentos, por supuesto. Estar cinco meses en Palacio es suficiente para tentarse con chifas y hamburguesas, con decretos de urgencia y compras desesperadas. Basta una hora para salpicarse, pero no es un mal síntoma que Balcázar haya dicho que el caso de Petroperú debería tratarse con calma y criterio técnico. Y la prensa independiente deberá cumplir su papel sin distraerse ni por un momento. Aquí, en este semanario, desconfiamos profundamente de Balcázar pero sabemos que sus mañas de sobreseído y archivado lo harán pensar dos veces antes de embarrarse con algo.

La noticia principal de la semana es que nos libramos de José Jerí, que era el títere que el fujimorismo y lo peor del Congreso sostenían para concentrar cada vez más poder. Nos hemos librado de alguien que manchó (otra vez) la institución presidencial y que hacía peligrar, por su condición de rehén de la coalición corrupta, la limpieza de las elecciones. No está en Palacio el hombre que nunca debió estar allí.

La se­gunda noticia más im­portante de la semana es la doble derrota del fujimorismo, noqueado cuando defendió a Jerí hasta la complicidad y el descaro y cuando conta­minó la candidatura de la señora Alva al anun­ciar que la respaldaba. La señora Fujimori cree que juega ajedrez cuando apenas atina a moverse en un tablero de damas chinas. Cree que es una estratega que heredó la astucia combatiente de su padre, cuando mete la pata al punto de que su joven hija se ve obligada a rectificarla. Está convencida de que sus decisiones son inapelables, cuando la cabeza de Jerí cuelga de una picota y las pretensiones de la señora Alva se frustraron por su letal proximidad. Mala semana para madame K. Lo peor, sin embargo, vendrá en abril. <+>


No hay comentarios:

Publicar un comentario