lunes, 7 de marzo de 2016

A CAMBIAR EL MODELO DE UNA VEZ


LECTURAS INTERESANTES Nº 688
LIMA PERU            7 MARZO 2016
EL MODELO A LAS URNAS
El plebiscito que implícitamente plantean Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea.
EL COMERCIO. Editorial Lunes 07 de marzo del 2016
En su esfuerzo por distinguirse de los demás aspirantes a la presidencia, dos candidatos se han presentado durante esta campaña como una respuesta al modelo económico que se ha seguido en el país por más de veinte años y cuatro gobiernos: Verónika Mendoza del Frente Amplio (FA) y Alfredo Barnechea de Acción Popular (AP).
Refiriéndose expresamente a Pedro Pablo Kuczynski, Alan García, Keiko Fujimori y hasta César Acuña, la señora Mendoza ha declarado, por ejemplo, que ella los pondría en el mismo saco. “Proponen lo mismo. La continuidad de este modelo que nos ha llevado a que el 70% de la población esté en la informalidad”, ha dicho. Y también ha hablado de poner fin “a este modelo económico excluyente y sin futuro”. 
Desde el crecimiento de Julio Guzmán en las encuestas, además, ella y otros voceros del FA han sugerido que, a pesar de su empaque novedoso, él también representaría más de lo mismo.
Barnechea, por su lado, ha señalado: “La gran encuesta es el 10 de abril; esa va a ser la gran discusión entre dos modelos, el de Keiko Fujimori y el de nosotros”. Y también ha sentenciado: “Hay dos modelos en pugna: uno es el fujimorismo, que todos los candidatos han seguido, y el otro es el modelo de cambio que somos nosotros”.
Y en cierto sentido, tienen razón. Si bien la expresión ‘modelo’ puede sonar excesiva –porque hace pensar en una formulación paradigmática, en la que cada una de las partes es perfectamente consistente con el todo, y no en la política económica perforada por intereses sectoriales que hemos tenido a lo largo de estas dos décadas–, es verdad que ha existido una orientación ‘ortodoxa’ en el manejo de las finanzas y un repliegue de la intervención del Estado en la actividad económica.
Una prudencia fiscal y un relativo abandono del controlismo, en suma, cuyas persistencias se explican por el crecimiento económico y la reducción de la pobreza que le han traído al país, y a los que incluso el presente gobierno tuvo que avenirse al cambiar el plan de “La gran transformación” por “La hoja de ruta” en la segunda vuelta del 2011 (una circunstancia que no constituyó traición alguna como los nostálgicos del primer plan pretenden, sino un compromiso para ganar nuevos votantes que tenía que ser respetado). 
 
Es verdad también, por otra parte, que los candidatos presidenciales a los que Mendoza y Barnechea aluden, por diferentes que sean entre sí en distintas materias, en esta están en general de acuerdo. Ninguno quiere extender la actividad empresarial del Estado o entrometerlo –más de lo entrometido que todavía está– en las transacciones entre los privados.
Cogiendo, entonces, el desafío que los dos mencionados aspirantes presidenciales han lanzado, se podría asumir que el modelo económico está yendo también a las urnas este 10 de abril, solo que de un modo casi plebiscitario. Es decir, con un par de candidaturas que expresan la oposición a él y otras cuatro o cinco que representan su aprobación.
Siguiendo la lógica que ellos mismos proponen, en efecto, Mendoza y Barnechea tendrían que estar dispuestos a que sus votos, sumados, sean considerados como una manifestación del respaldo que tiene el modelo más o menos estatista e intervencionista que plantean. Pero, simultáneamente, a que los votos de esos otros candidatos que ellos consideran un mero continuismo de la actual política económica sean también computados como una sola declaración a favor del modelo ‘ortodoxo’.
¿Accederán ellos a que se haga esa aritmética a partir de los resultados de los próximos comicios o tendremos que asumir que el ‘parteaguas’ que hoy trazan retadores es solo un recurso de campaña, respecto del cual comenzarán a tomar distancia no bien empiece el conteo de votos?  
En poco más de un mes lo sabremos, pero mientras tanto será conveniente recordárselos cada vez que repitan la disyunción con la que hoy se promueven, porque la consecuencia de los candidatos con los planteamientos con los que se presentaron originalmente frente al electorado no es un valor deleznable.

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