viernes, 4 de julio de 2014

POLÍTICA NACIONAL

LECTURAS INTERESANTES Nº 619
LIMA PERU            4 JULIO 2014
“Capitán carlos” sabía lo de “capitán arturo”
César Hildebrandt  en “HILDEBRANDT EN SUS TRECE” N° 209, 4JUL14, p. 8
Dice Urresti ("Capitán Arturo") que, al serle propuesto el ministerio del Interior, le habló al presidente Humala ("Capitán Carlos") del caso judicial que lo involucra en el asesinato de Hugo Bustíos, el corresponsal de "Caretas" asesinado el 24 de noviembre de 1988. Sostiene Urresti que Humala no le dio importancia al asunto y que insistió en la propuesta.
Todo encaja y nos lleva a una conclusión de algún modo redundante: la guerra sucia enmugró a buena parte de nuestro ejército. El fujimorismo perfeccionó esa tarea haciendo que el crimen masivo pareciera justicia y la tortura necesidad y la desaparición forzosa atajo.
Un ejército de marxistas lúmpenes desató tal terror que las fuerzas armadas nacionales tornáronse de ocupación en muchas regiones del Perú. Y la mayor parte de las víctimas fueron, claro, serranos, selváticos, pobres del campo y la ciudad. La pobreza era sospechosa, el miedo era sospechoso, la indefinición podía ser condena. Así se pudrió el Perú. Y la tarea la empezó Belaunde Terry, la continuó García y la remató Fujimori. El Pol Pot de Huamanga le tocó la puerta al liberalismo asustado. Y, bien se sabe, cuando el liberalismo se asusta toma el nombre de fascismo.
Esas emanaciones son las que nos llegan ahora. De las tumbas, a lo Vallejo, a lo guerra civil española, salen penas no resueltas, iras intactas, llantos interminables y muertos que nos siguen señalando.
Sendero terminó ensuciándonos y, de algún modo, ganó la guerra apocalíptica que nos declaró. Pregúntense, amables lectores, cuántos valores senderistas circulan por la sangre del Perú actual y de qué modo la violencia delincuencial de hoy no es sino otro seudónimo de la barbarie que Guzmán impuso y convocó.
El bestial Sendero llamó, al final, a Fujimori y Fujimori, el abyecto, terminó la tarea de devastarnos. Desde entonces, no fuimos ni somos un país civilizado. Las hordas de Guzmán, las respuestas de las fuerzas armadas, la destrucción institucional decretada por Fujimori nos alejaron de los más elementales estándares de la democracia. Ahora somos el botín que los viejos encomenderos, mil veces reencarnados, han tomado. Y los políticos son títeres del dinero. El único crecimiento a tenerse en cuenta es el de las cifras del PBI. Por eso tenemos las universidades más ridículas, la televisión más imbécil, los periódicos más gregorianos y la radio más apestosa de América Latina.
Humala, entonces, que tiene sus propios muertos, no podía sino mirar con desdén el expediente judicial de Urresti. Son hermanos de sangre, primos de clandestinidad. Hasta podría decirse que Humala escogió a Urresti por su pasado. Quizá haya pensado: "Un bravo de la guerra antiterrorista podrá derrotar la delincuencia común". Porque lo cierto es que muchos militares aseguran, en privado, equivocadamente, que el terror senderista no habría sido derrotado sin el contraterror de aquellos ejércitos de la noche que mataron a Bustíos y a tantos otros. Resulta, además, que Bustíos investigaba un par de asesinatos cometidos por miembros del ejército vestidos de paisanos y disfrazados "metodológicamente" de senderistas: se ensañaban con sus víctimas, les ponían letreros de "soplones" y, a veces, reventaban los cadáveres con un explosivo. De hecho, al cuerpo de Bustíos lo troncharon con una granada de guerra.
Que Humala no se alarme por la posible implicación de su ministro del Interior en el célebre caso de Bustíos, suena coherente. En Madre Mía saben de qué hablo.
Y que Keiko Fujimori, la heredera sin arrepentimiento del hedor político de su padre, pueda ser presidenta el 2016, también es lógico. Tan lógico como que García, que jamás fue a un juicio habiéndose hecho millonario en el poder y siendo autor intelectual de más de una masacre multitudinaria, lo intente por tercera vez. Sendero puede estar tranquilo: perdió la guerra pero nos envenenó el alma. El Perú de hoy, donde la ley es lo último en lo que se piensa, le debe mucho a Guzmán. Y Urresti es una anécdota más de este legado maldito.


Carlín en LA REPUBLICA 4 de julio 2014
                                                                      

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